Hambre Ii. Sociología. SOCIOL.
Categoria:
Sociología
En líneas generales, el h. puede ser individual y colectiva. La primera, cuando es involuntaria, lleva al hombre a situaciones límite y reacciones cuyo estudio es más propio de la Medicina y la Psicología que de la Sociología. La antropofagia (v.) por h. ha sido frecuente aun en individuos y colectividades de civilización avanzada, sobre todo en asedios, naufragios, guerras, etc. El h. voluntaria y durante corto tiempo, como puede ser el ayuno (v.) por motivos religiosos, no sólo no es perjudicial, sino que resulta aun beneficiosa para la salud. La moderna sociedad de consumo (v.), con sus excesos de alimentación, impone el ayuno voluntario y temporal como remedio saludable, a fin de prevenirse contra determinadas enfermedades y situaciones que podrían producir la muerte. Y es precisamente en esta sociedad de consumo sobrealimentada en la que cada vez toma más conciencia el hecho de que millones de individuos no están bien alimentados, a causa de una dieta mal administrada (v. DIETÉTICA), o padecen h.La idea de una ayuda alimentaria a escala mundial es antigua. Pero fue en el decenio de 1930 a 1940, a raíz de la crisis del 29, cuando se pusieron las bases sobre las que en 1945 se construiría la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO; v.).El 1 jul. 1960 comenzó la Campaña Mundial contra el Hambre, pero ya desde 1933 se planteó la cuestión a escala internacional. Según la FAO (v.), el 60% de la población (más de 1.500 millones de individuos), está deficientemente alimentado. Frente a un 30% de la población mundial que vive en países desarrollados y consume más del 57% de los alimentos que se producen en el mundo, un elevado porcentaje de población (algo más de la mitad del total mundial), en India y Sudeste asiático sobre todo, consume la cuarta parte aproximadamente de los alimentos producidos en el mundo. Es en estos países, además de algunos del África negra, y en ciertas zonas deIberoamérica, donde se da el fenómeno del h. colectiva, que es el que de un modo más especial interesa a la Sociología. Según otras estadísticas, menos alarmistas que las de la FAO, el h. afecta al 10-15% de la población, es decir, si consideramos que la población en 1972 es de 3.740 millones de individuos, 374-461 millones de ellos vivirían en una situación de h. prolongada e involuntaria. Según esos mismos estudios gran parte de la población de los países del Tercer Mundo (v.) estaría subalimentada. En la América tropical y en la India no son muchos los que consumen más de 2.000 calorías diarias. Algunos calculan que el 20% de la población de los países en desarrollo está subalimentada. Las desigualdades dentro de un país y de un área regional son a veces grandes; riqueza (v.) y pobreza (v.) conviven "democráticamente". Un 5% de la población de Iberoamérica, se dice, consume 15 veces más alimentos que el resto. El pauperismo (v.) es tanto más injusto cuanto más alto es el progreso alcanzado por una parte de la Humanidad. El interés mundial no se dirige solamente a evitar el h., sino también la alimentación deficiente y la subalimentación, íntimamente relacionadas con la mala nutrición (v.) y la desnutrición, e incompatibles con un buen estado de salud y con el bienestar (v.) a que aspira el hombre.Los datos de la FAO -así como los de otras fuenteshan sido criticados por diversos autores (cfr. C. Clark, o. c. en bibl.), que, sin negar el problema, han puesto de manifiesto que no tiene los rasgos que la FAO y otras fuentes le atribuyen, ya que sus afirmaciones, dicen, provienen de bases comparativas discutibles y, en ocasiones, de graves errores numéricos. La verdad es que toda una línea política, anclada sobre todo en los países desarrollados, se ha ocupado del tema del h. no tanto por razones humanitarias, cuanto para difundir una política de control de la natalidad que hiciera recaer sobre los países subdesarrollados el peso de la resolución de los problemas actuales de la economía. De ahí que a veces se exageren los datos a fin de presentar como inevitables técnicas inhumanas como la esterilización (v.), el aborto (v.), etc., que, de otra forma, todos rechazarían.Producción y distribución son dos factores básicos a considerar en el hecho sociológico del h. Producir más y