Quechuas I. Historia. HIST.
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Historia
Se comprende bajo este término la población indígena de los Andes que hoy habla alguno de los dialectos de la lengua q. o runa-simi (v. II). A la llegada de los españoles, estos indios formaban parte del Imperio de los incas (v.), a quienes se debe la gran expansión de esta lengua. La gran masa de la población quechua pertenece al Perú con una cifra superior a 3.200.000 individuos, que constituyen mayoría en los departamentos del centro y Sur del país, principalmente Cuzco, Ayacucho, Puno, Ancash, Apurímac, Huancavelica y Junín. En Bolivia, los q. superan la cifra de 1.500.000 y viven en los departamentos de Potosí, Cochabamba, Chuquisaca y, en menor número, en Oruro, La Paz y otros. También se habla el q. en Ecuador. Algunas características físicas de estos indios son la braquicefalia, estatura baja, amplio perímetro torácico, piel olivaceopardusca, cabello largo, liso y grueso, y sentidos agudos.De la conquista al siglo XX. Tras la espectacular victoria de F. Pizarro (v.) se inició en Perú la sustitución del sistema incaico por el español. Los cambios fueron especialmente rápidos y radicales en los niveles más altos de la jerarquía indígena, y en determinados aspectos de su sociedad y cultura, como lo prueba la inmediata abolición de los cargos superiores, de la clase sacerdotal y del culto. La resistencia armada se prolongó durante 40 años, encarnada en el llamado Imperio neo-inca, aniquilado definitivamente en 1572. Los intereses económicos de España en capítulos como la minería y su programa de evangelización y adaptación del indio a nuevos modos de vida produjeron también grandes alteraciones en los medios rurales. Instituciones como el repartimiento (v.), la encomienda y la mita (v.) dieron lugar a traslados de población, a la aparición de nuevas o más intensas formas de trabajo y servicio, y a la pérdida de tierras. Pese a una legislación especial dirigida a proteger a los indios, los abusos fueron numerosos y graves, y en ellos participaron también las autoridades indias que la corona mantuvo como intermediarias con la sociedad indígena a la que debían defender.La labor misionera y la aceptación, según la peculiar interpretación de los indios, de la nueva fe, no significó la desaparición de sus creencias dentro del ámbito de las comunidades y de las familias. Otros muchos aspectos de la sociedad y cultura de los q. lograron también sobrevivir gracias, en gran parte, a la cohesión social que la religión y las cofradías brindaron a las comunidades. En el s. XVIII fueron numerosos los intentos de rebelión de la población q., que dirigía sus ataques más contra las autoridades españolas inmediatas que contra la corona y la Iglesia. Tupac Amaru fue la figura más notable de estos movimientos. En 1821 se proclamó la independencia del Perú y se introdujo el régimen republicano. Este hecho no mejoró la situación de los q., porque durante mucho tiempo se mantuvieron los sistemas de trabajo y tributo tan onerosos para los indios. La pérdida de tierras y la disminución de su rentabilidad se acentuaron durante el s. XIX ante la competencia de las grandes haciendas que surgieron en ese tiempo. Los párrafos que siguen presentan una visión general de la sociedad y cultura de los q. tal como llegaron hasta nuestro siglo; debe advertirse que las diferencias socioculturales que existen dentro de esta amplia población y los desiguales cambios producidos en los últimos años hacen imposible que tal visión sea válida en todos sus puntos para todas las regiones y para todos los indios. El otro gran grupo indígena de los Andes centrales es el aymará (v.), cuya cultura y situación actual presentan muchos puntos comunes con los q.Organización económica. Los q. que permanecen en el altiplano viven de su propia tierra, siempre insuficiente, o trabajan en las grandes haciendas. Los primeros constituyen la población de las comunidades indígenas, en donde la cultura tradicional se conserva más viva. En cualquier caso, la agricultura es para los q. su actividad principal, y en segundo lugar figura la explotación de sus rebaños de llamas, alpacas y ovejas. La tierra se cultiva con instrumentos y métodos muy rudimentarios que mantienen la producción con índices muy bajos. Cultivan