BASILICA DE SANTA CLARA (Asís)
por Gualtiero Bellucci, o.f.m. [Para más información sobre el Crucifijo de San Damián, que se conserva en la Basílica de Santa Clara, véase nuestra sección dedicada al mismo: http:
www.franciscanos.org/enciclopedia/cruzsandamian.html] «Clara. Clara, que pertenecía a una noble y rica familia de Asís, a los dieciocho años de edad, en 1211, abandonó un futuro de felicidad terrena para compartir la pobreza, el amor al Evangelio y el ansia de vida apostólica de su conciudadano Francisco. Recibió de él el sayal de la penitencia en la iglesita de la Porciúncula en Santa María de los ángeles, y se encerró después en el monasterio de San Damián, donde hizo de toda su vida un continuo acto de oración, de penitencia y de amor silencioso por Dios y por todos los hombres. De ella nació y continúa floreciendo en todo el mundo una Orden de vida contemplativa, la de las Clarisas». En vida de san Francisco, se levantaba, en la zona donde está la actual Basílica de Santa Clara, la iglesia de San Jorge, que ha quedado incorporada a la propia Basílica. Aquí en San Jorge el Santo se hizo mendicante en los comienzos de su conversión. San Jorge fue también el lugar de la primera sepultura de san Francisco, hasta 1230, y de santa Clara después, hasta 1260. Aquí Francisco fue proclamado Santo (1228)
Después de la canonización de santa Clara, que tuvo lugar en 1255, se construyeron el monasterio para las clarisas y la Basílica dedicada a la Santa (1257-1265)
En la Basílica están ahora sepultadas: santa Clara, sus hermanas santa Inés y la beata Beatriz, y su madre la beata Ortolana. Todas ellas fueron monjas del monasterio de San Damián. En este templo gótico se guarda el Crucifijo que habló a Francisco en San Damián. Se conservan también obras de arte valiosísimas sobre tabla, frescos de notable importancia y esplendor, como también insignes reliquias de los santos Francisco y Clara, custodiadas con gran amor. La Basílica.- Esta espléndida Basílica asisiense es la venerable iglesia que la fe y la piedad popular han erigido en honor de la primera y más fiel discípula de san Francisco: Clara de Asís. Comenzó su construcción el año 1257, cuatro años después de la muerte de la Santa y a los dos años de su canonización, que tuvo lugar en Anagni por parte de Alejandro IV el 26 de septiembre de 1255. La Basílica se terminó en 1265. El venerable cuerpo de la Santa fue colocado bajo el altar mayor del templo el 3 de octubre de 1260. Se levantó en el lugar donde estaba la antigua iglesia de San Jorge. Al lado había una escuela donde Francisco aprendió a leer y escribir. En este lugar fue sepultada también Santa Clara, en el sepulcro que ya había sido de Francisco, siguiéndolo en la muerte como en la vida, y aquí permaneció la Santa durante siete años, hasta que fue sepultada en la iglesia erigida en su honor. La Basílica de Santa Clara fue edificada, en opinión de algunos, según el proyecto del franciscano Fr. Felipe de Campello, pero en realidad se ignora quién fue el arquitecto. Es de estilo gótico-umbriano. La típica fachada, como todo el conjunto basilical, han sido embellecidos en el exterior con listas de piedra blanca y roja del Subasio. El portal es un alféizar con un marco sostenido por dos leones. En la fachada policroma, resplandece, dándole vida, un magnifico y doble rosetón adornado con un encaje de piedra de unas 96 columnitas. En el lado izquierdo del templo, tres gigantescos arbotantes de finales del siglo XIV sirven para equilibrar el empuje de las bóvedas, dando a la Basílica un aspecto verdaderamente inconfundible. Junto al bellísimo ábside poligonal adornado con tres elegantes monóforos, descuella ligero y solemne el esbelto campanario, el más alto de Asís, con su cúspide octogonal. El interior de la Basílica, que un tiempo debió de estar adornado todo él con frescos, es lineal y sencillo en su estructura gótica de cruz latina con una sola nave de cuatro entrepaños, con transeptos, ábside y un balcón corrido perimetral que gira bajo los monóforos. La Basílica se ha hecho todavía más