Caballerías, Libros de LIT.
Categoria:
Literatura
GÉNERO LITERARIO. 1. Introducción: La Edad Media y el mundo caballeresco. a) La caballería como institución. La c. como institución axial y producto típico de la Edad Media europea surge de un sistema de vida basado en el régimen de vasallaje (relación servicioprotección o serviciopremio, según los casos) cuyas raíces se hunden, como ha demostrado Marc Bloch (v. o. c. en bibl.) en las últimas formas de vida del Imperio romano. Pero sólo cuando la sociedad medieval cristaliza en lo que en el castellano de la época se llaman los "estados" (estamentos sociales rígidos) es cuando se vislumbra con nitidez la institución de la c., y cuando ésta refleja su importancia en la literatura caballeresca, dentro de la cual hay que situar la. novela o los 1. de c. El prestigio del caballero como máxima figura representativa del orden social de castas propio de la Edad Media coincide con la eclosión en Europa del feudalismo y en Castilla con la del régimen señorial. La literatura caballeresca acompaña, en su evolución del esplendor a la decadencia, a esta sociedad medieval surgida tras la disolución del Imperio carolingio.b) La caballería como ideal. La c., dice P. Bohigas en su edición de Tractats de Cavalleria (Barcelona 1947), "fue mucho más que un arma de la milicia; fue una clase, la más próxima a los que ejercían el poder, la que debía sostenerlos con las armas, y la que sintió más intensamente los ideales de aquella sociedad, de la cual fue el principal estamento. El ideal religioso enardeció a los hombres de la Edad Media, y la caballería se asignó como misiones importantísimas, además de la fidelidad al señor y su defensa contra los enemigos, la defensa de la cristiandad, la protección de la Iglesia y la guerra contra los infieles". En la formación de un ideal caballeresco, el enunciado representa la superación de una larga etapa, la de los siglos de la Alta Edad Media, en que no cabe hablar de caballeros con el complejo significado con que la Edad Media tardía nos ha legado esta figura, sino simplemente de guerreros. Carl Erdmann en Die Enistehung des Kreuzzugsgedankens (1935) señala el s. Ix como el de un relativamente lento proceso en que la Iglesia, a partir de algunas órdenes monásticas, empieza la tarea de convertir la militia saecularis en militia Dei, o al menos en conciliar ambas; pero hasta el s. xi, desde Francia, no irradian los nuevos ideales caballerescos, señalando, como se verá más adelante, el nacimiento de la literatura caballeresca; todo lo cual, se puede añadir, supone la transformación del guerrero en el caballero cristiano defensor del orden europeo medieval, cuyos símbolos máximos encarnan en las figuras del Papa y del Emperador, no siempre en armonía, como se sabe.Esta idea del caballero como defensor y no como agresor aparece cada vez más arraigada en la concepción bajomedieval de la milicia, hasta el extremo de que se le designe con este nombre las más de las veces en los escritos teóricos sobre la c. Así, el infante D. Juan Manuel (v.) en el Libro de los Estados, cap. XCII, dice: "et pues que lo queredes saber, digovos que todos los estados del mundo que se encierran en tres: al uno llaman defensores, et al otro oradores, et al otro labradores"; de la misma manera lo encontramos en las letras catalanas. Pedro III en su Tratado de Caballería dice taxativamente: "Dellensors son un dels estaments per qué Déu volch que.s mantengués lo mon", y en plena crisis de los ideales medievales, que coincide precisamente con el florecer renovado de los 1. de c., aún resuena el prestigio del estado caballeresco como defensa de un orden divino en estas palabras de El Victorial, crónica particular donde por lo demás se produce la fusión de elementos de la c. histórica con la literaria: "Primeramente diré que es oficio e arte de caballería e dónde e por qué se levantó, e a qué provecho le fizieron los honbres, e cómo comencaron a ser los honbres fidalgos: que a estas cosas todas binieron así a ser hechas por dispensación de la potencia divina, que le plugo ansi de hordenar el mundo, que oviese tres estados de gentes: oradores, e defensores, e labradores, e que cada uno usase de su oficio" (del Proemio, ed. Mata Carriazo). Este ideal del caballero como defensor pasa a los 1. de c. desde sus orígenes hasta la aparición del más grande de los caballeros andantes: Don Quijote de la Mancha (v. QUIJOTE, EL). El espíritu eclesiástico de la época se encargó además de insuflar a la c., a partir de la idea de su misión defensora, el carácter de Orden parareligiosa, elevando la concesión de la condición de caballero a categoría sacramental, como puede leerse en el Libro de la Orden de Caballería de R. Lulio (v.) o en el Libro del Caballero y del Escudero del citado D. Juan Manuel. Las complicadas ceremonias en que un caballero novel es armado caballero, tan repetidas en los libros y novelas de c., reflejan perfectamente este sentido sagrado del ejercicio de las armas aun dentro de un mundo de aventura y fantasía.La Iglesia se encargó también de despaganizar leyendas y mitos heredados de épocas anteriores, como la llamada Materia de Bretaña (v.) (historias del rey Arturo y los Caballeros de la Tabla Redonda, leyendas de Parsifal yel Santo Graal, etc.), o de orientar en un sentido católico la épica novelesca surgida en torno a Carlomagno y sus campañas militares. Habría, en fin, que completar el complejo cuadro de la institución caballeresca en su doble vertiente histórica y literaria con ideales paralelos aportados por el Islam a través de España y la cultura hispanoárabe.
