Galia I. Historia. HIST.
Categoria:
Historia
El nombre que los latinos escriben Gallia se dio a dos territorios, de distinta extensión, de la Europa occidbntal. El mayor fue el llamado Gallia cisalpina; quedaba comprendido entre el Rin, los Alpes, los Pirineos, el Mediterráneo y el Atlántico. El menor, Gallia transalpina, correspondía a la Italia septentrional, con el valle del Po como eje, y fue el primero que dominaron los romanos. Se denominó también Gallia togata. Aunque se juzga que la mayor parte de la población de ambas G. estaba constituida por celtas (v.) desde tiempos remotos, se registra en ellas la existencia de otros grupos étnicos: así en la zona mediterránea, montuosa, aparecen los ligures; en el sudoeste, entre los Pirineos y el océano, vivían los aquitanos, de los que se dice que, en conjunto, se parecían más a los iberos.Romanización. Los primeros conocimientos fidedignos acerca de la Gallia transalpina se tuvieron a través de los griegos (hacia el 600 a. C.) asentados en Massalia (Marsella). Los romanos llevan a cabo una penetración tomando como base la zona de los ligures (154 a. C.). Llegan luego a la de Aix (125-123). En el 118 a. C., fundan la colonia de Narbo, capital de la llamada Gallia Narbonense, en donde luego aparecen otras poblaciones importantes, con Derecho latino. Esta zona, considerada como la "provincia" por antonomasia, da lugar a la Provenca como entidad regional posterior. Los romanos se asientan más a Occidente aún en la época de las guerras de Sertorio. Pero la mayor parte de la Gallia transalpina entra dentro de la esfera romana por la acción de Julio César (v.), en los a. 58-51. Su historia de las campañas propias suministra muchos datos sobre la situación social y cultural de las G. Considera dividido su territorio en tres partes fundamentales: la Bélgica, la Céltica y la Aquitana. Esta división, con gran alcance etnográfico, implica además la existencia de otras menores, en grupos étnicos y gentilicios, que de modo usual, aunque no propio, se llaman tribus, grupos que vivían en estado de rivalidad, el cual fue decisivo para dar el dominio a Roma. Resultaba así que los aedui eran aliados antiguos de los romanos frente a otros pueblos. Sólo el esfuerzo personal de Vercingetorix hace que se unan gran parte de los galos en una lucha que termina con la derrota. César domina hasta las mismas costas del canal de la Mancha y las orillas del Rin.La división antigua da lugar a otra administrativa, provincial, de las tres Galliae o Gallia comata, cambiándose el nombre de la Céltica por el de Gallia Lugdunensis. La Narbonensis se gobernó por un procónsul, nombrado por el Senado; las otras, por un legado imperial cada una. El fin de las campañas da origen a fundaciones de colonias, otras poblaciones reciben derechos de diversa índole. Queda, sin embargo, mucho núcleo de época anterior con un nombre que recuerda las divisiones étnicas y gentilicias. Así aún hoy París, Lutetia Parisiorum, recuerda a los parisii; y Bourges, a los bituriges. La provincia senatorial en la época del Imperio es considerada como una prolongación de Italia, y se desenvuelve con un ritmo parecido al de las provincias itálicas e hispánicas más ricas. Hay allí grandes latifundios y una agricultura de tipo mediterráneo. Afluyen gentes de Roma y se levantan monumentos espléndidos. Pero el resto de la G. ofrece un aspecto distinto y un desenvolvimiento propio, en el que juegan como factores el comercio con el Norte, la industria y la situación militar en las fronteras del Imperio.Después de la constitución de las tres Galliae (16-13), Lyon (Lugdunum) aparece no sólo como capital de la Lugdunensis, sino también con cierta prioridad, frente a Burdeos (Burdigala) capital de la Aquitania, y a Trévenis (Augusta Treverorum). Se cuentan, además, hasta 64 núcleos urbanos más de cierto nombre. No faltaron movimientos subversivos en las G. durante el s. i; pero la oposición al poder romano no ha de confundirse con la oposición a ciertos Emperadores. Los antiguos linajes dominantes se romanizan y aparecen como ciudadanos romanos bastantes miembros de ellos, hasta llegar a