Oceania V. Religiones No Cristianas. REL. NO CRIST.
Categoria:
Religión No Cristiana
Las creencias religiosas de los aborígenes oceánicos pueden estudiarse en términos generales enmarcados en las distintas áreas culturales y geográficas (no nos referiremos aquí a las creencias de los primitivos australianos, por haber sido tratadas en otro lugar: v. AUSTRALIA III y VI). Quedan áreas sobre las que no se poseen datos o estudios suficientes, como, p. ej., las de las zonas interiores de Nueva Guinea; mejor conocidas, en cambio, -son las manifestaciones religiosas de los grupos costeros e isleños. Se puede precisar una mayor diversidad en ritos y creencias entre los pueblos melanesios (v. MELANESIA II), dentro de una generalización de elementos totemistas y agrícolas, frente a la depurada expresión de las cosmogonías de los polinesios (v. POLINESIA II), si bien en ambos grupos las prácticas mágico-religiosas desempeñan un papel importante en la vida cotidiana, vinculándose las creencias espirituales a la vida económica y social.Nueva Guinea. En esta región se tiene noción de tres órdenes de divinidades: los espíritus supremos o divinidades creadoras y ordenadoras, los espíritus de la Naturaleza, y los espíritus de los muertos. Los primeros reciben un culto a cargo de los iniciados en las sociedades secretas masculinas; las ceremonias se realizan con ocasión de las iniciaciones y festividades anuales, en las que está presente la preocupación por la fecundidad, celebrándose el culto exclusivamente en los lugares sagrados, o sea, en la casa- de los hombres o en la plaza sagrada. La finalidad de este culto es garantizar el orden establecido por las divinidades ordenadoras y creadoras y garantizar la existencia del clan. Los espíritus de la Naturaleza (de los bosques y de los valles), son considerados múltiples y variados, invisibles, pero que pueden tomar el aspecto de un animal, suelen ser malignos y peligrosos y producen tempestades, huracanes y otras calamidades. Se les ofrenda un culto de carácter individual y preventivo.Pero el aspecto religioso más destacado de los primitivos pobladores de Nueva Guinea (v.) gira en torno a las creencias y el culto a los espíritus de los muertos, siendo muy solemnes y variados los ritos funerarios. Muy frecuente es la separación del cráneo del cuerpo en casi todas las tribus, y a veces los cráneos se modelan con resina y arcilla y se conservan en las casas masculinas donde reciben culto; la conservación de cráneos está relacionada con el culto a los espíritus de los muertos y la difusión de este hecho en la mayor parte de Melanesia hace pensar que sea un elemento cultural del sustrato racial más ántiguo (v. CRÁNEO, CULTO AL). El culto a los espíritus de los difuntos y de los antepasados tiene su origen en la idea de la supervivencia del alma (v. DIFUNTOS I; ESPÍRITU II). Desempeña también un gran papel la hechicería y las prácticas mágicas que se encuentran relacionadas con la creencia de fuerzas ocultas no bien definidas y ambivalentes (v. MAGIA), vinculándose a estas creencias la caza de cabezas y el canibalismo (v. ANTROPOFAGIA).Melanesia. Igualmente desempeña un importante pap el culto a los antepasados divinizados, relacionándose mayoría de los aspectos religiosos y mágicos con los ex¡ tentes en Nueva Guinea. En las manifestaciones mágic religiosas es esencial el concepto de mana, palabra q sirve para designar una fuerza a la que se atribuye cap cidad de producir todo lo que se encuentra fuera de las posibilidades normales del hombre y de los procesos la Naturaleza (v. MANISMO). Los antiguos melanesios pie san que el mana se encuentra en el espacio vital, se as cia a personas y a cosas y se manifiesta por hechos q no pueden atribuirse más que a su mediación. El man lo poseen en general todos los espíritus, las almas los difuntos, y a veces los hombres vivos. Los objetos in nimados poseen mana en virtud de analogías formal con otros elementos; los huesos de los muertos tienen man porque el espíritu permanece vinculado a estos resto y los seres humanos poseen mana, si ejercen un pode político o social, si salen victoriosos de un combate, etc...Polinesia. Las