Ecuador, República de El. Arte II. ARTE
Categoria:
Arte
Arte posterior. El arte colonial del E. se resume en el de la actual capital (v. QUITO IV), que ya fue cabeza de la antigua real audiencia de Quito, cuyos límites no fueron exactamente los actuales, pues comprendía también los territorios del sur de Colombia. Quito es el centro de coordenadas al que hay que referir todo fenómeno artístico de esta zona; la ciudad colombiana de Popayán (v.) fue el enclave artístico más importante de la audiencia; le siguió en importancia la ciudad ecuatoriana de Cuenca, en la que cabe destacar las obras del barroco dieciochesco de la iglesia de los Carmelitas y el monasterio del Campanario, con sus portadas, decoradas en el primer caso con columnas salomónicas y en el segundo con los característicos adornos del arte mestizo.Estudiado el legado artístico colonial de Quito, y la obra de los grandes maestros de los s. XVII y XVIII (v. CARLOS, PADRE; LEGARDA, BERNARDO; SANTIAGO, MIGUEL DE; GORÍBAR, NICOLÁS XAVIER DE), lo que aquí se analizará es el arte de los s. XIX y XX, coincidente con la vida independiente de esta nación hispanoamericana.Siglo XIX. E. fue uno de los últimos baluartes del periodo político español, y sólo quedó totalmente libre en 1822 a raíz de la batalla definitiva de Carabobo. Pese al ambiente de inquietud política, la ciudad de Quito continuó con su tradición artística, y por el empadronamiento de 1825 sabemos de la existencia de los siguientes pintores y escultores: Antonio Salas, Diego Benalcázar, José Olmos, Javier y Matías Navarrete, Mariano González, Antonio Vaca, Feliciano Villacreces, José Díaz, Mariano Flor, José Páez, Pedro Villagrán, José María Riofrío, Mariano Unda, Mariano Rodríguez, Javier Pazmiño, Agustín Vaca, Ignacio Mora, Joaquín Paz y Baltasar González. EL arte ecuatoriano del primer tercio del s. XIX siguió apegado a la tradición religiosa, aunque algunos artistas ensalzaron con sus pinceles los hechos gloriosos de la independencia y sus personajes políticos. La primera reacción oficial de vitalizar la tradición artística del país se debe al mismo S. Bolívar (v.), que señaló una pensión vitalicia a Gaspar Sangurima, hijo de la ciudad de Cuenca; poco después se ordenó que se estableciese en esta ciudad, bajo la dirección de este artista, una Escuela de Pintura, Escultura, Arquitectura y Artes Mecánicas, cuyos estatutos se aprobaron el 20 oct. 1822. Fundación más importante fue, ya en 1852, la Escuela Democrática Miguel de Santiago, en Quito, con la misión de "cultivar el arte del dibujo".El artista más importante, que representa en el s. XIX el nexo con la tradición barroca, fue Antonio Salas, muerto en 1860, y al que se puede considerar como padre del movimiento artístico novecentista. Los impulsos renovadores empezaron a cobrar mayor fuerza a mediados de siglo. Precisamente en 1854 el Gobierno ecuatoriano envió a Europa a Rafael Salas y a Luis Cadena; el primero, hijo de Antonio Salas, fue el introductor del género paisajístico en E. Otro artista educado en Europa fue José Carrillo, protegido de lord Cochrane, que alcanzó fama como miniaturista. El mayor fruto de la Escuela Miguel de Santiago fue la figura de Juan Manosalvas (18401906), al que se considera como un genio del arte nacional ecuatoriano; estudió en Roma y se dejó influir por el arte de M. Fortuny (v.) como acuarelista. Seguidor de Manosalvas fue Joaquín Pinto, cuya obra más conocida es el Dies Irae, y el último exponente de la pintura en Quito fue Antonio Salguero (1864-1920). Fuera de la capital hay que mencionar al guayaquileño Alfonso Medina, que trabajó buena parte de su vida en Roma, especializándose en paisaje; otro paisajista fue Rafael Troya, fundador de la Escuela de Pintura en Ibarra.La escultura del s. XIX tuvo menos representantes, pero hay que recordar a Ignacio Benalcázar, Severo Carrión (autor de la famosa estatua de la justicia en la escalera principal del Palacio de Gobierno), Manuel Vaca Ribas y el cuencano Miguel Vélez, considerado como el mejor escultor ecuatoriano después de Caspicara.El punto de partida de la arquitectura ecuatoriana del s. XIX fue Juan Pablo Sanz (1820-97), que destacó además en la pintura y litografía. La enseñanza de la arquitectura quedó encuadrada en la Escuela