2. La literatura caballeresca: los libros de caballerías. Se designa con el epígrafe el conjunto de obras surgido del fondo de la Edad Media como reflejo de una sociedad vasallática y expresión de los ideales y de la particular concepción del mundo de la clase que ejercía el poder, según queda expuesto en la introducción. Dentro de esta literatura se distinguen los 1. de c., o sea, de hazañas de caballeros singulares, por su carácter novelesco, rasgo éste que los separa de tratados y obras doctrinales sobre la materia. Al mismo tiempo, las narraciones caballerescas más antiguas, como las del ciclo artúrico, hunden sus raíces en tradiciones anteriores a la aparición de la c. como estado, mientras que los relatos más modernos sobreviven alrededor de un siglo a la desaparición de la sociedad que les dio su razón de ser. Claro está que entre aquéllas y éstos la evolución es grande dentro del género, si de género cabe hablar. Esta evolución más que en la temática, muy compleja de suyo, se manifiesta en el espíritu y en la forma, de manera que entre un poema caballeresco de Chrétien de Troyes (s. xii; v.) y un relato en prosa cómo el Palmerín de Inglaterra (s. xvi) hay la distancia que media entre la poesía recién desgajada del gran árbol épico y una novela de aventuras, aunque en ambos casos se agrupen bajo el concepto genérico de 1. de c. Y es que este tipo de literatura ha debido su resistencia a desaparecer a su capacidad para asimilarse a otros géneros literarios y a su capacidad de transformación de otras formas expresivas: el tratado, la crónica, la novela bizantina y la eróticosentimental, el romance e incluso la épica artística, la novela pastoril y la tragicomedia renacentistas.Una vez apuntada la dispar variedad del género, variedad impuesta por su azarosa trayectoria histórica y geográfica, podemos analizar aquellas características permanentes que dan a los 1. de c. ese inconfundible aire de familia. Dejamos para más adelante la referencia al origen común e interferencias temáticas de muchos de ellos:a) La aventura caballeresca. Destaca en primer lugar la referida índole novelesca de estos relatos, que no aparecen nunca, por supuesto, con el nombre de novela, que en aquellos tiempos representa el relato breve o la novela corta actual, sino con los de "libro", "historia", "crónica", cuando se trata de obras escritas en castellano; roman, cuando son obras francesas o inglesas y alemanas, directamente sometidas al modelo francés. Pero ello no obsta para que, desde nuestro actual concepto de los géneros literarios, se pueda aplicar a las creaciones singulares de esta literatura la denominación de novelas o relatos novelescos, entendiendo por ello un género narrativo diferenciado de lo épico por lo que tiene de sucesión de episodios desconocidos, de cosa no sabida, sometida a lo azaroso del futuro, a la aventura; no, ciertamente, en el sentido de la novela moderna, en que el héroe mismo se va haciendo a lo largo de la narración, sino en los sucesos que le acaecen al héroe, pues éste responde en el relato caballeresco a una tipología previa. El carácter novelesco tiene que apoyarse, por tanto, en la aventura como algo sorprendente, aun en aquellos casos en que como en las novelas del ciclo carolingio se conozca el antecedente épico de que proceden, o en otras como las que recogen el tema de Tristán e Iseo, en que una
trágica fatalidad marque ya, anulándolo en cierto modo, el futuro de los protagonistas. Sí, los asuntos pueden ser conocidos y de hecho lo son en su mayoría del público a quienes van destinados, pero es lo que denominaríamos l& tensión novelesca del relato lo que le confiere una actitud nueva en el lector excitando su imaginación y su fantasía. Por estas razones, el elemento maravilloso acompaña necesariamente a la aventura, hasta el extremo de ocultarla en su misma frondosidad, sobre todo cuando el género da señales de agotamiento y cae en lo que el investigador de esta literatura Adolfo Bonilla y San Martín, siguiendo a Menéndez Pelayo, calificó de "novelas extravagantes" que proliferan en el otoño medieval y durante el s. xvt en las letras españolas, narraciones como La destrucción de Jerusalén, Roberto el Diablo, Historia de Clamades y Clarmonda, El Conde Partinuples, etc.
