Danza
Categoria:
Cultura
Origen e historia. La acción de danzar es, sin duda, tan antigua como el hombre. Obvio es decir que damos a la palabra d. su sentido más amplio y general: una serie de movimientos acompasados del cuerpo. No existen indicios o documentos que permitan afirmar que la d. haya sido, cronológicamente, la primera de las artes. Pero ello parece lógico, pues cabe suponer que, tan pronto como el hombre intentó dar libre rienda al exceso de su energía motriz, lo hizo con el vehículo que mejor podía utilizar inmediatamente, o sea, su cuerpo. Puede presumirse que el canto y la música siguieron casi inmediatamente a la aparición de la d. En cuanto ejecutó sus primeros saltos, el hombre debió sentir la imperiosa necesidad de ordenarlos y descubrir que la palabra, el canto y la música -también expresión directa de sus afectos o sentimientos- permitían organizar aquellos movimientos. Señalados sus probables orígenes, comprobaremos que la d. ha patentizado siempre los grados de refinamiento social de un pueblo y ha sido una expresión externa de la cultura y tendencias éticas de toda raza. La d. es una de las manifestaciones de la vida humana que mejor refleja el sentimiento religioso, los perfiles de la vida social, las expresiones más tranquilas e inocentes y el desenfreno y relajación de costumbres públicas y privadas.En Egipto, 2.000 años a. C., los sacerdotes de Osiris inventaron las d. astronómicas. El altar, colocado en el centro del templo, simbolizaba el Sol, y los oficiantes, que representaban, ora los signos del Zodiaco, ora los sieteplanetas o las constelaciones, giraban en torno al Sol en el sentido de la evolución de los cuerpos celestes. Las antiguas India y China conocían también esas d. Como todos los productos de su mente, los orígenes de la d. en Grecia fueron religiosos. Parece ser que existían una cincuentena de d. sagradas, pero, ya fuesen religiosas, militares u orgiásticas, todas las d. griegas se vieron englobadas en el vasto sistema estético, razón de ser y ley viva del país. Aquellos hombres, de inteligencia tan sutil y sensible, no podían dejar de comprender el gran papel que podía desempeñar la d. en su vida. Hay que trasladarse al Oriente para hallar un eco de la considerable resonancia mística despertada en la Antigüedad por la d. Es en el verdadero Oriente, el que no ha sido influido por el Islam, o sea, el Extremo Oriente, donde la d. ha conservado hasta nuestros días ese carácter de gravedad y ese sentimiento religioso que poseía en la Antigüedad clásica. Existen d. japonesas muy antiguas, ya sean de origen religioso, sintoísta o budista, ya de origen hindú o chino, como el bugaku. La d. en China ha perdido su antiguo esplendor. Sólo subsisten el Ping Wu (d. de los escudos) y una d. guerrera, el Ta-U. El papel desempeñado por la d. en la India es preponderante. Los hindúes inventaron un lenguaje de los gestos, conocido por mudras. Los movimientos de las manos eran elocuentísimos. Cada uno tenía un significado preciso y sus posiciones eran innumerables. También eran sumamente expresivos los gestos faciales y todos los movimientos corporales. La d. hindú ha dejado profunda huella en la península Indochina y en la Insulindia, y, por tanto, en Siam, Camboya, Annan, Java y Sumatra.
Los tam-tams (englobamos en este vocablo todas las d. africanas) son ceremonias mágicas que tienden a un éxtasis colectivo y en las que la búsqueda del placer bordea el sufrimiento y el delirio. La música y la d. tienen un gran poder de sugestión y figuran en todas las reuniones o ceremonias de las tribus africanas.En cuanto empezó a extenderse el cristianismo, íntrodujo la d. en las ceremonias del culto. Hoy existe una separación definitiva entre el coro y la nave de las iglesias. No sucedía lo mismo en aquel entonces. Con frecuencia, los asistentes cruzaban esa frontera y se trasladaban al coro para tomar parte activa en las d., de las que eran corifeos los sacerdotes. En España, especialmente en Cataluña, Valencia y Mallorca, florecieron por aquel entonces las d. litúrgicas, algunas de las cuales se interpretan aún. A partir de la Edad Media, la d. abandonó los templos para refugiarse entre los laicos, donde gozó de gran popularidad. Se ejercitaba, sobre todo, durante los carnavales, donde los bailes y las mascaradas -acompañamiento obligado de todas las fiestas ofrecidas por los soberanos y los nobles- se hicieron cada vez más libres y licenciosos.Sin embargo, el esplendor máximo de la d. coincidió con el Renacimiento. Los Médicis llevaron a la Corte de los Valois una atmósfera de fiesta esencialmente propicia a la d. El Renacimiento modificó muchos aspectos de la d., dándole una suntuosidad nueva y acrecentando