Politécnica que creara el presidente García Moreno, y en la que destacaba Gualberto Pérez, aunque el arquitecto más descollante fue Mariano Aulestia, autor de la iglesia neogótica de N. S. de las Lajas, al sur de Colombia. Al fin se produjo el aporte extranjero, personificado en los arquitectos alemanes Reed y Schmidt; el primero fue traído por García Moreno y es autor de la famosa Penitenciaría. Arquitecto ecuatoriano formado en Italia fue Luis Aulestia, autor del Palacio de Bellas Artes.A fines del s. XIX, agotada la generación de Manosalvas, Pintos y Salas, oficialmente se pensó en la regeneración del arte ecuatoriano, y se cambió la política de enviar pensionados a Europa por la de traer maestros europeos. Ya en 1871 el presidente GARCÍA Moreno trajo al escultor español González Jiménez, a quien puso al frente de la Acad. de Escultura. En 1906 fueron contratados en Europa el pintor Raúl María Pereira, el arquitecto Giacomo Radiconcini, el escultor Carlo Libero Valente que, juntamente con los ecuatorianos Wenceslao Cevallos y Antonio Salguero, organizaron la Escuela Nac. de Bellas Artes; nuevos profesores vinieron a completar el cuadro: así, en 1912 llegó el dibujante francés Paul Alfred Bar, que introdujo el impresionismo, tendencia ésta que vino a subrayar el pintor norteamericano Harold Putnam Browne. En 1915 vino el escultor italiano Casadio. Los últimos profesores extranjeros que han dado vitalidad a la escuela ecuatoriana han sido el pintor alemán Carlos Barnas, la pintora húngara Olga Anhalzer y el arquitecto checoslovaco Carlos Khon Kagan.Siglo XX. El arte pictórico en el s. XX puede dividirse en tres fases: una primera tiene su punto álgido hacia 1920 con figuras tan representativas, como Camilo Egas (n. 1899) y Manuel Rendón (n. 1890); la segunda fase se sitúa hacia 1940 y sus principales representantes son Moscoso, Valencia, Paredes, Guerrero y Osvaldo Guayasamín (n. 1918); este último es el más conocido y discutido, pues ha querido cargar a su obra de su contenido político, que subraya con sus numerosas conferencias y manifestaciones; sus enemigos dicen que pretende revivir en E. un problema indigenista aprovechando un repertorio picassiano muy reducido, mientras que lospanegiristas aseguran que su obra une el expresionismo moderno con el patetismo de la tradición colonial.La tercera fase es posterior a 1950 y causa un triunfo de la pintura no imitativa, con representantes como Villacís, Cifuentes, Almeida, etc.; y nuevamente hay que contar con artistas extranjeros vinculados al país, como el holandés Jan Schreuder (1904-65), que pasó más de 35 años en E. También hay un pintor ecuatoriano residente fuera: Luis Enrique Tábara, que trabaja en España y está evolucionando, en opinión de Areán, hacia un novorrealismo.En el campo escultórico del s. xx se acusa primero la influencia social de los muralistas mexicanos, que Jaime Andrade ha vertido en grandes relieves de piedra para dignificar el mundo obrero. La escultura abstracta tiene como máximo exponente a Luis Gómez; y finalmente Luis Molinari Floris se ha dedicado al muralismo tridimensional, con voluntad de integración arquitectónica (Areán). Otros escultores son Alfredo Palacio, Rosa Salcedo, Ester Mandujano, Alberto Cadena, Gloria Cobos, etcétera.La arquitectura ecuatoriana más reciente presenta una voluntad integradora de los movimientos de vanguardia internacional con la tradición del país. Tal tendencia representan Juan Espinosa y Rodrigo Samaniego, que han revalorizado la madera en sus construcciones de hormigón. Más importante es Ernesto Iturralde, que ha reivindicado un elemento tan importante en la arquitectura colonial quiteña como es el patio, al que ha dado no sólo un tono de intimidad familiar, sino también un carácter monumental, como si fuera una escultura dinámica en medio de un jardín; pero lo más relevante de Iturralde han sido una serie de paneles, con arreglo a un módulo, que cierran el edificio al exterior y lo abren al interior. Pero subrayamos que el respeto de los arquitectos por reutilizar algunos elementos de su rica tradición es uno de sus mayores méritos.V. t.: QUITO IV.SANTIAGO SEBASTIÁN.
BIBL.: J. G. NAVARRO, Artes plásticas ecuatorianas, México 1945.
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