solemne por el movimiento ascensional del pavimento y por los admirables haces de columnas de piedra que suben ágiles y solemnes a lo largo de las descarnadas paredes, dando a todo el ambiente una fuerza y un lanzamiento austero y singular. Encima del altar mayor, sobre el iconostasio con rejas de hierro forjado del siglo XVIII, obra de gran originalidad y de singular belleza, preside el conjunto la grandiosa y espléndida cruz moldurada (1255--1260), obra de altísima maestría, atribuida por la crítica al llamado «Maestro di Donna Benedetta», recientemente identificado con el pintor Benvenuto Benveni de Foliño, que se quiere que sea también el autor de la tabla de Sta. Clara y de la de la Virgen de la Cortina. Este pintor supo fundir el arte bizantino, importado por Pisa del imperio de Oriente, con el románico italiano. A los pies del Cristo, san Francisco y santa Clara orantes y la imagen de la abadesa Benedetta que la encargó. ésta es, sin duda, la obra más prestigiosa y antigua de la Basílica; fue terminada, en efecto, antes de 1260, año de la muerte de la abadesa Benedetta. Sobre el altar, en los cuatro plementos de la bóveda de crucero, el «Maestro expresionista de Santa Clara», es decir Palmerino di Guido de Asís (1330-1335), colaborador de Giotto en la Basílica de San Francisco, nos propone con formidable capacidad expresiva, emotividad y lirismo, el triunfo de la virginidad cristiana. En el plemento hacia el ábside, la Virgen con el Niño y a su derecha santa Clara; en el opuesto, santa Inés de Asís, hermana de Clara. En el plemento izquierdo, santa Catalina y otras santas, y en el derecho, santa Cecilia y santa Lucía. Toda la Basílica estaba pintada al fresco; pero en 1719, por falta de los fondos necesarios para la restauración pictórica y al decaer el aprecio por tales pinturas, todo el interior fue blanqueado. En el transepto izquierdo, resplandece en la pared un delicadísimo Nacimiento, de autor anónimo umbriano, llamado hoy «Maestro de la Natividad de Sta. Clara», que vivió en torno a la mitad del siglo XIV. Se trata de una pintura verdaderamente admirable por la gracia y el candor de la composición. Sobre el altar hay un estupendo icono de 1265, llamado «Virgen de la Cortina», realizado por Benvenuto Benveni de Foliño. En el mismo transepto, arriba, una serie de frescos de difícil datación; son escenas del Antiguo Testamento que, en la franja más alta, representan la creación de los animales, y, en la inferior, la construcción del Arca, la creación de los primeros padres, su desobediencia y el castigo del diluvio. Son obra de un excelente pintor asisiense de finales del siglo XIII. En la rama derecha del transepto, detrás del altar, una gran tabla en la que se lee una fecha: 1283. En esta obra de Benvenuto Benveni de Foliño (véase la imagen al final de esta página web), destaca por su altura la solemne y noble figura de Clara con la cruz en la mano, rodeada de ocho escenas de su vida. Se trata de una obra realmente notable por la fuerza expresiva y la compostura hierática de las figuras. Estos son los temas de las ocho escenas: Escena 1ª: El Domingo de Ramos, Clara recibe la palma de manos del obispo de Asís, Guido. Escena 2ª: Clara se presenta a Francisco en la Porciúncula. Escena 3ª: Vestición religiosa de la Santa, hecha por san Francisco. Escena 4ª: Clara resiste a su padre furioso agarrándose al altar. Escena 5ª: Santa Inés resiste a los que quieren arrancarla del monasterio. En la parte alta del mismo recuadro, san Francisco corta los cabellos a Catalina, cambiándole el nombre por el de Inés, porque había sabido luchar como la mártir romana. Escena 6ª: Clara realiza el milagro de la multiplicación de los panes para las monjas de San Damián. Escena 7ª: Un cortejo de vírgenes presidido por la Virgen rodean a santa Clara moribunda y la cubren con un velo. Escena 8ª: Los funerales de santa Clara presididos por el Papa Inocencio IV y los cardenales. En la parte alta, a lo largo de las paredes, numerosos frescos, bastante estropeados, del famoso Maestro expresionista de Santa Clara, Palmerino di Guido, de Asís (hacia 1310)
