Lactancio, Lucio Cecilio Firmiano
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Biografía GER
Datos de su vida. Las fuentes para su vida son sus obras y S. Jerónimo, De viris illustribus 80 (PL 36,726). N. en África de familia pagana ca. 250. De educación esmerada, frecuentó las escuelas de Retórica y tal vez de Derecho. Inició su magisterio de retórica en África después de haber sido discípulo de Arnobio, v. (Jerónimo, De viris ill. 80). Adquirió un cierto renombre, porque hacia el 290 pasa a Nicomedia llamado por Diocleciano (v.) para enseñar en la escuela que había fundado en su nueva capital. Tuvo poco éxito, debido a que L. era erudito, pero no elocuente (Divinae Institutiones 3,13), y a que las letras latinas no ofrecían gran interés en un centro de cultura griega. Probablemente en Nicomedia se convirtió al cristianismo y ciertamente antes del 303, porque en febrero de este mismo año, en que se inicia la persecución de Diocleciano, practicaba ya las creencias cristianas. L. se hace eco de los horrores de esta persecución (Div. Inst. 5, cap. 2 y 11), en la que él perdió su cátedra, y que le obligó a salir de Bitinia entre el 305306, regresando probablemente en 311. Constantino (v.) le llamó a Tréveris, hacia el 317, confiándole la educación de su hijo mayor Crispo. Aquí terminan las noticias que poseemos sobre L.Obras. De los escritos que circulaban en tiempo de S. Jerónimo a nombre de L. sólo se conservan los siguientes: 1) De opificio Dei (PL 7,9-78). Dedicado a Demetriano, cristiano y discípulo suyo, y compuesto a fines del 303 o principios del 304 (1,1; 1,7). Pretende demostrar que el hombre, en su doble elemento, es obra divina. La demostración se mueve en el terreno puramente científico y filosófico, y no hay, por tanto, elementos específicamente cristianos. No ofrece novedad, puesto que por confesión propia quiere desarrollar más ampliamente el libro 1V De republica de Cicerón, y éste es su. principal fuente, así como Varrón para los conceptos anatómicos y fisiológicos, bastante exactos para su tiempo. 2) Divinae Institutiones (PL 6,111-822), título tomado de los manuales de jurisprudencia, es su obra principal. La debió empezar en 304 y terminarla ca. 313. Paralela a la persecución de Diocleciano se iniciaba otra campaña literaria contra los cristianos, que partía de un filósofo, difícil de identificar, y del gobernador de Bitinia, Hierocles. Contra ellos, aunque dirigida al público culto, planea L. su obra, de carácter abiertamente apologético. La divide en siete libros. En el I y 11 refuta el politeísmo, y en el 111 las contradicciones de la filosofía pagana. Parte del supuesto que la verdadera ciencia la da la Revelación y entonces, en el libro IV, se vuelve a Cristo como portador de la misma. En el V trata de la justicia, que ha desaparecido del mundo por la idolatría y que sólo volverá cuando los hombres todos reconozcan al verdadero Dios. En el VI se ocupa del verdadero culto, que es el que enseña el cristianismo. Tanto por la expresión como por el contenido, los libros V y VI son los mejores de la obra. El VII trata de la escatología. La obra es el primer intento que se hace en latín de escribir una exposición general de las creencias cristianas con resultado bastante deficiente por falta de profundidad y fuerza en la demostración teológica. Le sirven de fuentes Cicerón, Virgilio, Séneca. Conoce a Tertuliano, Minucio Félix y Cipriano, pero no a los escritores cristianos griegos, incluido su maestro Arnobio, tal vez por estar fuera de África. 3) Epitome (PL 6,1017-1094). Lo compuso después del 414 a petición de Pentadio. Parece que quiso hacer una obra nueva, resumen de la anterior y que fuese más útil a los cristianos; por eso, hay cambios muy de fondo, tales como la supresión de los oráculos sibilinos, más citas de Escritura y más adaptada al caso, así como mayor desarrollo de la parte moral. 4) De ira Dei (PL 7,79-148). Calificado por S. Jerónimo de elegante, lo escribió en 314-315 contra los epicúreos que negaban en Dios la cólera o la justicia que castiga, como contrarias a su naturaleza. La argumentación se inspira en las sibilas y en los filósofos paganos, singularmente en Cicerón; la Escritura apenas si la menciona. 5) De mortibus persecutorum (PL 7,189-276). Dedicada a Donato (16,35) y escrita entre 314-317, no hay razón seria para negar su autenticidad. Pretende probar el fin trágico de todos los perseguidores de la Iglesia desde Nerón a Diocleciano. El estilo es apasionado, pero la obra es de gran valor histórico para la persecución de Diocleciano por haber sido testigo ocular (J. Moreau, Lactante. De la mort des persecuteurs, París 1954, Sources Chrét. 