Quijote, el I. Literatura. LIT.
Categoria:
Literatura
1. Estudio técnico-literario. La técnica y "el estilo cervantino es prismático", como ha dicho Américo Castro (Cervantes y los casticismos españoles); constantemente la luz reflejada por el lenguaje empleado en la creación (sobre todo el diálogo que don Q. extiende con pedagogía hacia los demás personajes) ofrece diversos aspectos y planos de la realidad socio-literaria presentada; una especie de ética de esperpento forma y deforma los asuntos según el ritmo vital de la acción quijotesca. Hoy debemos notar que el autor del Q. apócrifo (firmado por Alonso Fernández de Avellaneda) tuviera, en 1614, por obra satírica y no ejemplar la obra de Cervantes (v.); el tiempo ha descubierto la profunda intención y alta conciencia crítica con que está compuesto el verdadero Q., en donde, como decía el mismo Cervantes en el prólogo a la Segunda parte del Q., había "de todo", sátira y ejemplo. Pues la obra está compuesta partiendo de la realidad de España en los primeros años del s. XVII. Don O., cansado de ser hidalgo inútil en aquel tipo de sociedad, a través de la lectura, siente y necesita liberarse de tal situación porque su mente ha llegado a estar en desarmonía con el mundo en torno a él, mundo "conflictivo y vario", como nota A. Castro, y formado de señores, malos letrados, soldados fanfarrones más que valientes, barberos rapadores, eclesiásticos formados en Sigüenza, inquisidores que no aparecen pero que están ahí, cristianos viejos y nuevos, escritores y licenciados fatuos, vulgo ciudadano y campesino, pastores y chusma venteril, bandoleros y cautivos de Berbería, jueces y cuadrilleros, etc. La vida se les presenta siendo y haciéndose para todos, pero actuando como criaturas vivas que intentan siempre imponer su verdad y sus valores en acordado juego. La técnica de Cervantes ha sido, con un lenguaje adecuado, calar en esta realidad y saber y poder proyectarla críticamente en arte narrativo. Así nos explicamos cómo un héroe problemático, don O., se enfrenta a una sociedad dividida y huye por los campos en figura de caballero, en busca de aventuras y nueva verdad; además necesita un nuevo mundo habitable, otro tipo de convivencia porque su inventor se ha dado cuenta que la historia física de España es ya algo degradante, sin lógica universal. Como hombre y obra de su tiempo, Cervantes y don O. representan, de 1600 a 1620, el principio de "tibetanización" que decía Ortega y Gasset y la idea de "edad conflictiva" de A. Castro. El Q. es literatura de "escapismo", de alto sentido de libertad.Fuentes. Cervantes, buen conocedor de la cultura de su época y anterior, entendía, al componer su obra, que estaba haciendo algo nuevo en el arte literario y que las fuentes empleadas habían quedado borradas en la intención del conjunto creado; por esto, añade A. Castro (Los españoles: cómo llegaron a serlo, Madrid 1965, 149) que "los libros de caballerías y el Romancero hicieron posible el Quijote, pero la visión innovadoramente crítica que Cervantes proyectó sobre aquéllos nada les debe". Diluidas y explicadas las fuentes así, entendemos lo que ha dicho S. Gilman (Los inquisidores literarios de Cervantes, "Actas del III Congreso Int. de Hispanistas, México 1970, 3) de que "en la elaboración de esta novela hay un sistemático, consciente y calculado propósito de combinar la invención creadora con la meditación crítica" y que "el Quijote fue escrito en un continuo acto de creación crítica y de crítica creadora. En él, la ficción se fabrica en el mismo proceso de atacar y de destruir la ficción -un proceso negativo y positivo a la vez-", al partir del intento irónico de ridiculizar el pasado literario y la narrativa ya casi olvidada de caballeros fantásticos, pero