Gallegoportuguesa, Lengua
Categoria:
Cultura
Si se distingue, como hace Coseriu (Teoría del lenguaje y lingüística general, Madrid 1962), entre "sistema", o "conjunto de posibilidades de realización de oposiciones funcionales que se les ofrece a los miembros de una determinada comunidad lingüística", y "norma", o "suma de todo lo que es funcionalmente pertinente y lo que constituye variante facultativa impuesta por una tradición cultural y social", la existencia en el momento presente de dos normas cultas bien diferenciadas -gallega (v. GALICIA v) y portuguesa (v. PORTUGAL VIII), y esta última aun con un doble aspecto: europeo y americano- y de una multiplicidad de variedades dialectales en la península Ibérica, las islas atlánticas, Brasil, África, Asia y Oceanía, no se opone al reconocimiento de un único sistema lingüístico gallegoportugués. Pero no es en este sentido en el que vamos a hablar aquí de lengua gallegoportuguesa, sino en el mucho más común de romance, fundamentalmente uno, utilizado por las gentes del oeste de la península Ibérica hasta mediados del s. XIV y conocido sobre todo a través de su estilización en una lengua literaria convencional (el gallegoportugués o galaicoportugués de los Cancioneiros), de la que se sirven no sólo poetas gallegos y portugueses sino también líricos de otros reinos de la Península.Resulta muy difícil, como dice el eminente medievalista Rodrigues Lapa (Licúes de Literatura Portuguesa. Época Medieval, 3 ed. Coimbra 1952), imaginar hoy toda la belleza melódica de la lengua de los Cancioneiros, mucho más rica que la actual en combinaciones vocálicas y probablemente poseedora de vocales largas. Los hiatos por pérdida de consonante intervocálica eran en ella muy abundantes: door < lat. dolorem, veer < lat. videre, súa < < lat. sanam, bóo < lat. bonum, póer < lat. ponere, máo< < lat. manum. No se habían producido aún las contaminaciones analógicas que más tarde abrirían la o etimológicamente cerrada de los femeninos y plurales de los adjetivos en -oso: frem(ó)sa, ’hermosa’; vic(ó)sos; ’exuberantes’, y de los comparativos en -or: mai(ó)r, ’mayor; me(ó)r, ’menor’. Se mantenía asimismo la abertura etimológica de la e de D(&s, ’Dios’; jud(g)u, ’judío’; t(a)u, ’tuyo’; s(g)u, ’suyo’, palabras que no riman nunca con terceras personas del singular de pretéritos perfectos simples como deb(é)u, ’debió’; tem(é)u, ’temió’, cuya e era cerrada. Las terminaciones nasales latinas -onem, -unt, itudinem habían hecho -om (razom < rationem, amarom < amaverunt, multidom < multitudinem), y -anem o -ant > -am (pam < panem, dam < dant), sin que se dieran confusiones con el hiato -cto < anum (irmúo < germanum). En cuanto a las consonantes no se había producido todavía la igualación de los resultados de s latina inicial o interior y k palatalizada (cervo < lat. cervum, se pronunciaba distinto de servio < lat. servum, y coser < lat. coquere, de coser < lat. consuere; tres no rimaba con vez, ni darás con faz), y la ch se mantenía africada, como lo es aún hoy en gallego, pero no ya en portugués.En el terreno de la morfología hemos de señalar el carácter uniforme de los sustantivos y adjetivos en -or, -ol, -és y -ante (mía senhor llamaban los trovadores a sus damas, gente espanhol, a infante leemos en los Cancioneiros, y aún hoy se dice portuguesmente), la existencia de femeninos en -ua, de adjetivos en -um como comum, de formas átonas de los posesivos (mía; mha o ma, ’mi’ femenino; ta, ’tu’ femenino; sa, ’su’ femenino) al lado de las tónicas (minha, tua, sua), de participios pasados en -udo (recebudo, ’recibido’; sabudo, ’sabido’), de diferentes formas de numerales (un, un ’uno’, dous, dois, dos ’dos’, tinque y cinco, quaraenta, quorenta y quarenta, etc.) Al ser la labor de la analogía mucho menos intensa que en épocas posteriores, el número de verbos irregulares era muy grande, y se decía moiro de morio por morior, coimo o como de cómédo, arco de ardeo, perro de perddo, meneo de menti`o, senco de sentio, etc. Los imperativos y las terceras personas del singular de los presentes de indicativo y hasta de subjuntivo habían perdido su -e final detrás de r, 1, n, s o z como si se tratara de sustantivos (fer, ’hiere’; sal, ’sale’ o ’sal’; faz, ’hace’ o ’haz’; perdon, ’perdone’; pes, ’pese’, muy frecuente en la frase em que me pes, ’cueste lo que cueste’) y se conservaba la -d- de las terminaciones de segundas personas del plural de las tres conjugaciones: amades, ’amáis’; queredes, ’queréis’; partides, ’partís’.Dentro del campo sintáctico hay que destacar el uso del partitivo (beber do vinho, ’beber vino’; semear das favas, ’sembrar habas); la falta del artículo con los posesivos; el empleo de dos negaciones, uso de lhe o lhi, ’le’, por lhes o lhis, ’les’, y de homem, omem u ome, como sujeto impersonal; una gran libertad en la colocación de los pronombres átonos y, en general, en el orden de las palabras en la frase. Se da la concordancia en los tiempos compuestos con ter, ’tener’, o haver, ’haber’, del participio pasado y el complemento directo (tenho vistos e ouvidos muitos exempros, ’he visto y oído muchos ejemplos’) y un uso inmoderado de la conjunción e, ’y’, que aparece también en las oraciones subordinadas.Dada la influencia ejercida por la lírica provenzal (v.) sobre la gallegoportuguesa no es de extrañar que abunden los provenzalismos como senher, ’señor’; mege, ’médico’; cousimento, ’discreción’; maloutia, ’enfermedad’; lousinhar, ’lisonjear’; greu, ’difícil’, junto con calcos como al rem (prov. al re), ’otra cosa’; a ren que mais amava (prov. la re que plus volia), ’la cosa que más quería’; sol que vos membrasse (prov. sol vos membres), ’con tal de que os recordase’; etc. Pero no menos frecuentes son los galicismos como talan, ’voluntad’; folia, ’locura’; cochon, ’villano’; dama; virgeu, ’vergel’; saizon, ’sazón’; maison, ’casa’, y vocablos formados con el sufijo -age, como domage, ’lástima’; sage, ’prudente’; parage, ’paraje’; etc. Controvertido es el caso de las palabras con n o 1 intervocálicas (fontana, loucana, ’lozana’; irmana, ’hermana’; pino; avelaneda, ’avellaneda’; color; salido) o pl inicial, que a primera vista parecen castellanismos, pero pueden ser mozarabismos fosilizados, sobre todo en la rima de las canciones de amigo, para lograr un color poético convencional.Dejando ya la lengua de los Cancioneiros, ¿hasta qué punto coincidirían también el portugués y el gallego hablado de aquella época? Si todavía hoy existen tantas semejanzas entre las variedades dialectales gallegas y las miñotas o trasmontanas, un portugués, como el anterior a Aljubarrota (1385) con ch africada, distinción entre los resultados de s latina y k palatalizada, v bilabial, tenía que ser muy parecido al gallego contemporáneo, pues si el gallego entonces empezaba ya a ensordecer las sibilantes, no había desnasalizado aún sus vocales o diptongos nasales.V. t.: GALICIA V; PORTUGAL VIII.P. VÁZQUEZ CUESTA.
BIBL.: S. DA SILVA NETO, História da língua portuguesa, Río de Janeiro 1952-57; C. FERREIRA DA CUNHA, Estudos de poética trovadoresca, Río de laneiro 1961; M. RODRIGUEs LAPA, Miscelánea de Língua e Literatura portuguesa medieval, Río de Janeiro 1965; 1. L. PENSADO, Estudios etimológicos galaicoportugueses, Salamanca 1965.
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