mejor sería la meta de una política que tendiera a suprimir el h. en el mundo. Para ello habrían de mejorarse las estructuras de los países subdesarrollados (v. SUBDESARROLLO), que constituyen la mayoría del llamado Tercer Mundo. Si bien no es fácilmente realizable una distribución de la riqueza a escala mundial, sí cabe una ayuda de los países más ricos a los más pobres, de modo que el desnivel entre unos y otros no sea tan grande. Como la ayuda ha existido y el h. persiste, sería necesario revisar esta ayuda y buscar otros caminos. La distribución de créditos suele ser bastante desigual y con unos servicios de capital (interés, amortización, etc.) que colocan a los países deudores en peor situación que la que se intenta remediar. Por otra parte, en los países donde más h. se padece, la mayoría de ellos descolonizados no hace mucho, los dirigentes políticos parecen más preocupados en la defensa nacional y en la lucha por el poder que en la planificación (v.) económica y social que podría contribuir al desarrollo (v.) del pueblo en todos los niveles. Directamente relacionado con el h. se encuentra el analfabetismo (v.), precisamente elevado en áreas subdesarrolladas.Algunos autores, y sobre todo algunos políticos, han reaccionado ante el problema afirmando que nace del aumento de la población y proponiendo, por tanto, como solución técnicas de control de la natalidad (v.). Vuelven así a las teorías del inglés T. R. Malthus (v.) enunciadas a fines del s. xvtti, tratando de justificar una’ limitación de la natalidad por el temor a un exceso de población carente de alimentos. Pero la verdad es que todo ello de una parte implica el recurso a medios inmorales que nunca son positivos, y, de otra parte, es fruto de una mentalidad egoísta y negativa. Se debe recordar que no faltan medios para resolver el problema, aunque su puesta en práctica exija esfuerzo. Quedan amplísimas zonas del mundo despobladas y habitables. Las técnicas agrícolas, el uso de fertilizantes, la mecanización del campo, la formación del campesino, el cooperativismo (v.), la transformación de economías de subsistencia en economías de mercado mediante un adecuado cambio de estructuras, la ampliación de mercados, la mejora de los transportes a escala internacional, el concurso de las ciencias de la alimentación, una inteligente política de precios que estimule la producción, la industrialización comprendida la agrícola, la capacitación del trabajador para mejor participar en una economía basada en la división del trabajo (v. TRABAJO HUMANO iii), una conveniente Sociología agraria, etc., serían los remedios más eficaces para evitar el h.Una vez conseguido esto, es cuestión de política social y económica que las grandes masas de población gocen de un poder adquisitivo acorde con sus necesidades. Así se llegaría a nivelar las diferencias en la distribución de la renta (v.), ya que más que de un problema de producción puede hablarse de un problema de distribución, tan’_o a nivel internacional como nacional. A pesar de que 2/3 de la población mundial viven en países en desarrollo, sólo un 25% dispone del 2-3% de la renta mundial media. Un 20% aprox. se pierde por mal almacenamiento y animales dañinos. A nivel nacional, no está justificado, p. ej., que en algunas zonas de Iberoamérica se padezca h., porque Iberoamérica produce el promedio mundial per cápita. América del Norte produce el triple, y Europa el doble aproximadamente. No todos los excedentes se exportan, sino que se destruyen en parte, por mantener los precios del mercado internacional, cuando África y Asia sólo alcanzan el 40 y el 50% respectivamente del producto mundial. El acaparamiento (v.) y la especulación (v. ESPECULAC1óN n) constituyen el h. en el mundo. Hay quienes piensan que el h. es un motor de la historia y que no se la puede privar de este medio de propulsión, teoría inhumana que debe ser rechazada. La verdad es, en cambio, que el mundo necesita una filosofía económica basada efe la conciencia de la dignidad del hombre, en la necesidad de orientar a su servicio la producción de bienes y en la conciencia de la solidaridad que lleve a superar el propio egoísmo subordinándolo al bien de la colectividad.CARLOS R. EGUÍA.
BIBL.: R. PREBISCH, F:
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