De notable belleza y fuerza plástica son las escenas de la muerte y de los funerales de santa Clara. Estos dos episodios del tránsito y de los funerales de la Santa, aún discretamente legibles en el transepto de la derecha, como también los episodios de la vida de Cristo, en lo alto, y otros fragmentos pictóricos dispersos en el ábside y en el templo, inducen a pensar concretamente en un vasto ciclo con historias de la Santa análogo al que existe de san Francisco en su Basílica superior de Asís. En la pared izquierda de la Basílica, cerca del altar mayor, se abre la capilla de Santa Inés, la hermana de santa Clara, que también murió en San Damián y fue sepultada probablemente aquí junto con su hermana la beata Beatriz y su madre la beata Ortolana, que fueron todas monjas del monasterio de San Damián. En la misma capilla han sido piadosamente sepultados los cuerpos de algunas beatas compañeras de santa Clara, monjas con ella en San Damián. En el lado derecho de la Basílica, por una puerta doble, se accede a la capilla de San Jorge, dividida en dos y convertida ahora por una vidriera en capilla del Smo. Sacramento y en oratorio del Crucifijo. Junto a esta iglesia, y hoy englobado en el claustro del Protomonasterio, hay un minúsculo oratorio en el que fueron custodiados celosamente los cuerpos de los santos Francisco y Clara antes de que se levantaran en su honor las Basílicas que llevan sus nombres. En el oratorio del Smo. Sacramento, lugar reservado perennemente a la oración y al silencio, en la pared izquierda, una espléndida pintura de Puccio Capanna (1342) con María, Sta. Clara, S. Juan Bautista, S. Juan Evangelista y S. Francisco. En la contrafachada, admirables frescos del siglo XIV: la Anunciación, el Nacimiento, la adoración de los Magos, San Jorge y el dragón, de Pace di Bartolo, de mediados del siglo XIV. Al lado de la capilla del Sacramento está el oratorio del Crucifijo. Aquí se guarda celosamente el precioso Cristo bizantino, de un pintor asisiense de mediados del siglo XII, que en 1206, en la iglesita de San Damián, habló al joven Francisco determinando con esto su conversión y la misión de toda su vida. En la contrafachada del oratorio (o pared de entrada) hay algunos frescos: Estigmas de S. Francisco; Virgen con Angeles entre los santos Roque, Jerónimo y Clara, todos de Francisco Tartaglia de Asís; y además un San Urbano, de Pace di Bartolo. Al fondo del oratorio están expuestas preciosas reliquias de los santos Francisco, Clara e Inés, junto con otros preciosísimos documentos franciscanos y un tríptico del espoletino Rinaldo di Rannuccio (hacia 1270) con escenas de Cristo y de la Virgen. En el monasterio se conservan celosamente vidrios esgrafiados decorados sobre fondo dorado por el franciscano Pietro Teutónico, que trabajó también para el Santuario de la Porciúncula. Por una escalera situada hacia la mitad de la Basílica, se baja a la cripta, realizada en la segunda mitad del siglo XIX y que refleja claramente los gustos de la época. Aquí son custodiados con gran amor los restos mortales de santa Clara, encontrados el 23 de septiembre de 1850 en un sarcófago, todavía visible, bajo el altar mayor de la Basílica. Junto a la Basílica continúa floreciendo desde hace más de 700 años el Protomonasterio de Santa Clara, fundado por la propia Santa en San Damián. La estructura del Protomonasterio lleva consigo el signo de los siglos pasados: un ángulo de claustro, de Mille, un dormitorio del siglo XV, el refectorio de estilo renacimiento... todo ello entretejido de sencillez y gran sobriedad, rico en verdor y flores, es el lugar silencioso asomado al valle de Espoleto, en el que las Clarisas continúan siendo signo de un amor vivido hasta sus últimas consecuencias, en el seguimiento glorioso de Cristo pobre y crucificado, tras los luminosos ejemplos de Francisco y de Clara. [Gualterio Bellucci, O. F. M., Asís, corazón del mundo. Guía turística. Gorle (BG) - Asís, Ed. Velar - Ed. Porziuncola, 1996, pp. 53-59]
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