b) El paisaje caballeresco. Este encuentro con lo maravilloso impregna de misterio los relatos de la caballería rodeando de un halo de magia a personajes y aventuras. Se trata de crear un ambiente irreal alejando la realidad por todos los procedimientos posibles, lo que al mismo tiempo permite al autor de la narración no observar siempre una estricta coherencia en los sucesos que refiere. El mar es el fondo paisajístico predilecto de los 1. de c. como elemento de aventura y ensueño, el mar visto con la perspectiva de la geografía fantástica medieval. Aparece como constante temática en la casi totalidad de los 1. de c. entroncando con la primitiva tradición novelesca de los poemas homéricos, emparentándose con la novela bizantina y mezclándose con los grandes hechos de armas de la historia medieval como las Cruzadas, la toma de Constantinopla recogida en la Historia de Villehardouin (1207) y las expediciones marítimas de los almogávares, auténtica aventura caballeresca que encuentra en el catalán Muntaner (12651336; v.) a su célebre cronista. Cabe citar, escogidos entre los múltiples ambientes marítimos de los 1. de c., la famosa navegación a Tintoyl, el navío de la vela negra o de la vela blanca de los relatos idealistas de Tristán e Iseo, la leyenda fantástica del Doncel del Mar, en Amadís de Gaula, la maravillosa singladura de Partinuples al castillo de Cabezadoyre, como relato de aventuras, o bien los múltiples escenarios marítimos de la novela valenciana Tirant lo Blanc, presentados con una sorprendente técnica de aproximación realista. La Gran Conquista de Ultramar, versión castellana del s. xiv sobre textos franceses en torno a la fundación del primer reino de Jerusalén por los cruzados, está llena de navegaciones además de intercalar, con objeto de elevar el tono fabuloso de esta pintoresca novela histórica, la leyenda del Caballero del Cisne.Así, en la mentalidad medieval que preside estos libros conviven con fronteras inciertas fantasía y realidad, y los caballeros con sus damas transitan un mundo donde al lado de jirones de realidad (Irlanda, Cornualles, Constantinopla, Italia, etc.) flotan territorios fabulosos como las típicas ínsulas de que están plagadas estas novelas: la "Isla Profunda", la "Isla Peligrosa", la de "Avalon", tierra del rey Arturo, o lugares encantados como el "Palacio Aventuroso" del Lanzarote del Lago o el "Montsalvat" de la leyenda de Parsifal. Invitando a soñar en tiempos remotísimos el misterioso y célebre Kamaalot, Camaalot o Camelot, especie del mágico Megarón, donde reinaba feliz el rey Artús o Arturo rodeado de los 150 Caballeros de la Tabla Redonda y aconsejada por el sabio Merlín. Después del mar con sus islas y puertos fantásticos, el paisaje caballeresco se completa, tierra adentro con selvas y florestas pobladas de castillos encantados. En estos parajes aguarda el caballero andante su cita con la aventura que puede consistir en el feliz encuentro con una hada, una doncella, u otro caballero andante, o por el contraria con un dragón, un jayán o un malandrín. Precisamente, el Orlando Furioso de Ariosto (v.) (14741533) y Cervantes en su Quijote (v.) obtendrán su éxito manejando paródicamente estos tópicos de la novela de c.c) Los personajes. En los 400 años que abarcan los 1. de c., los personajes más importantes como Tristán, Lanzarote, Galaad, Ivain, el rey Arturo, Merlín, el rey Marcos de Cornualles, Roldán, Carlomagno, etc., entre los personajes masculinos; Iseo, Ginebra, la reina Sevilla, Oriana, el hada Morgana, Urganda la Desconocida, Briolanja, Placerdemivida, etc., por parte de los femeninos, cruzan los relatos caballerescos agitados por la pasión amorosa, que unas veces se expresa dentro de las normas espiritualistas del código caballeresco gótico, y otras, sobre todo a partir de la descomposición de los valores medievales, inflamados por la sensualidad más desbordante. El vitalismo subyacente en toda la sociedad medieval estalla a lo largo de los relatos, en los que abundan como temas centrales la entrega amorosa de la doncella en busca del placer y el adulterio. Frente a esta postura vital, la actitud contraria, de renuncia y de sentimiento del pecado crea la tensión trágica patente en