Ladinos
Categoria:
Cultura
Es un término, equivalente a latinum, de múltiples aplicaciones y con variados matices, si bien en todas ellas se refiere, de una manera más o menos directa y concreta, a un hecho o situación cultural y lingüística. Bajo este punto de vista, y en América, inicialmente se dio el calificativo de 1. a los indios y negros que se habían cristianizado y hablaban el castellano. Posteriormente, esta denominación se ha aplicado a todos los pobladores que por su lengua, formas de vida, usos y costumbres se consideran incorporados a la cultura hispánica. Se refiere, pues, a un proceso de mestización cultural distinto a las mezclas y diferenciaciones de tipo racial. Actualmente, en México y Centroamérica, es un concepto que se atribuye, de manera indistinta, a las poblaciones no indias.La ladinización de los pueblos no europeos en Iberoamérica constituye un proceso cultural iniciado desde los primeros momentos del descubrimiento del Nuevo Mundo y que en la actualidad no ha perdido vigencia. Las situaciones, formas y métodos han podido cambiar en el trascurso del tiempo, pero siempre han obedecido a unos programas de acción política, económica y social consecuentes a la realidad de la presencia, numerosa y activa, de tres grandes grupos raciales en las tierras americanas: la amerindia, europea y africana. La obligada convivencia de dichas tres razas y el predominio cultural de la blanca constituyen la base de la ladinización que, indudablemente, ha formado parte y se ha dado de una forma paralela con el mestizaje racial y ha seguido las vicisitudes de la colonización iberoamericana primero, de la formación de las nacionalidades después, del actual proceso integrador en lo económico, social y político, de las diversas Repúblicas del continente americano.Si el concepto 1. se aplicó en principio al indio cristianizado y conocedor de la lengua castellana, este hecho se dio en América desde los primeros tiempos teniendo en cuenta el criterio evangelizador de los españoles, la necesidad de intérpretes, las relaciones sexuales entre indias y castellanos, la utilización de los indígenas para los trabajos. Pero esta tarea de culturación hispánica, por las necesidades y circunstancias apuntadas, también se vio favorecida por la política indiana de la corona de Castilla, si bien se puede constatar en este aspecto que no siempre se dio una adecuada coordinación en los propósitos y en la continuidad de los mismos. Para las autoridades metropolitanas, no sería fácil compaginar los intereses económicos y políticos concernientes a las dos repúblicas, la de los españoles y la de los indios, con unos supuestos religiosos y jurídicos por los que los indígenas, una vez cristianizados, eran hombres iguales a los españoles tanto en el orden divino como en el humano. Por otra parte, la comunicación entre ambos grupos era necesaria, pero el dominio de los pueblos conquistados, los intereses particulares de los colonizadores, entre otros muchos factores y circunstancias, hicieron problemáticas las directrices a seguir, cuando no anularon su eficacia. Porque, sobre ellas, se fueron imponiendo las realidades humanas actuantes en aquel mundo: la realidad del mestizaje biológico en progresivo crecimiento numérico y con variedad de matices; la incorporación de buen grado, por necesidad o forzosamente, de los amerindios y de los negros a las formas culturales de los europeos dominadores.La política oficial indiana respecto de la aculturación en Iberoamérica tuvo un fundamental apoyo en la evangelización. Fue a través de los misioneros como se llevó a cabo de una forma programada y continua la incorporación de los indígenas, y en su caso de los negros, a la cultura hispánica. Su acción llegó prácticamente a todos los lugares del Nuevo Mundo, desde los más aislados y salvajes a los núcleos de población más desarrollados. Ya en 1513, el bachiller Hernán Suárez se ocupó de enseñar gramática latina a los hijos de los caciques de La Española. Apenas conquistado México, en 1523, fray Pedro de Gante fundó una escuela en Texcoco y luego otra en la capital azteca, a las que a acudieron los hijos de los indios principales. Por indicaciones de Hernán Cortés, se reunieron bajo la tutela de los franciscanos más de un millar de niños nobles correspondientes a la zona geográfica de la ciudad de México, en un radio de 40 leguas. Los indios tarascos de Michoacán tuvieron las mismas oportunidades en el colegio fundado por Vasco de Quiroga. Otro tanto puede decirse de los descendientes de la nobleza incaica, que dispusieron del Colegio de San Francisco de Borja en Cuzco. En él recibió instrucción quien más tarde sería el inca Tupac Amaru.Resultado de esta seleccionada ladinización de los nativos de América fue la serie de historiadores indígenas de México, entre los que destacan Fernando de Alba Ixtlilxóchitl y Hernando de Alvarado Tezozomoc, de la casa real de los Acolhuas. Igualmente, los peruanos el inca Titu Cusi Yupanqui y Huamán Poma de Ayala, o el guatemalteco Hernández de Arana Xajila entre otros. Este programa civilizador selectivo decayó con el tiempo, pero la acción cultural, programada o no, continuó y con ella se fue incrementando el número de 1.A partir de la independencia, este proceso ha conocido una serie de cambios y vicisitudes motivados por una actitud variable frente al indio, opuesto al 1. en la clasificación cultural, que ha oscilado desde el olvido y la repulsa a la exaltación del mismo. Los prejuicios socioraciales, los intereses políticos, no han sido ajenos a estas actitudes. Sin embargo, junto a una política indigenista, loable por cuanto supone de respeto y salvaguardia de unos pueblos y unas culturas originarias, tan ricas como interesantes, se impone en la actualidad la incorporación a las tareas para el desarrollo nacional de estos grupos humanos, muy numerosos en los países andinos. Por consiguiente, esto implica que han de ser incluidos en unas formas culturales hispánicas dominantes ya de una manera irreversible. Aun conservando su raza, sin olvidar sus tradiciones, su incorporación a las directrices nacionales los convertirá en 1.J. GIL-BERMEJO.
BIBL.: J. PÉREZ DE BARRADAS, Los mestizos de América, Madrid 1948; P. BORGES, Los conquistadores espirituales de América, Sevilla 1961; VARIOS, Estudio sobre el mestizaje en América, "Rev. de Indias" 95-96, Madrid 1964.
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