sacándolos del olvido y justificando su presencia en el arte. Añade Gilman que Cervantes aprovechó "la experiencia de ser el primer novelista del mundo" después de 1605 para, en 1615, recoger los productos de su crítica invención y ofrecer una Segunda parte "por la ruta que lleva de la crítica a la creación y de ésta otra vez a la crítica". Algo semejante a la dinámica de "la palabra escrita", que analizaba A. Castro (Hacia Cervantes), como interacción lingüística que inunda de significado a todos los personajes del libro y a los mismos lectores y críticos, ofreciendo un nuevo alcance dé sociología de la lengua y de la expresión común, al buscar en las novelas de caballerías "el punto más vulnerable de la cultura de masas" (Gilman, art. cit.), para, al fin, criticar y poder equilibrar con la prosa el prestigiosísimo alcance popular que había tomado el teatro de Lope de Vega (v.) y sus seguidores. Por aquí llegó Cervantes a la masa lectora, porque les venía a ofrecer las mismas aventuras y el mismo juego literario que el vulgo estaba aprendiendo a mantener en su magín, aparte, claro está, de intentar valorar la nueva posición estética que la narración ofrecía como arte de ficción abierto y de comunicación, con amplia y serena visión del hombre y de los gustos de su tiempo. Esta nueva técnica era y se sentía diferente, según A. Castro, a la comunicación cerrada que ofrecía Alemán (v.) en su Guzmán de Alfarache, sin aventuras que soñáramos reproducir.El lenguaje. Pocas obras de arte han conseguido el lenguaje y la expresión (el estilo) que les acomoda y corresponde críticamente. La lengua empleada en el Q. explica la obra en su profundidad, al identificarse con la intención y el significado perseguido en el acto de la creación. Cervantes tuvo así que cuidar con especial atención el uso de la palabra y su dimensión, teniendo muy en cuenta la forma de escribir en la época y observando, de novedosa manera, el habla y los actos reflejos que el lenguaje toma a través del diálogo; de la dinámica de este coloquio literario parece ser nació el complejo de la prosa cervantina y la narrativa toda moderna. También se apoyó Cervantes en el prestigio de los otros dos géneros en boga, teatro y poesía, aparte de la novela picaresca (v.); el diálogo había sido vehículo de expresión fundamental en La Celestina (v.) y El Lazarillo (v.). Por otra parte, en el Q. se puede observar una reelaboración de la retórica del púlpito y un hábil manejo de la prosa directa y abierta de los místicos y ascetas. La literatura italiana y la manera de explicar e identificar los personajes novelescos por su habla y sus reacciones lingüísticas son el otro complemento de la expresión cervantina. El concepto artístico de la lengua lo expone el mismo Cervantes así: "Procurad que a la llana, con palabras significantes, honestas y bien colocadas salga vuestra oración y periodo sonoro y festivo, pintando, en todo lo que alcanzárades y fuere posible, vuestra intención". Aquí está toda la rara armónica combinación del Q.Ediciones. La obra pudo andar manuscrita en 1604; en el mismo año obtuvo el privilegio de impresión, el 20 de septiembre, y en enero del siguiente salía a la calle en la Imprenta de Juan de la Cuesta (de la cual se hizo una segunda impresión, según H. Serís), con dedicatoria al duque de Béjar; en el mismo 1605 hay otra edición de Madrid, dos de Lisboa (Rodríguez y Crasbeeck) y las dos de Valencia (Mey); 1607 en Bruselas (Velpius) y en 1608 otra vez en Madrid. En 1615 aparece la Segunda parte (sin la primera) en Juan de la Cuesta, Madrid, dedicada al conde de Lemos; la siguen las ediciones de Valencia (1616) y Lisboa (1617); las dos Partes en Barcelona, 1617, y luego en Madrid 1637, 1647, 1655, 1662, 1668 (2), 1674 y 1704. En Bruselas, 1616 y 1617, y, con el título Vida y Hechos del Ingenioso..., en 1662. La edición de la Real Acad. de la Lengua, 1780, impresa por Ibarra y en Madrid, en cuatro lujosos tomos (con 35 láminas de famosos grabadores), restablecía el primitivo título (El Ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha) y reducía a una las cuatro partes del Q. de 1605. Entre las ediciones comentadas tenemos las clásicas de Pellicer y Clemencín, y las modernas de Rodríguez Marín y Martín de Riquer. Habrán aparecido hasta la fecha aprox. 