creencias religiosas polinésicas está constituidas por un politeísmo naturalista que forma u panteón en cuyo vértice se encuentran tres dioses may res que reciben distintas denominaciones y poseen dif rentes atributos en cada uno de los archipiélagos, per que suelen identificarse como divinidades del sol yla fuerza, el creador de los hombres, el dios de la gu rra, el dios de la paz y de los cultivos, etc.; existe e esa triada una jerarquía variable según las distintas área El origen de estos dioses mayores se encuentra explicad en las cosmogonías polinésicas sobre la creación, de gra belleza y complejidad, donde se contiene una serie de r latos cuya estructura recuerda a las elaboradas en
mundo griego: Se hace una enumeración de las primera entidades que tuvieron su origen en la formación de Universo, como el Caos, la Oscuridad, el Deseo. Existe progenitores ancestrales que son el Cielo y la Tierra; su hijos, al rebelarse contra ellos, constituyen las primera divinidades de las que han de surgir los demás dioses los hombres y los seres vivos. En un estadio menor s colocan otras divinidades vinculadas a algún lugar protectoras específicas de determinadas familias o grupos, ocupando también el puesto de divinidades secunda rias los héroes míticos.
El culto de los dioses superiores se desarrollaba en lo lugares sagrados (marae), en cuya entrada se colocab la imagen de la divinidad, siendo dirigidas las cerem nias por los sacerdotes. Entre las funciones de los sace dotes figuraba la conservación y la transmisión de la hazañas de los antepasados y la conservación de las g nealogías. Como acto de culto se daban los sacrificios a veces, humanos, y también ritos canibalescos. El cult a las divinidades menores corría a cargo de entidades lo cales, y se solían considerar falsos los dioses venerado por otros grupos, corrientemente enemigos.De gran importancia social y religiosa era la noción d tabú (v.) derivado del mana existente en los jefes sacerdotes; la declaración de tabú sobre cualquier objet lo hacía quedar fuera del contacto o apropiación de la personas desprovistas de mana. El quebrantamiento de tabú podía provocar la enfermedad o la muerte, no sól del infractor, sino de todo el grupo.Micronesia. Las, creencias religiosas de Micronesia está influidas por elementos de origen melanesio y polinesio desempeña también importante papel el culto a los ante pasados. Existen creencias sobre dioses de carácter natu ralístico, entre los que se encuentra la figura de una di vinidad principal, increada, que vive en la parte más alta eldel cielo y que en algunas versiones mitológicas aparececomo creador de la luna, las estrellas y el sol, y como juez de las faltas cometidas por los hombres contra las divinidades locales o infracciones del tabú. A veces esta ue divinidad principal toma figura femenina; existen tres hijos de esta divinidad que reinan respectivamente en el mundo superior, en el infernal, y en la tierra, siendo este último dios de carácter femenino. Junto a estas divinida des existen dioses menores, de los bosques, del agua, de las grutas, etc.; frecuentemente, son héroes culturales diue vinizados. El culto se polariza en torno a los espíritus de los antepasados, que pueden ser benéficos y ayudar a los vivos, pero que también pueden hacer daño, por lo que se les ofrendan sacrificios y libaciones; dirige el ritual el jefe del grupo. La noción del tabú y las prácticas de magia, en especial de carácter adivinatorio completan el panorama de las formas religiosas de Micronesia (v.). Modernamente y por influencia de elementos de cultura c. occidental se han producido fenómenos de sincretismo religioso, y nuevos cultos y creencias, singularmente en el área de Melanesia y sobre todo en Nueva Guinea.V. t.: AUSTRALIA VI.
J. P. GARRIDO ROIZ.
BIBL.: R. BIASUTTI, Le Razze e i Popoli della Terra, IV, 4 ed. O Turín 1967; J. GUIART, Les religions de 1’Océanie, París 1962 de (contiene amplia bibl. sobre el tema); H. WEBSTER, Le tabou, e- París 19$2; P. TAccHI VENTURI y G. CASTELLANI (dir.), Storia delle religioni, I, 6 ed., Turín 1971.
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