patatas, maíz, cebada, trigo, quinoa, cañahua, oca y otros frutos indígenas. En las haciendas se cría ganado o se explotan cosechas comerciales como caña de azúcar y algodón. El cultivo sigue un sistema de rotación, que incluye un periodo de descanso para la tierra. Es norma en las faenas agrícolas la cooperación sobre la base de retribuir cada individuo exactamente la misma ayuda que recibió. Las tierras comunales han quedado prácticamente reducidas a los terrenos de pasto que la creciente población convierte paulatinamente también en tierras de labor. Los límites de la propiedad individual, generalmente repartida en varios lotes independientes, se confirman cada año en ceremonia oficial, y los conflictos sobre tenencia de la tierra son frecuentes.Las manufacturas q. son muy diversas, aunque algunas están muy localizadas. Destacan el tejido, la cordelería y la fabricación de sombreros. Hombres, mujeres y niños hilan la lana de la llama, la alpaca, la vicuña y la oveja; para tejer utilizan diversos tipos de telar, entre ellos el antiguo de cinturón. Los productos agrícolas se dedican en primer lugar al consumo familiar, y el resto se cambia o se vende para adquirir otros productos como sal, coca, alcohol y objetos manufacturados. El comercio de alimentos y de manufacturas se realiza en los lugares y días fijados para mercado; también hay indios dedicados exclusivamente a esta actividad que recorren grandes distancias y cumplen además en sus desplazamientos con la misión de transmitir noticias e ideas en un área donde las comunidades viven habitualmente aisladas. El vestido varía de una región a otra, y las prendas que en un lugar son típicas de la población india pueden ser en otra características de la población mestiza y viceversa. El hombre lleva pantalón largo o hasta la rodilla, camisa, chaleco sin manga a modo de chaqueta, y algún tipo de gorro o sombrero. Prendas femeninas son la blusa, las faldas puestas una sobre otra, y el sombrero hongo. Tanto el hombre como la mujer se cubren con ponchos y mantas.Organización sociopolítica. Los q. están organizados en comunidades constituidas por varias familias extensas que ocupan una aldea o viven en casas desparramadas por sus tierras. La mayor parte de estas comunidades tienen su origen en la época española y se corresponden generalmente con el ayllu, organización prehispánica constituida por todos los hombres que viven en cierto territorio considerado propiedad del ayllu (v. INCAS I). Cada aldea tiene un jefe que recibe el título de alcalde y es nombrado por el gobernador del distrito; los candidatos para éste y otros cargos inferiores son presentados al gobernador por la propia comunidad.Las relaciones entre comunidades se reducen a ciertas obligaciones mutuas entre parientes que viven en comunidades distintas, o a la celebración de algunas fiestas pero ningún sentimiento de grupo les une. La familia es una unidad social y económica formada por una o varias parejas de abuelos, sus hijos y los hijos de éstos. El tamaño de esta familia extensa está limitado por la cantidad de tierra disponible, lo que obliga a algunos miembros a buscar nueva residencia al casarse. La propiedad de la tierra está investida en el jefe de la familia, que la distribuye entre sus miembros; su autoridad alcanza también a la esfera religiosa, y cualquiera de los cargos o dignidades de la comunidad religiosa pertenecen siempre a individuos que son jefes de familia. El matrimonio se celebra preferentemente entre miembros de una misma comunidad; la pareja se une con carácter de prueba y, más tarde, la unión se hace permanente con la celebración del matrimonio civil y eclesiástico. Son importantes las relaciones entre el padrino de bautismo y su ahijado.Creencias. La religión actual de los q. es el producto, ciertamente no muy elaborado, del encuentro de la religión católica con las creencias indígenas que sobrevivieron a la conquista. Esta religión se manifiesta al nivel de la comunidad y, más aún, de la familia y del individuo. El mundo sobrenatural de los q. lo compone un gran número de seres clasificados en deidades y espíritus; Dios se encuentra entre los primeros, pero no tiene la consideración de ser supremo, y sus relaciones con Cristo y el Sol son confusas y contradictorias. Los espíritus son buenos o malos, y el hombre