170 ediciones francesas y 160 inglesas; contamos con 28 ediciones españolas en el s. XVII, 33 en el XVIII y 152 en el s. XIX.Interpretaciones y otros aspectos. Como las fuentes y modelos han sido muy transformados en la composición de esta obra, las dificultades de interpretación han ido tomando, con el tiempo, el lugar privilegiado para ser objeto de la crítica; sin embargo es necesario mirar a la literatura italiana de los s. XV y XVI para encontrar en Boiardo (v.), Pulci (v.) y Ariosto (v.) los ideales más afines de invención; desde aquí Cervantes pudo hallar la doble vertiente poética que dio a los conceptos de verosimilitud y ejemplaridad, como armazón y conjunto de toda su obra.Conforme se ha ido conociendo la historia de los españoles del Siglo de Oro (v.), el Q. se ha entendido mejor y ha asegurado una estética española de calidad especial. Con todo, es libro que sigue y seguirá originando interpretaciones varias en la crítica y en los lectores porque la técnica prismática que decíamos produce diversos planos y reflejos de la realidad observada. Y esto, hasta tal punto, que el entendimiento del libro puede depender de la actitud mental del lector y su formación y cultura, lo cual ha llevado a decir a A. Castro que en el Q. "la riqueza de sentidos es inherente a la estructura" que lo soporta, y que es necesario entender que "Cervantes -un auténtico cristiano- perteneciera a la casta de cristianos nuevos" (Cervantes y los casticismos españoles). Así se puede explicar el "todo" de la obra, la estructura interior y paródica que envuelve los temas que la forman, desde la enseñanza de Erasmo (v.), la cultura libresca yla experiencia personal, hasta la visión profunda de la realidad inmediata y el mensaje esperpéntico de cómo viven, piensan y se entienden los españoles.2. Significado y valoración estética. Obra universal de la literatura, se ha traducido a todos los idiomas más importantes, con versión al latín, otras lenguas y dialectos (casi a 50 en total; las primeras traducciones, al inglés y francés, datan de 1612 y 1614). Se considera la obra más editada de la literatura, aparte de la Biblia. Además es libro famoso en la música (v. ii) y pintura por las interpretaciones recibidas. Novela leída durante todas las épocas, su significado ha ido variando y perfeccionándose con el tiempo, según los movimientos estéticos que le ha tocado vivir, consiguiendo difícil e insospechado alcance crítico para el hombre de hoy. Empezó siendo el experimento de una nueva manera de novelar que, después de 350 años, ha seguido de moda en la concepción del arte literario; al mismo tiempo, se han ido sintiendo en él el espíritu histórico del barroco, la caricatura del héroe neoclásico, también se ha visto como víctima romántica y, luego, como distanciación naturalista, para terminar, con el presente siglo, en una dimensión existencial y sociológica. Sin embargo, es creación propia de su tiempo, aunque su significado pueda, siempre, vivir combinado con el futuro; su experimentación estética no es otra que el producto manierista de fines del s. XVI y principios del XVII (V. MANIERISMO).El Q. de 1605 consta de 52 capítulos, agrupados en cuatro partes en la edición