Tendencias
Concepto. La palabra t. (del latín tendere, ir hacia, tender) es equivalente del término alemán antrieb, que a su vez deriva de triebe, instinto, al que la partícula an modifica en el sentido de "adscripción a un centro personal que emana" (A. Serrate, Cuestiones terminológicas, en P. Lersch, o. c. en bibl., XLII-XLIII). T. es por tanto, en un sentido general, lo equiparable a "instinto humano" y lo contraponible a "instinto animal" (V. INSTINTOS).
Sin embargo, dada la falta de uniformidad terminológica en la Psicología (v.) contemporánea, al estudiar las diferentes facetas del comportamiento del hombre, el criterio aquí adoptado de considerar la t. como instinto humano, con las debidas matizaciones, exige que se tenga en cuenta también la terminología y criterios adoptados por otros autores al describir los diversos componentes que intervienen en la conducta (v.). Por eso, para un encuadre de esta temática es conveniente consultar en esta Enciclopedia las voces análogas, en particular APETITO; IMPULSOS; INSTINTOS; MOTIVACIONES y PASIÓN. Contribuyen a una visión complementaria las voces AFECTIVIDAD; ÁNIMO, ESTADOS DE; SENTIMIENTOS; VIVENCIA. Nos limitamos en el presente trabajo a una descripción fenomenológica de las t., mostrando las diferencias con el instinto animal, y a exponer una clasificación de las mismas.
Fenomenológicamente, las t. aparecen como uno de los motores de la vida psíquica, en respuesta a las necesidades que se plantean en la relación que el hombre mantiene con su mundo. De esta manera, las t. ponen en marcha lo psíquico y lo dirigen, en una dimensión temporal, a la consecuencia de un estado aún inexistente. Esquemáticamente, se pueden distinguir en la t. tres rasgos constitutivos: a) estado fundamental de necesidad; b) proyección hacia un futuro y anticipación de un interrogar y un buscar; c) el ser impelido por aquello a lo que se tiende, o sea, la dirección esquemática hacia el fin que ha de ser alcanzado. Entendida así la t. (que es como la conciben Merleau-Ponty, M. Boss y los representantes de la analítica existencial), ésta se manifiesta en el acto por el cual el objeto o la meta, que se ha hecho significativo como necesidad, entra en relación conmigo. Es una relación que el hombre establece con un objeto o meta significativo, en virtud de su valor, que lo hace destacar en un marco concreto de referencia, actualizada en un "movimiento hacia", dado en un espacio y un tiempo también concretos.
Tendencia e instinto. Se ha definido genéricamente la t. como el "instinto humano". Es necesario precisar las diferencias que en el plano instintivo y tendencial separan al animal y al hombre. Una primera distinción, basada en las ideas de Klage, la hace Lersch al afirmar que, así como en el animal el impulso instintivo está teleológicamente dirigido hacia una meta, de la cual, así como del camino que a ella conduce, el animal no tiene representación consciente, en el hombre hay un conocimiento del fin y una comprensión de la circunstancia y relaciones de la t., lo que da posibilidad de que la conducta no esté determinada, a diferencia del animal, exclusivamente por la acción tendencia], pudiendo intervenir los procesos intelectivos (v. CONOCIMIENTO) y el ejercicio de la voluntad (v.), entrando en juego así la libertad (v.).
En este sentido ahonda Jolivet al decir que la diferencia, en el plano instintivo y tendencial, entre el animal y el hombre estriba en que, así como el instinto está encerrado y a la vez limitado por el acto, la t., por efecto de la capacidad volitiva, se separa en cierto modo del acto, pudiendo permanecer potencial, haciéndose plástica, multiforme, susceptible de desviación y suplencia. Es decir, que así como en el animal a todo apremio instintivo sigue necesariamente una conducta que intenta calmarlo, en el hombre existe siempre la posibilidad de tomar postura frente a sus t., de tal forma que a éstas no sigue necesariamente el acto que las satisface, sino en la medida que el sujeto que las experimenta consiente en ello.
Clasificación. Ha sido un problema largamente debatido por filósofos y psicólogos. En general y esquemáticamente, pueden distinguirse dos grupos de clasificaciones: a) las monotemáticas, de los autores que piensan que existe una sola t. primordial, susceptible de presentarse y de ser descrita de diversas formas (egoísmo, en Bentham y La Rochefoucauld; obtención del placer y evitación del displacer, en Epicuro; y bajo la forma de la teoría de la líbido, en Freud; deseo de poder, en Adler, del cual podemos considerar antecedentes en Maquiavelo y en Hobbes, etc.), y b) las politemáticas que, aceptando t. diversas y separadas, oscilan entre las tres que consideraba Schopenhauer (egoísmo, maldad y compasión) al atomismo tendencial de McDougall, que describe hasta 18, a manera de un largo catálogo inconexo. Junto a estos dos modos de clasificación, está la teoría atemática que, reconociendo la pluralidad de las t., afirma que es imposible una sistematización lógica de las mismas.
Dentro de las teorías politemáticas, la más coherente es la de Lersch (v.), fundamentada en una concepciónantropológica explícita. Distingue entre: a) t. de la vitalidad, entendida como fondo vital, como "soporte anónimó de toda vida individual", impulso a la actividad, t. al goce, líbido, impulso vivencial; b) t. del yo individual: instinto de conservación, egoísmo, deseo de poder, necesidad de estimación, aspiraciones, afán vindicativo y deseo de autoestimación; y c) las t. transitivas, en las cuales el hombre se trasciende a sí mismo, proyectándose hacia un mundo de valores suprapersonales: t. dirigidas hacia el prójimo, t. del ser-para-otro, impulso a crear, deseo de saber, amor, t. normativas y, por último, t. trascendentes que aparecen como impulso artístico, como aspiración metafísica y como búsqueda religiosa. Para una profundización de las conexiones entre t. y conocimiento, sobre todo en el plano de las t. aquí enumeradas como trascendentes, v. APETITO, 6.
J. RUBIO ESPINA.
BIBL.: P. LERSCH, La estructura de la personalidad, Barcelona 1964; R. JOLIVET, Tratado de Filosofía, II, Buenos Aires 1956; R. BRENNAN, Psicología general, 2 ed. Madrid 1969; A. MILLAN PUELLEs, La estructura de la subjetividad, Madrid 1966; R. VERNAUx, Filosofía del hombre, 3 ed. Barcelona 1971; y las bibl. de las voces mencionadas en el 2° párrafo.
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