Rascacielos TECNOL.
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Tecnología
La palabra española r. es la traducción directa y literal de la expresión inglesa skyscraper, con que se denominó presuntuosamente en Norteamérica a las elevadas edificaciones que, a finales del s. XIX, el progreso de la técnica expuso al asombro y admiración de los ciudadanos norteamericanos y del mundo entero. Lo que caracteriza a los r. no es sólo la altura, ya que anteriormente se habían construido torres altas, sino su carácter de edificios habitables con estructura sustentante en forma de esqueleto (de acero o de hormigón).Los antecedentes estructurales de los r. se remontan a mediados del s. XIX, cuando el arquitecto James Bogardus levantó en Nueva York el edificio de los editores Harper Brothers (1849), simple estructura con esqueleto de hierro y superficies de vidrio. Se había dado el paso estructural; pero su altura no merecía todavía el nombre de r. Fue William Le Baron Jenney quien difundió, en Chicago, la estructura en forma de esqueleto, y él, John W. Root, Daniel Burnham y Louis Sullivan (v.; la llamada escuela de Chicago) fueron los autores de los primeros r. Sin embargo, el edificio que ha quedado en la historia norteamericana como el primer r. moderno es el Montank block de Chicago (1882), obra de John W. Root y Daniel Burnham, el cual, paradójicamente, no se levanta sobre un esqueleto resistente, sino sobre muros de ladrillo, en forma tradicional.Los r. se erigieron primero en Chicago (Sullivan y Dankmar Adler fueron los constructores más famosos), después se prodigaron en Nueva York hasta dar a esta ciudad su deslumbrante silueta tan característica, y, poco a poco, fueron erizando ciudades de todos los continentes. En ellos, la arquitectura y la ingeniería se hermanan, y, en su historia, se siente un progresivo esfuerzo por encontrar una expresión formal adecuada a su estructura; los primeros r. eluden las consecuencias estéticas de su osadía estructural y enmascaran su superficie con apariencias tradicionales; después, el racionalismo (v.) va dando a las estructuras su lenguaje propio.Los r. son signo de una época, y su existencia es manzana de discordia; por una parte, nacen no tanto como consecuencia del progreso técnico, sino como solución al problema urbano de lograr un máximo aprovechamiento del suelo; pero, a su vez, crean los problemas urbanísticos que se desprenden de grandes concentraciones humanas en áreas muy reducidas. Pueden representar para la ciudad un beneficio grande o un quiste maligno, según estén incluidos o no en un prolijo estudio urbanístico total. El material más propio de las estructuras es el acero, que tiene el inconveniente de transmitir todo tipo de vibraciones en toda su extensión. Las estructuras de hormigón exigen un área muy grande en los pilares que han de sostener la gran altura del edificio. La gran proliferación de r. ha hecho que se establezca un pugilato en altura, y edificios que en un momento causan una admiración inmensa caen en el olvido en cuanto aparece otro r. más alto que ellos.Entre los r. que han marcado hitos de celebridad podemos citar el Empire State Building, de 443 m. de altura (1929-32), y el edificio Rockefeller en Estados Unidos. En Europa es famoso el edificio Pirelli de Milán (1961), de 127 m. de altura. En España, el primer edificio que recibió el nombre de r. es el de la Compañía Telefónica de Madrid, cuya estructura está enmascarada por una ornamentación barroca. En contraposición a estos r. urbanos, Le Corbusier (v.) lanzó su idea de hacer edificaciones en altura, aisladas de los cascos ciudadanos, para que sus habitantes puedan disfrutar de una naturaleza íntegra, reduciendo al máximo la ocupación del paisaje.LUIS BOROBIO.
BIBL.: S. GIEDION, Espacio, tiempo y arquitectura, Barcelona 1961, 161-162, 210-213, 404, 773-784.
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