príncipe; el de 1615, de 74, sin división alguna; Cervantes entonces tenía 57 y 67 años, respectivamente. Su fama originó, en 1614, la aparición del Q. apócrifo de Avellaneda. El Q., como expresión (estilo y lenguaje), tomó su base en lo ideal y descriptivo de la novela pastoril, mientras que de la prosa religiosa tomaba el concepto de la lengua castellana y su dialéctica, y de La Celestina y Lazarillo la función del diálogo, mezclando fuentes italianas y la forma de Diálogos de Erasmo. La estructura paródica del Q., respecto de los libros de caballerías (v.), lleva, además, a considerar otros problemas de la época, desde los gustos hasta las circunstancias y reflejos producidos por la crisis espiritual de la división del mundo cristiano.Los desasosiegos y tristezas, las desilusiones y triunfos encantados de don O., le marcan su signo plural; las cuatro formas de ser y parecer que es y aparenta ser el hidalgo producen otras tantas formas de vivir y pensar; así, este héroe se puede proyectar como cuerdo, como loco, como loco cuerdo y como cuerdo loco, de acuerdo siempre al propio dictado del alma; esta libertad del ser de don O. es algo nuevo en la literatura y, como ha dicho A. Castro, la primera vez que un personaje se hace, y va haciéndose, desde dentro, escuchando sólo a su interior y personificando su comportamiento. Cervantes, parapetado en aparentes contradicciones, colocaba a su héroe en una situación de privilegio, estética y humana, para comentar todos sus ideales literarios y transformar en nuevas dimensiones lo entendido en las creaciones del Boiardo y Ariosto, lo pensado del Cortesano de Castiglione (v.) y lo intuido en el caballero cristiano de Erasmo (en el Enchiridion). De todo ello obtiene desconocidos límites del concepto de verosimilitud y libertad artística, superando el punto de vista aristotélico por un vitalismo platónico que le permitía desdoblar y dar sombras a sus personajes, de tal manera que pudieran ser héroes naturales y literarios a la vez. Lo cómico y lo heroico se combinaron simultáneamente en don O. y Sancho, quijotizándose éste y sanchificándose el primero. Por debajo latía la cultura italianizante de Cervantes, que dictaba temas de filosofía renacentista venidos de Lorenzo Valla (ca. 1407-57) y otros: la naturaleza es bella por su variedad, las dimensiones del `ser’ y ,parecer’, la doctrina del error, de la armonía y del acierto, los principios de la duda.Cervantes obtuvo los personajes del Q. de la vida misma, sobre todo su figura central, posiblemente originada en algún ser, conocido donde fuere, de nombre Quesada, Quijada o Quejana, viejo hidalgo cansado de leer ficciones heroicas; Sancho, cristiano viejo y figura de donaire, era más difícil de imaginar aun dados sus comunes y repetidos caracteres vitales. La universalización de personas españolas se consiguió proyectando historia, época, espacio y lugar de la narración, lejos de referencias inmediatas y al lado de la dimensión social y costumbrista que entonces pedía la literatura del "para todos", imponiéndose la nueva manera de novelar como una evidencia, porque la comunicación estética participaba de una visión popular de los héroes literarios que hasta entonces sólo había sido cortesana y aristócrata.Eminentes críticos han asegurado que la locura y sus formas son temas fundamentales en el Q., porque explican la intención plural de su autor, desde la parodia a la ambigüedad. Para A. Castro, la locura "es vehículo para cierta idea del vivir humano" y "tornará contenido de vida lo que antes era una exterioridad desarticulada del proceso vital de un ser" (Hacia Cervantes); para Ortega y Gasset esta locura "es un equívoco", y algo teatral, para el lector que va sumiéndose en la obra y en la