Daumier, Honoré
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Biografía GER
Gran pintor, litógrafo, caricaturista y escultor francés, n. en Marsella el 26 feb. 1808, m. en Valmondois (Seineet-Dise) el 10 feb. 1879. Hijo de un vidriero con pretensiones literarias, la familia se traslada a París en 1816, y, como era de esperar, el vidriero fracasa. H. entra de aprendiz en una imprenta, luego en una librería, y todo ello le va familiarizando con la imagen. Dibuja bajo la dirección de Alexandre Lenoir, frecuenta el Louvre, y, por 1828, sigue los cursos de un tal Boudin y aprende la técnica de la litografía con Charles Ramelet. En 1830 empieza a colaborar en "La Caricature", y hace blanco de su mordacidad al rey Luis Felipe y a su régimen. Un dibujo muy desenfadado, titulado Gargantúa, motiva su detención, de agosto 1832 a enero 1833 en la prisión de Sainte Pélagie. El castigo no le detiene en su labor crítica, sino que en la publicación dicha y en "Le Charivari" -donde creará su celebrado personaje Robert Macaire- arrecia sus iras, principalmente, de 1832 a 1852, contra Thiers. No olvidemos que su dramática composición Rue Trasnonain, evocadora de las crueles e inútiles matanzas de la noche del 15 ag. 1834, tiene toda la garra magistral de Goya.El 16 abr. 1846 casa con Marie-Alexandrine Dassy, joven costurera. Durante el Imperio de Napoleón 111, su obra crítica se debilita forzosamente por lo duro de la censura. En 1863 comienza la segunda etapa de su colaboración en "Le Charivari". Retirado a su posesión de Valmondois, Daubigny y Corot obtuvieron del Gobierno de la República una pensión anual de 2.400 francos para el anciano artista y luchador. Su última satisfacción fue, en la primavera de 1878, la exhibición de prácticamente todas sus obras en la galería Durand-Ruel, organizada por un comité que presidía Víctor Hugo. Pero esta exposición, que desinteresó totalmente al público, produjo 4.000 francos de déficit. Se repitió con diverso contenido otros años, sobre todo en 1934, en el pabellón de I’Orangerie, de París.Eran indispensables estas exposiciones para mostrar en todo su valor la grandeza pictórica de D., ya que lo habitual era considerarle nada más que como caricaturista político. Es un error. Aunque tal fuera su pasión y su manera de granjearse el pan diario, aunque sus series de El vientre legislativo, Robert Macaire y Ratapoil le atrajeran merecida celebridad por su gracia, su grafismo y su intención, elfo no puede hacernos olvidar que D. era, antes que nada, un gran pintor. Un gran pintor siempre rebosante de asunto, que unas veces admitía el tono crítico de sus litografías, pero que en las más de las ocasiones revertía a totales seriedad y drama. Se recordará que uno de los admiradores de su pintura era nada menos que Delacroix, y con razón, porque D., pese a su tiempo, todavía tenía mucho de romántico. Ello es visible en sus traslaciones al color de temas de Cervantes (es admirable su trío de temas quijotescos), Moliére (Crispin y Scapin) y La Fontaine (Los ladrones y el burro). Otras obras maestras, como las versiones de El vagón de tercera -la más importante, en el Metropolitan Museum, de Nueva York- o La partida de damas (Winterthur, Col. Reinhart), nos delatan un pintor de extraordinaria humanidad, de inmensa fuerza, casi siempre contenida, y de unos envidiables medios técnicos, de los que es testimonio su rica pasta de color. Desde que Balzac dijera de él "Este mozo tiene un Miguel Ángel bajo el pellejo" hasta que Daubigny gritara ante los frescos de la Capilla Sixtina " íEs como Daumier! ", se ha especulado mucho y muy justamente sobre esta relación, que podría completarse con las donosísimas esculturillas del artista, que en su mayor parte pueden verse en el Museo de Marsella y que son corporeizaciones de su conocido mundo. D. no pintó, que se sepa -cotejando los catálogos desde la exposición de 1878- más que 45 óleos, aparte muchas acuarelas y numerosísimos dibujos, lo que hace aún más preciado esa tan reducida cifra, y lo que ha dado lugar también a gran cantidad de falsificaciones. Difíciles falsificaciones, por cierto, porque no creemos cosa sencilla reconstruir la acusadísima personalidad del gran artista marsellés.V. t.: CARICATURA.J. A. GAYA NUÑO.
BIBL.: A. ALEXANDRE, Dau)nler, París 1928; J. LARAN, 120 lithographies de Daumier, París 1929; C. ROGER-MARx, Daumier (prefacio al catálogo de la Exposición de 1’Orangerie), París 1934; ID, Daumier narrado por él mismo y por sus amigos, Buenos Aires 1949; J. ADHÉMAR, Da:Imier, París 1954.
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