Kamakura, Época de HIST.
Categoria:
Historia
Este periodo de la historia del Japón (v. IAPóN IV) corresponde al del shogunado (v.) o bakuftr (1185-1333). En la voz Hójó (v.) se estudia la historia de esta familia, poderoso clan que estableció y dirigió la regencia del shogunado en K., y las características de esta dictadura militar. Vamos, pues, a tratar aquí el aspecto históricocultural de la época de K.Cuando Minamoto Yoritomo hubo vencido al clan de los Taira (v.) en la batalla naval de Danno-ura, en abril de 1185, y el pequeño Emperador de siete años, Antoku, desapareció en el mar, tuvo lugar el fin del Japón de Heian, de los Fujiwara (v.), y la instauración de un régimen nuevo, el shogunado. que dirigió después la vida política japonesa casi hasta nuestros días, a pesar de sus fortunas diversas y de algunos eclipses. Este momento fue el de la crisis más grave en la historia del Japón hasta la restauración imperial de Meiji (v.; 1868).Yoritomo, dueño del poder político, no volvió a la capital imperial de Kyóto; sabía que la atmósfera de la corte y de la capital debilitaba a los guerreros; el ejemplo de los últimos Taira lo confirmaba. Por eso fijó la sede del Gobierno en K., a la orilla del mar, en la región oriental de Kantó. Gracias a su tenacidad, obtuvo del emperador Go-toba (1184-98) el título de se¡-¡ laishógun "generalísimo para castigar a los bárbaros" y con la ayuda de su mujer, Masako, perteneciente a la familia Hójó, instaló el gobierno militar llamado shogunado. Cerca de los shógun, y después de la muerte de Yoritomo, se creó el puesto de regente del shogunado, shikken, que estuvo en manos de los Hójó.En Kyóto estaba el Emperador, soberano supremo del Imperio, considerado descendiente de Amaterasu, la gran diosa del sol; a su lado había algunos antiguos soberanos, convertidos en monjes, pero que seguían activamente la política y que a menudo dominaban al Emperador. Sin embargo, el poder imperial era ficticio, ya que, en realidad, estaba en manos del shógun, controlado de hecho por su regente, el shikken. Había así una serie de delegaciones del poder político, que acababa en las ni,¡nos fuertes y a menudo hábiles de la familia Hójó.Características. K. representaba frente a Kyóto la rudeza guerrera de las provincias del E en contraposición de la dulzura refinada de las del O, de la antigua cultura de Nara y Heian, oposición permanente durante toda la primera época histórica del Japón. K. representó el nuevo ideal de lealtal, de fidelidad al jefe militar, al señor, al soberano, el ideal del bushidó inspirado por el budismo zen (v.). La secta budista hossó predominó en el Japón en la época de Nara (v.); la secta shingon tuvo éxito más tarde en los medios aristocráticos, pero la llegada en el s. xii de la secta ch’an (del sánscrito dhyána, contemplación), que tomó el nombre de zen en el Japón, representó un acontecimiento religioso-cultural muy importante; el zen ayudó al Japón a realizar su propio genio y a reaccionar contra el ritualismo y el dogmatismo de la escuela shingon y el pietismo del amidismo introducido por Hónen Shónin a finales del s. xli.El zen tuvo su influencia en el arte japonés (v. lAPóN IX); sus adeptos se reclutaron en la clase militar de los samurai e inspiró los elementos de resignación, valor y desprecio a la muerte del código del honor de los caballeros japoneses, el bushidó. El zen fue en principio una escuela de meditación y de contemplación interior, pero la influencia militar K. hizo destacar la fuerza moral y el valor de ser siempre dueño de uno mismo. El guerrero japonés que seguía el código del bushidó se enfrentaba con intrepidez a las pruebas más duras del combate y de la muerte. Bajo la influencia de la dictadura militar de K., se convirtió el zen en una religión de guerreros, de señores capaces de enfrentarse a cualquier aventura militar. Los regentes del shogunado, todos de la familia Hójó, fueron sus más fieles partidarios, transformaron un sencillo código budista de ética religiosa en una norma de vida, una escuela de abnegación y sacrificio que se reflejó en la vida cotidiana del guerrero, en la ceremonia del té, chano-yu, en los ritos del deporte de la lucha y del tiro con arco.Importancia excepcional tuvieron los monasterios y los templos en la época de K.; en un plan comercial, financiaron expediciones marítimas a China, a partir del s. XIII; fueron centros muy seguros durante las guerras civiles y se convirtieron en bancos para los préstamos y los depósitos de fondos. Desempeñaron un notable papel en la lucha sorda entre la corte de Ky5to y los shóguns de K.; a menudo los monasterios y las grandes familias urdieron contra el shogunado y subvencionaron la resistencia armada contra el Gobierno. Hubo a veces acuerdos entre los mercaderes y los monasterios en este sentido.Los ideales militares de K. se reflejaron en la organización de la sociedad, que quedó dividida en clases muy distintas, en una especie de castas en las que la condición social y el oficio eran hereditarios. Un samurai no podía cultivar sus tierras por sí mismo, y un noble no podía ejercer otro oficio que el de médico y armero; los fabricantes de sables más famosos del s. xIIi, Masamune y Yoshimitsu y, en el s. xIv. Muramasa, fueron todos de familia samurai. La situación de los aldeanos y labradores era miserable y muy cercana a la esclavitud, que había sido suprimida. Los mercaderes profesionales se unieron en corporaciones.En K., a diferencia de lo ocurrido en la corte de Kyóto, la mujer perdió su influencia; al contrario de los caballeros occidentales de la Edad Media europea, los samurai despreciaban la compañía de las mujeres. Había mujeres que bailaban y cantaban como los juglares occidentales, y que iban de castillo en castillo con su grupo de músicos; fueron las antecesoras de las geishas. La desaparición de la influencia femenina en K. se reflejó en la literatura de la época, muy viril y fuerte. Las novelas y las narraciones históricas y militares se multiplicaron, contando las luchas entre las grandes familias; están fechadas en el s. xii y sobre todo en el s. xiiI. Los bardos, los biwabózu, bonzos generalmente ciegos, cantaban esos relatos épicos acompañándose con el bixya, el antiguo instrumento de cuatro cuerdas que tenía forma de mandolina. Este realismo nacido del espíritu de K. se reflejó también en el arte; las estatuas de madera de la época fueron potentes, sobrias, y ponían de manifiesto la intensa espiritualidad de sus modelos zen.La ciudad de K., sede del Gobierno durante la época del shogunado, era en principio una aldea de pescadores. Yoritomo la transformó e hizo de ella una ciudad de más de 200.000 hab., con magníficos palacios, grandes mansiones con parques y jardines, templos y monasterios; distribuyó tierras, estableció colonos que transformaron los pantanos en campos cultivados y arrozales. Canales y carreteras enlazaron K. con Kyóto y las grandes ciudades. En 1333, fue incendiada durante la lucha de los ejércitos imperiales contra el shogunado. El incendio de 1526 redujo a ruinas lo que quedaba del esplendor de entonces; y solamente el famoso daibutsu (la colosal estatua de Buda) y el templo de Tsuru-gaoka-hachiman recuerdan aquellos tiempos.J. ROGER RIVIÈRE.
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