confusión de su humor. Al mismo tiempo, Cervantes objetiva su propia creación al decir que "para mí nació don Quijote, y yo para él; él supo obrar y yo escribir; sólo los dos somos para en uno" (11,73). Tales actitudes, en autor y críticos, nos aseguran la tesis de que el Q. es la personificación profunda, abisal, de creador y obra, al reflejarse en un mundo vario y dictado por la conciencia fatalista de don Q., "porque andan entre nosotros siempre una caterva de encantadores que todas nuestras cosas mudan y truecan, y las vuelven según su gusto y según tienen la gana de favorecernos o destruirnos; así eso que a ti te parece bacía de barbero me parece a mí yelmo de Mambrino, y a otro le parecerá otra cosa" (1,25). Tal quijotización, sanchificación y cervantización ayudan a decir a Ortega y Gasset que es la primera novela integral de la literatura. Las ideas se han mezclado con la expresión y en conjunto han conseguido tan misterioso estilo. De una manera u otra, la forma interior y exterior del Q. han influido en lo más granado de la literatura mundial; en Francia, después de Lesage (v.), pasa al romanticismo y llega a impregnar a Stendhal (v.), Flaubert (v.), Balzac (v.) y escritores del s. xx; en Inglaterra Coleridge (v.), Fielding (v.), Richardson (v.), el adaptador Smollett (172171) y Dickens (v.); en Alemania, después del esteta Schelling (v.), hay una corriente de influencia que va de Goethe (v.) a Mann (v.); en Rusia era bien conocido de Turgeniev (v.), Dostoievski (v.) y León Tolstoi (v.). En la literatura italiana y portuguesa dejó profundas huellas; y en la cultura hispanoamericana siempre ha sido la mejor lectura y modelo desde Fernández de Lizardi (v.) a Güiraldes (v.), pasando por todo el movimiento presente hasta García Márquez (v.).En la literatura española, hay que mencionar además las recreaciones, versiones, interpretaciones, etc., en que don Q. es objeto y tema, de Guillén de Castro (v.) a Valera (v.), Unamuno (v.) o Azorín (v.), y su papel representativo en movimientos como la generación del 98 (v.).V. t.: CERVANTES SAAVEDRA, MIGUEL DE.E. RODRÍGUEZ CEPEDA.
BIBL.: Ediciones: de F. RODRíGUEZ MARÍN, 8 vol. Madrid 1911-13 (ed. definitiva y póstuma, 10 vol. Madrid 1947-49); R. SCHEVILL y A. BONILLA, 4 vol. Madrid 1914-16; M. DE RIQUER, Barcelona 1962; ed. ilustrada, con pról. de M. MORNIGO, Buenos Aires 1969. Crítica: A. CASTRO, El pensamiento de Cervantes, Madrid 1971; íD, Hacia Cervantes, Madrid 1967; íD, Cervantes y los casticismos españoles, Madrid 1967; J. CASALDUERO, Sentido y forma del Quijote, Madrid 1966; H. HATZPELD, El Quijote como obra de arte del lenguaje, Madrid 1966; S. DE MADARIAGA, Guía del lector del Quijote, Buenos Aires 1950; R. MENÉNDEZ PIDAL, Un aspecto de la elaboración del Quijote, en De Cervantes y Lope de Vega, Madrid 1940; J. ORTEGA Y GASSET, Meditaciones del Quijote, Madrid 1912; D. ALONSO, Sancho-Quijote; SanchoSancho, en Del siglo de Oro a este siglo de siglas, Madrid 1968; A. ALONSO, Don Quijote, no asceta, pero ejemplar caballero cristiano, en Materia y forma en poesía, Madrid 1955; J. J. BERTRAND, El nacimiento de la obra de arte, "Anales Cervantinos" VI (1956). Bibliografía: H. SERÍS, La colección cervantina de la Sociedad Hispánica de América. Ediciones de Don Quijote, Urbana (Illinois) 1918; L. RIUs, Bibliografía crítica de las obras de Miguel de Cervantes, Madrid 1895-1904; G. M. DEL Río Y Rico, Catálogo bibliográfico de la Sección de Cervantes de la Biblioteca Nacional, Madrid 1930; A. SÁNCHEZ, Cervantes: bibliografía fundamental (1900-59), Madrid 1961; 1. SuÑÉ BENAGES y 1. SUÑÉ FONBUENA, Bibliografía crítica de las ediciones del Quijote impresas desde 1605 hasta 1917, Barcelona 1917.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.