Nattier, Jean-marc
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Biografía GER
Pintor francés del s. XVIII. N. en París el 17 mar. 1685, y m. en la misma ciudad el 7 nov. 1766. Hijo de un pintor parisino, dibujó primero para grabadores, reproduciendo las grandes composiciones decorativas de Rubens en el Luxemburgo y de Le Brun en Versalles. Luego, llamado en 1715 por Pedro el Grande cuando el Zar estaba en Amsterdam, pintó para él retratos y cuadros de batallas. De vuelta a Francia, arruinado por la quiebra del banquero Larr, conquista rápidamente una clientela aristocrática, sobre todo femenina, a la cual supo complacer, embelleciéndola y trasformando el retrato en cuadro de género, con muchos accesorios y el frecuente uso del disfraz mitológico: Clermont, como ninfa tutelar de las aguas termales (en Chantilly), la Duquesa de -Orleáns como Hebé, echando néctar a los dioses (también en Chantilly), Lambesc, como Minerva, dando armas a su joven hermano (Louvre). Su fama alcanza el cenit entre 1730 y 1745: se convierte entonces en el retratista habitual de la familia real; pinta varias veces a la reina María Leczinska, a "Mesdames" sus hijas adolescentes Madame Adelaida como Flora (Louvre), Madame Henriette como Diana (Versalles), como Vestala (Louvre), o tocando la viola, sin perjuicio de retratar también a la primera favorita del rey, la Duquesa de Cháteauroux, de diosa del alba, con la estrella brillando en su cabeza, o más tarde a la Pompadour.Pero con la evolución de mediados del siglo hacia un estilo menos decorativo, más sencillo y nervioso, N. pasó rápidamente de moda y murió casi olvidado. Hoy conserva cierta seducción por la delicadeza de un colorido fresco y ligero con la nota preferente de esos azules claros llamados bleu Nattier. Pero la mayor parte de sus modelos -muñecas algo lánguidas de mejillas rosadas y eterna sonrisa- nos parecen, aunque con más gracia, tan convencionales y sofisticadas como las de su antecesor Mignard (v.). Puede ser, sin embargo, un excelente retratista en obras más directamente inspiradas de la vida cotidiana, como el Retrato de su mujer tocando el clave, rodeada de sus hijos (Versalles), el de Mme. d’Antin (museo Iacquemart André), o el de la misma reina en la intimidad, que parece una burguesa, distinguida (Versalles), aunque no profundiza nunca en el carácter del modelo. La Tour (v.) ante todo, pero también Perronneau, Aved, Tocqué (el propio yerno de N.) reflejan mucho mejor que él el espíritu del s. XVIII en el retrato.PAUL GUINARD.
BIBL.: P. DE NOLHAc, Nattier, París 1910.
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