la dignidad senatorial en tiempo de Claudio (48).Durante la época de los Flavios y de los Antoninos, hubo un gran florecimiento en las G., según lo demuestran los hallazgos arqueológicos. Se piensa incluso que Italia se resintió a causa de la gran capacidad industrial demostrada allí. En producción de vinos, cerámica, tejidos, herramientas de hierro, etc., las G. alcanzan un nivel muy alto, favorecidas por su sistema hidrográfico, con ríos tales como el Rhenus (Rin), Mosella (Mosel), Mosa, Rhodanus (Ródano), Arar (Satine), Seguana (Sena), Liger (Loira) y Garunna (Garona). Paralelo al desarrollo industrial, urbano, es el de la población de los campos. Una proporción considerable de la toponimia francesa de nombres de pueblos se funda sobre el principio de recordar el nombre de un posesor o propietario antiguo, galo-romano o romano, más el sufijo "-acus" o "-anus".A fines del s. II la situación fiscal y económica se resquebraja. Pesan las exacciones. Las G. quedan luego muy afectadas por las grandes crisis internas y las amenazas exteriores. Varios generales se proclaman Emperadores, y hacia el 257 los francos (v.) rompen las líneas del Rin por vez primera, produciendo un gran desconcierto. Las ciudades galas son en parte reconstruidas luego con arreglo a criterios defensivos, estrechándose su perímetro. Las inquietudes que produce el hecho de que en el limes tenga que concentrarse gran parte del ejército romano repercuten en el desenvolvimiento e incluso en el aumento progresivo de la importancia de las G. A fines del s. i i i tienen lugar las revoluciones campesinas de los Gagaudae (283-286), con manifestaciones posteriores. Bajo Diocleciano se crea la praefectura Galliarum, en la que, como diócesis, están incluidas Britannia e Hispania con la Gallia misma. Las diócesis se subdividen en provincias como la Lugdunensis I y II (prima et secunda), Belgica 1 y Il, Germania I y II, Sequania, Alpes Graiae y Poenia. Pero además hay otra prefectura en el antiguo territorio, la Viennensis, con las siguientes circunscripciones: Vicunensis, Narbonensis I y II, Novem populi, Aquitania I y II y Alpes Maritimae. Durante los s. Iii y iv se constituye una gran aristocracia provincial, cuyo poder llega hasta la misma época de las invasiones germánicas y que mantiene relaciones de índole desigual con los visigodos, los francos y otros pueblos germánicos. Varios Emperadores viven temporalmente en ciudades galas, por imposición bélica.Invasiones. Constancio Cloro actúa desde Tréveris. Juliano lucha con francos y alamanes y se asienta en París durante algún tiempo. No siempre se obtiene una paz por victoria, sino que se alcanza mediante pactos y transacciones. A fines del 406 la situación cambia sensiblemente al invadir los vándalos, suevos, alanos, etc., los territorios imperiales y al tener que pactar con los visigodos (v.). Todo el resto del s. v es de crisis, pero tanto desde el punto de vista político-militar como desde el cultural (incluso religioso) las G. desempeñan un papel decisivo. A este periodo final del Imperio corresponde un evidente florecimiento de la cultura latina. Es famoso el papel de Burdigala como centro de estudios literarios, de donde salen autores como Ausonio (ca. 310-393). Más tarde aún, en pleno s. v, personalidades como Sidonio Apolinar (ca. 431-486) marcan el final de la tradición galo-romana, que también en lo que se refiere a arquitectura, técnica y artes plásticas en general, ofrece rasgos muy peculiares, y que en lo religioso (v. II) produce formas específicas de sincretismo de las religiones grecoromana, por un lado, y las galas aquitánicas, etc., por otro; después, en plena Edad Media, las G. siguen siendo un país en el que la cultura latina, clásica en general, se mantiene vigorosa.V. t.: CELTAS I; FRANCIA IV.J. CARO BAROJA.
BIBL.: C. JULLIAN, Histoire de la Gaule, París 1908-26; A. GRENIER, An Economic Survey of Ancient Rome, 111, 1937; M. ROSTOVTZEFF, Social and Economic History of the Roman Empire, 2 ed. 1957, cap. 6; 1. J. HATT, Histoire de la Gaule romaine, 1959; O. BROGAN, Roman Gaul, 1953.
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