39, 2 vol.). 6) De ave Phoenice (PL 7,277-284). Poema, en el que describe, en 85 dísticos, la conocida leyenda de esta ave misteriosa (v. FÉNIX); es el primer escritor cristiano que la introduce en la Patrística como símbolo de la resurrección. Gregorio de Tours (De cursu stellarum, 12) lo atribuye a L.; razones de crítica interna hablan altamente de la paternidad lactanciana; no obstante, hay dudas sobre la autenticidad.Obras perdidas: El Symposium, escrito cuando aún estaba en África; el Hodoeponicum en el que describe en hexámetros su viaje de África a Nicomedia; el Grammaticus; Ad Asclepiadem libros duos; Ad Probum libros quátuor; Ad Severum epistolarum libros duos (De viris ill. 80). El Codex Ambrosianus F. 60 (s. VIII-ix) conserva el fragmento de unas diez líneas que atribuye a L. la obra De motibus animi, cuyas ideas y estilo no desdicen del escritor africano.Enseñanza teológica. Las obras de L. se desenvuelven en la perspectiva de la teología y de la moral natural. Idea directriz de su teología es la Providencia de Dios en el mundo; Dios y su Providencia pueden ser conocidas de algún modo por el orden de las cosas (Inst. 1,25; 2,7; 7,9,5). Su teología trinitaria es pobre: el Padre y el Hijo son una misma sustancia, aunque se distinguen lo mismo que el rayo se distingue del sol (ib. 4,29); según S. Jerónimo (Epist. 84,7; Comm. in Gal. ad 4,6) negaba la existencia del Espíritu Santo, al que identificaba, unas veces con el Padre y otras con el Hijo. Dios, antes de la creación del mundo, produjo un tercer ser, pero por envidia con el Hijo no fue fiel, pecó y es lo que se llama diablo (Inst. 2,8): es el enemigo capital de Dios y el origen del mal; de ahí el dualismo (v.) de L. (ib. 6,6). La divinidad de Jesús la demuestra por el cumplimiento de las profecías del A. T., que vaticinaban hasta su muerte (ib. 5,3). Jesús tenía conciencia de que su muerte era causa de la salvación de muchos (ib. 4,18); L. insiste en la misión de Jesús como maestro. La Iglesia es el principio de vida y de salvación; en ella se encuentra el verdadero culto, la confesión y la penitencia (ib. 4,30) que son necesarias para conseguir el perdón, como necesario es asimismo el bautismo para la purificación del hombre (ib. 3,26; 7,5). La escatología de L. es milenarista (ib. 7, cap. 14-26). Dios creó el mundo y el hombre con su alma plasmada por las mismas manos de Dios (ib. 2,5; 2,11); rechaza, por tanto, todo traducianismo. El alma tiene su inmortalidad por naturaleza y no adquirida por el ejercicio de la vida cristiana, como enseñaba Arnobio.Valoración. En el arte de decir, L. es maestro. Su estilo se parece mucho al de Cicerón (v.), porque había estudiado esmeradamente sus obras. Los humanistas le han llamado el Cicerón cristiano. Su estilo agradable y elegante, lo mismo que su cultura, los puso al servicio del cristianismo, porque estaba persuadido de que el cristianismo sólo tendría acceso a los intelectuales de su época, si lo presentaba de un modo atrayente en su forma. En este saber adaptar las creencias cristianas a la cultura de sus días y en haber pretendido dar una exposición sistemática de la enseñanza cristiana está el valor histórico de L. y la razón de su éxito. Sin embargo, su elaboración doctrinal es deficiente y superficial, porque a más de ser un compilador, no es teólogo. Su enseñanza se mueve preferentemente dentro de la moral, y cuando toca puntos específicamente cristianos como gracia, fe, redención, lo hace con mucha superficialidad. No conocía bien la doctrina ni la literatura cristiana y por eso es más bien un demoledor del paganismo que un escritor positivo y sereno del cristianismo (jerónimo, Epist. 58,10).V. t.: APOLOGÉTICA 11, 1.U. DOMINGUEZ DEL VAL.
BIBL.: Ediciones: S. BRANDT y G. LAUBMANN, en CSEL 19 y 27,1890-1897.-Estudios: E. AMANN, Lactante, en DTC 8,1925, 2425-2445; H. LECLERcQ, Lactante, en DACL 8,1018-1041; R. PICHON, Lactante. Étude sur le mouvement philosophique et religieux sous le régne de Constantin, París 1901; E. OVERLACH, Die Theologie des Lactantius, Schwerin 1858; M. HEINIG, Die Ethik des Lactantius, Grimma 1887; M. GEBHARDT, Das Leben una die Schritten des Laktantius, Erlangen 1924; 1. STEVENSON, The Lile and Literary Activity ot Lactantius, "Studia Patristica" 1, Berlín 1957; C. EGGER, De Caecilio Firmiano Lactando Cicerone christiano, "Latinitas" 1 (1953) 38-53; B. ALTANER, Patrología, Madrid 1962, 187-190; 1. QUASTEN, Patrología, I, Madrid 1961, 666-683.
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