Cadalso, José
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Biografía GER
Escritor español; n. en Cádiz el 18 oct. 1741 y m. en el asedio de Gibraltar el 27 feb. 1782. Intentó despertar la dormida conciencia de los españoles poniendo al descubierto sus fallos. Su visión dramática de la vida española aproxima su mentalidad a la de los hombres del 98. La concisión de sus artículos y la sencillez de la lengua hacen de él uno de los periodistas más logrados y precursor al mismo tiempo del moderno periodismo político español.Vida y obra. Se educó en el Colegio de los jesuitas de su ciudad, donde era rector un tío suyo, y completó estudios en el Seminario de Nobles de Madrid. Llegó a dominar varias lenguas entre ellas el latín. Muy joven se sintió atraído por la vida militar, en la que ingresó después de haber realizado un provechoso viaje a París. Los estudios realizados fuera de España le dieron una amplia perspectiva de la vida y un punto de referencia con respecto a los males que aquejaban a España. Fue caballero de la Orden de Santiago. Realizó sus primeros hechos de armas en la frontera portuguesa. Por su valor e hidalguía consiguió ser ayudante del conde de Aranda. Ascendió a capitán poco después de la guerra y con su regimiento vivió en Zaragoza, Madrid, Alcalá y Salamanca. Alcanzó el grado de comandante. De 1764 a 1777 alternó la milicia con la crítica, la erudición, la poesía y el teatro. Se relacionó con casi todas las figuras literarias de su tiempo. Convivió en Madrid con Moratín padre, al que le unió un sincero afecto. Asistía asiduamente a las reuniones de la Fonda de San Sebastián. En Salamanca vivió intensamente los ambientes literarios. Era conocido en ellos por el nombre pastoril de Delmiro y fue el valedor ante los ingenios de la corte de los poetas salmantinos que por aquel entonces comenzaban su carrera.
Hacia 1768 conoció a la actriz María Ignacia Ibáñez, con la que vivió un apasionado romance hecho tragedia en su carne y en su obra. Parece que había decidido casarse con ella y los consejos leales del conde de Aranda calmaron sus ánimos y le hicieron olvidar semejante desatino. La cantó con el eglógico nombre de Filis en algunos poemas más elaborados que inspirados. Su amor fue sincero y la actriz le correspondió con idéntico afecto. Hay un apasionante episodio, más romántico que verídico, según el cual, muerta María Ignacia, el poeta, en un rapto de frenesí, decidió desenterrarla. Esta manía, transformada en honda locura aunque, afortunadamente, pasajera, obligó a su buen amigo el conde de Aranda a imponerle un suave destierro. Lo cumplió en Salamanca, donde vivió exclusivamente para la poesía y las letras. Es muy posible que por esta época redactara las Noches lúgubres, resuelto ya, a satisfacción, el problema de su paternidad. Apasionado en todo, acudió al cerco de Gibraltar en 1779. Consiguió la graduación de coronel y durante unos años sólo vivió para esta acción de guerra. Fue un héroe épico y romántico en vida y en el momento de su muerte.
Como escritor ha dejado prosa erudita, prosa poética, prosa crítica, teatro y poesía. Creó dentro de la prosa erudita una suave sátira (al estilo de La derrota de los pedantes, de Moratín), que tituló Los eruditos a la violeta, y que es, al decir del autor, un curso completo de todas las ciencias publicado en obsequio de los que pretenden saber mucho estudiando poco. En prosa poética nos ha dejado unos desconcertantes diálogos autobiográficos donde se cuentan apasionadamente sus trágicos amores con la actriz. Es obra romántica y se percibe en ella la influencia del poeta inglés Young. En el campo de la prosa crítica dejó una obra definitiva, las Cartas marruecas, escritas a imitación de las Cartas persas de Montesquieu, muy hijas de su siglo y a la vez muy modernas por su contenido y forma. Se acercó al teatro con una tragedia de escaso interés, pese a dramatizar un tema heroico-nacional, Sancho García. Como poeta es mediocre. Ocios de mi juventud, no aportan novedad ninguna al desolado panorama poético de su tiempo. Alguna bella muestra anacreóntica a lo Villegas y Quevedo, dentro de la atildada atonía de la primera escuela salmantina. C. es un espíritu muy del s. XVIII que por razones vitales participó de un exaltado romanticismo. Las Noches lúgubres, interesantísimas para su biografía, no definen un estilo. En estos diálogos se muestra pedante, efectista y hueco. Una retórica de no muy buena ley se adereza con escenas macabras de cementerios, tumbas, paisajes nocturnos y aves lastimeros.
Las "Cartas marruecas". El auténtico escritor hay que buscarlo en las Cartas marruecas. En tersa prosa, con una sencillez arrebatadora, C. va pasando revista a los problemas de España. Se vale de una simple ficción, un cruce de epístolas entre dos marroquíes, uno de los cuales recorre España y cuenta a su amigo la situación en que se encuentra la nación visitada en todos los órdenes. Las epístolas son pequeños artículos, ensayitos o glosas muy bien logrados y en cada uno se expone un punto distinto. La temática es muy amplia: se habla del atraso de las ciencias y sus causas, de la falta de educación de la juventud, de la relajación de las costumbres, del carácter, de la afición desmedida al lujo, del problema tan hispano de la fama, del innato orgullo, del abuso del "don" y otros muchos problemas que atañen a la lengua, a la historia, a la política, al hombre integral. De los tres personajes, la ideología expresada por Nuño representa la mentalidad del autor; en algunas ocasiones la encarna también Gazel. J. Tamayo, en la edición de Cartas marruecas, dice que "están empapadas de este espíritu de humanidad, de esta categoría ética, que le hace afirmar que ninguna fama póstuma es apreciable, sino la que deja el hombre de bien y le conduce a la conclusión pedagógica de que el maestro debe procurar que prefieran los discípulos la Bondad a la Sabiduría, lo cual representa el triunfo de la Educación sobre la Enseñanza" (Pról. a las Cartas marruecas, Madrid 1935, 43-44). Las Cartas no constituyen una sátira amarga y desengañada de la vida, ni siquiera ofrecen una situación derrotista de los españoles y España: estamos aún lejos de Larra y más lejos todavía de los noventaiochistas. C. es amable e instructivo; ironiza solamente.
P. CORREA RODRIGUEZ.
BIBL. : I. CADALSO, Obras, 4 vol., 2 ed., Madrid 1818; ID, Noches lúgubres, ed. de N. GLENDINNING, Madrid 1961; ID, Cartas Marruecas, ed. de I. A. TAMAYO, Madrid 1935; I. TAMAYO, Cartas marruecas del Coronel Don Joseph Cadahalso. Estudio crítico, Granada 1927; N. GLENDINNING, Vida y obra de Cadalso, Madrid 1962 obra muy interesante); I. TAMAYO, El problema de las "Noches lúgubres", "Rev. de Bibliografía Nacional" IV 1943) 325-370; E. LUNARDI, La crisis del 700. José Cadalso, Génova 1948; I. F. MONTESINOS, Cadalso o la noche cerrada, en Ensayos y estudios de literatura española, Madrid 1959, 152-169.Guarda este contenido en tu perfil
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