su carácter de espectáculo. Empezaba la era del ballet (v.).La danza española. Posee una riqueza fabulosa. No es empresa fácil la de reducir a términos breves y precisos su inmensa variedad de matices Sólo es posible enunciar y fijar sus caracteres esenciales. Existen las d. que tienen carácter religioso, ejecutadas en el interior del templo o fuera de él, las de carácter de entremés, representando argumentos determinados, propios de una simbología religiosa o astral, o simplemente de leyendas locales; y las que representan una forma de baile de diversión. La mayor parte de las provincias españolas cuentan con sus bailes regionales de origen remoto. En las provincias Vascongadas, muchas agrupaciones corales suelen tener su sección de espatadanzaris, quienes, además de interpretar la difícil y espectacular espata-danza (d. de las espadas), bailan el aurresku, contradanzas, purrusaldas, etc., acompañados del típico txistu con tambor, o bien con dulzaina, pito y tambor. En Asturias se baila con preferencia la danza prima, baile de corro de mozos y mozas, ceremonioso y ritual. En Galicia, la gaita acompaña las muñeiras, baile serio, elegante, sentimental y alegre, mezcla de lirismo y de sereno gozo. La jota, violenta y rápida, bailada con vehemencia en Aragón, adquiere en Valencia un ritmo más reposado y sereno. También hay jotas navarras, murcianas, castellanas y riojanas. Hay que citar también las charradas salmantinas, el zángano vallisoletano, la gíraldilla leonesa, el agudo burgalés, las seguidillas manchegas, y el copeo, el bolero y el fandango mallorquines.El baile popular andaluz es sin duda la expresión rítmica más personal y característica de toda la varia y rica coreografía española. Es por sí solo un planeta lacrado y hermético, una sima inalcanzable y sin amarras con la lógica a la que sólo puede llegar el entendimiento por la mas incondicional compenetración. Entre los bailes anda luces, en su más pura categoría ¡onda, no teatral (v. BALLET, figuran los zapateados, las romeras, las alegrías, las soleares, los polos, las cañas, las seguiriyas, etc. En contraste con lo andaluz, la serenidad y la gracia de la sardana catalana constituye una serie de glosas del cancionero popular catalán, melodías playeras y aires montañeses que lanzan al viento tenoras, tiples, cornetines, fiscornos y demás instrumentos. Además de la sardana, arraigada en toda la región, se calcula que existen unos 500 bailes populares clasificados.Portugal y América. En Portugal, merece ser destacada la tarea llevada a cabo por Antonio Ferro, quien, con su agrupación Verde Gaio, ha dado a conocer el folklore del país hermano, pletórico de poesía, ingenua, simple, directa y espontánea y que, en ciertos aspectos, parece emparentarse con nuestros bailes coloniales, canarios y gallegos. Abundan las d. hispanoamericanas en las que está presente la rítmica negra, manifestación de una continuidad hereditaria y de un imperativo ancestral. Se trata del injerto africano en tierras de América. Ello se observa en ciertos tiempos de la marinera y del vals peruano; en el bambuco colombiano y en la cueca chilena. Se comprueba también que, inmunes a la infiltración negroide, proliferan otras con características propias. Podríamos citar el corrido mexicano, la vidala uruguaya, el torbellino y la guabina colombianos y el pasillo ecuatoriano, aún fieles a los módulos regionales nacidos al tomar carta de ciudadanía americana las d. traídas de España. Esos géneros se pueden calificar como mestizos, o sea, indohispánicos. Entre ellos, el yarabí y el hayno incaicos. Rumba, danzón, guaracha, conga, mambo, o sus versiones gemelas por proximidad de zonas de influencia: el merengue, el joropo y el porro, constituyen el combinado antillano coreográfico. En el Brasil alienta el ritmo cálido de la samba y del bayón o baiao, y en la Argentina el tango, que, según sus historiadores, es hijo directo del tango andaluz o tanguillo, y heredero de la habanera, especialmente en su primera manifestación: la milonga. En los Estados Unidos, los pocos pieles rojas que quedan han conservado las antiguas d. mágicas, que por su profundo sentido religioso y también su hieratismo e ingenuidad, parecen guardar un curioso parentesco con las del viejo Egipto. A principios de siglo, la influencia negroide es muy visible en ciertas d. norteamericanas: el fox-trot, el shimmy, el charlestón, el Black-bottom y los lánguidos blues y slow, en los que tienen su origen muchas d. modernas.V. t.: BALLET; BAILE ESPAÑOL.SEBASTIÁN GASCH.
BIBL.: A. PuIG, Ballet y baile español, Barcelona 1944; S. GASCH, De la Danza, Barcelona 1946; F. DE MIOMANDRE, Danse, París 1935.
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