tantas novelas caballerescas y que explica el frecuente tipo del ermitaño y del pecador o el origen diabólico dé algunos personajes como Merlín o Roberto, duque de Aquitania.c) Valoración literaria. Siendo la novela de caballerías un género tan receptivo de influencias sociales e históricas, sólo se puede hablar de estilo caballeresco por lo que se refiere al fondo común de esta literatura: culto a la mujer, sentido del honor y espíritu de aventura. Por lo que hace a la forma, el único rasgo de la lengua y estilo de los 1. de c. puede resumirse en la búsqueda de la nobleza en los medios expresivos. En los poemas franceses del s. xti, la proximidad al lenguaje épico de los cantares de gesta (v. CHANSONS DE GESTE) es evidente tanto más cuanto que el foco de formación de ambos géneros coincide lingüísticamente. La existencia de la lírica trovadoresca (v. TROVADOR I) y las formas derivadas del dolce stil nuovo (v.) italiano se dejan sentir en el roman courtois o en la novela caballeresca catalana como Curial e Güelfa (v.). En Alemania, los poemas caballerescos se contagian de los cantores del Minnesang (v.) a el amor cortés. Cuando en el s. xv surge la novela sentimental con las alambicadas epístolas amatorias, la novela caballeresca, tal el Amadís de Gaula (v.), echa mano de este recurso literario, y con el Renacimiento el mundo pastoril impregna de bucolismo las novelas de c. españolas que proliferan en el s. xvr. De la misma manera, el estilo caballeresco colorea no pocos pasajes de textos renacentistas, invadiendo casi todas las manifestaciones literarias: las "ínsulas extrañas" de S. Juan de la Cruz (v.), el "castillo interior" de S. Teresa (v.), el palacio encantado de la maga Saje en un texto de matiz tan erasmista como el Crotalón, etc., son muestras de la supervivencia de los ambientes de la novela de c.3. Historia del origen y evolución de los libros de caballerías. Entre los s. ix y xi, al producirse la transformación de la sociedad feudal surgida del Imperio carolingio, Francia, baja el esplendor de la reforma religiosa llevada a cabo por las órdenes monásticas, se pone a la cabeza de Europa y es centro de irradiación cultural. La invasión de Inglaterra por los franconormandos en 1066 la pone en contacto con las tradiciones célticas que se incorporan al mundo caballeresco francés donde ya florece la chanson de geste (la de Roldán, ca. 1070). La nueva mentalidad caballeresca está formada, y un siglo después el matrimonio de un Plantagenet con una princesa provenzal, Leonor de Aquitania, simboliza la fusión de la Francia del Norte, gótica espiritualista y guerrera con la del Sur, la del amor cortés y los trovadores. El s. xii, enmarcado entre la primera y cuarta Cruzadas, es el del llamado primer renacimiento francés. Por lo que se refiere a la literatura caballeresca, se realiza en Francia la fusión dentro del roman courtois de los dos grandes ciclos novelescos: el artúrico y el carolingio. Desde aquí se difunden en múltiples variantes, adaptaciones e interpolaciones por Europa, lo que nos permite distinguir tres periodos en la evolución de estas obras: francés (s. xii), alemán (s. xiii) y español (s. xivxvi).a) Periodo francés. Por ser el más antiguo, presenta las versiones más primitivas. Los orígenes épicos de parte de los poemas franceses aparecen patentes, ya que en el s. xii coexisten la chanson de geste y el roman courtois influyéndose recíprocamente. Ejemplo típico de ello es Le Pélérinage de Charlemagne, relato fabuloso de la peregrinación y aventuras del Emperador y los Doce Pares a los Santos Lugares. Es coetáneo de una de las versiones más antiguas del tema bretón de Tristán e Iseo: el Tristán del normando Béroul (ca. 1150). Aliscans y la Chanson d’Aspremont son poemas de acusado sentido caballeresco. Para ser auténticos 1. de c. sólo les falta el culto a la mujer y el servicio y vasallaje amoroso. Esto será obra del creador de la novela caballeresca: el ya citado Chrétien de Troyes, refundidor de la Materia de Bretaña y transmisor a todo el occidente europeo del extraño mundo de la mitología céltica anterior a la invasión sajona. "Chrétien de Troyes tiene el mérito de haber transferido a la novela el amor cortés inventado