puede manipularlos para obtener sus favores o impedir su acción malévola. Las almas de los muertos son siempre espíritus buenos que vuelven todos los años a la tierra el 2 de noviembre, fecha dedicada a los fieles difuntos en el calendario católico. La prosperidad de la cosecha y del ganado se hace depender grandemente de ceremonias y actos enmarcados en el complejo de sus creencias nativas y cristianas. Son muy frecuentes los sacrificios ofrecidos a las deidades, entre ellas Pacha-mama, la madre Tierra identificada con la Virgen María.A lo largo del año se celebran muchas fiestas en conexión con algún santo o misterio católicos; tales celebraciones se realizan con bastante independencia de la Iglesia, y su organización y financiación se hacen a través de un sistema de cargos perfectamente escalonados. El individuo designado para ocupar un cargo no puede rechazarlo, aunque a veces las obligaciones inherentes pueden llevarle a la ruina. Esta organización religiosa trasciende hasta la esfera política, pues la dignidad de alcalde, p. ej., sólo puede recaer en los individuos que han desempeñado los más altos cargos religiosos. Creen que las enfermedades son causadas por espíritus, y su diagnóstico y curación corren a cargo de especialistas, que son al mismo tiempo adivinadores y hechiceros que reciben pago por su actuación y gozan de gran prestigio en su comunidad; éstos y otros dirigentes naturales están muy por encima de los jefes políticos, siempre dependientes en mayor o menor grado de las autoridades nacionales.Conclusiones. Solamente en Perú existen hoy más de 5.000 comunidades indígenas, la mayoría de lengua quechua. La vida de estos indios es dura y miserable, porque los recursos en los Andes son muy limitados, y la explotación del indio en las haciendas de la sierra o de la costa es fenómeno general. Entre los problemas más graves de esta población se cuentan el monolingüismo y el analfabetismo, la dieta insuficiente y las enfermedades; en estrecha relación con todo esto está el problema del cocaísmo o masticación sistemática de hojas de coca para acallar el hambre y aumentar la resistencia a la fatiga, a costa de la salud del individuo. Ante el incremento de las dificultades, la reacción más frecuente de las comunidades ha sido encerrarse más en sí mismas y desarrollar una fuerte resistencia al cambio como medida defensiva; su respuesta a la disminución de recursos por aumento de población u otras causas ha sido reducir a un nivel todavía más bajo la satisfacción de sus necesidades. Es evidente que cualquier programa en favor de esta población ha de tener en cuenta los factores históricos y socioculturales que operan sobre ella y, en este sentido, deben destacarse los esfuerzos del movimiento indigenista y de diversas instituciones oficiales, religiosas y privadas (v. INDIGENISMO I). Un arma muy efectiva en esta lucha podría ser el aprovechamiento de los valores reales que posee la comunidad indígena, especialmente apta para el desarrollo de cooperativas y otros proyectos que exigen la franca colaboración de todo un grupo, pero, en el mejor de los casos, esta población parece condenada todavía por mucho tiempo a la pobreza y la explotación.ALFREDO JIMÉNEZ.
BIBL.: G. KUBLER, The Quechua in the Colonial World, en Handbook of South American Indians, 2, Washington 1946, 331410; B. MISHKIN, The Contemporary Quechua, en Handbook of South American Indians, 2, Washington 1946, 411-476 (versión española en "Rev. del Museo Nacional" XXIX, Lima 1960, 160221; J. H. ROWE, The Incas under Spanish Colonial Institutions, "Hispanic American Historical Rev." XXXVII, 2, Durham (Carolina del Norte) 1957, 155-199; como complemento y contrapeso al título anterior, G. LOHMANN VILLENA, El gobierno de los naturales en el Perú hasta la creación de los corregidores de indios, 1535-65, "Estudios Americanos" XII,61, Sevilla 1956, 201-221; J. H. STEWARD y L. C. FAROLA, Native Peoples of South América, Nueva York 1959, 142-173; A. METRAux, Les Incas, París 1962 (especialmente los tres últimos capítulos); fD, Los incas del siglo XX, "Cuadernos" 74, París 1963, 3-6; L. PERICOT GARCíA, América indígena, 2 ed. Barcelona 1961, 847-853; J. MATOS y OTROS, Las actuales comunidades de indígenas: Huarochirí en 1955, Lima 1958.
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