por los trovadores. Pero sus héroes sólo conquistan a sus damas por medio de la aventura, la cual se desarrolla a menudo en un mundo de hadas" (P. Groult y V. Emonde). Chrétien de Troyes desarrolla poemáticamente los temas culminantes de la tradición céltica que ya se encuentran recogidos en las obras latinas de Godofredo de Monmouth (Historia Regum Britanniae y Vita Merlini) ambas de la primera mitad del s. xii y en el Roman de Brut del anglonormando Wace (1155). Entre 1160 y 1190 aprox., Chrétien de Troyes compone los poemas caballerescos Erec, Tristán e Iseo (perdido), Lanzarote o el caballero de la carreta, Ivain o el caballero del león y Perceval o el cuenta del Graal. De estos primitivos textos surgen inmediatamente nuevas versiones en verso o en prosa como las de Roberto de Boron (finales del s. XII) y la famosa Queste del Saint Graal (ca. 1220) atribuida a Gualterio Map, donde Perceval es sustituido por el caballero virgen Galaad, hijo de Lanzarote, convirtiendo el tema en una novela mística en prosa influida por las doctrinas de S. Bernardo de Claraval (v.). Siguen nuevas versiones y el tema de Merlín conoce un gran desarrollo, coloreándose de sentido religioso hasta producir el relato caballeresco y hagiográfico de Roberto el Diablo (para evolución y variantes, v. ii).b) Periodo alemán. Inspirado en el roman courtois pena todo el s. XIII y recoge los ternas tratados por Chrétien de Troyes. Las diferencias más notables con el modelo francés son éstas: mayor pe rsonalismo (la obra aparece más individualizada, como creación singular de un poeta), código moral más idealista, mayor perspectivismo en la narración. Destaquemos entre estos poetasnarradores a Enrique de Feldeke, que escribió a finales de s. xii el más antiguo de los poemas caballerescos alemanes: Eneida, de tema clásico y tratamiento romántico; Hartmann von Aue (11601210; v.), autor de un Iwein en que sigue elmodelo francés; el caballero errante Wolfran von Eschenbach (11651220; v.), quien en su Parsifal desarrolla todas las posibilidades dramáticas de la leyenda artúrica. Titurel y IVillehalm son otros dos poemas suyos, de tema bretón y carolingio respectivamente. Godofredo de Estrasburgo (v.) compone hacia 1215 un nuevo Tristán e Iseo. Conrado Fleck escribía entre 1215 y 1230; su poema Flores y Blancaflor, abuelos legendarios de Carlomagno, son la representación del amor puro. Recoge esta novelita caballeresca uno de los temas carolingios más difundidos en la Edad Media y que ofrecen más variantes e interpolaciones. Probablemente, se trata de una narración de origen persa. A finales de la misma centuria en Alemania ya están formadas también las leyendas caballerescas de Tannhduser y Lohengrin.
c) Los libros de caballería españoles (v. ii). El auge de la literatura caballeresca coincide en España con la crisis de la sociedad medieval, las guerras civiles de los s. xiv y xv y el Renacimiento. Dos obras surgidas probablemente en la misma época (principios del s. xiv), pero con destinos diferentes, destacan por su singular carácter en las letras castellanas: El Caballero Zifar (primera impresión, Sevilla 1512) y el Amadís de Gaula (Zaragoza 1508). La primera de estas obras plantea el problema del posible mestizaje cultural de tantas obras españolas injertadas de esencias semíticas. La segunda presenta un caso típico de recreación hispánica de unos materiales europeos y un intrincado problema de orígenes. Otras dos obras españolas, impregnadas de sensualidad mediterránea y esencias boccaccianas cierran esta breve ojeada a la novela de c. en la Edad Media española: las catalanas Tirant lo Blanch de Joanot Martorell (v.) y Curial e Güelfa (v.), de autor anónimo, cuyo asunto es de procedencia italiana. Ambas del s. xv.En el s. xvi, la novela de c. gozó de una gran popularidad hasta la aparición del Quijote. De España se difundió por toda Europa y alcanzó nueva vida en los poemas artísticocaballerescos italianos de Pulci (v.), Boiardo (v.) y, sobre todo, Ariosto (v.), cuyo Orlando furioso combina y funde en una magistral creación los temas carolingios y artúricos, sentimentalismo medieval y alegría renacentista.MANSBERGER AMORÓS.
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