Sinaí
No está todavía claro si el topónimo “Sinaí” designó originariamente toda la montaña de la península entre el golfo de Suez y el golfo de Aqabá o si sólo indicaba una cima de esa cordillera.
El actual nombre de “Sinaí” y “Península del Sinaí” no puede aportar luz alguna al respecto, porque deriva de un uso lingüístico popular, con un apoyo muy genérico en los nombres bíblicos.
La Biblia se refiere al monte del decálogo como a un “monte de Dios.” Si la elección de ese monte estuvo tal vez motivada por la designación tal vez más antigua de ‘el sadday, no podemos afirmarlo de una manera segura; el “dios del monte” o “el dios venerado en el monte” podría, por lo demás, ser una designación divina que los hebreos emigrantes ya habían llevado a Egipto, por la que después — no ya por obra de Moisés, sino en el curso de su estancia en Egipto — podrían haberse referido al Sinaí como monte de Dios y monte de peregrinación.
El monte unas veces es llamado Sinaí y otras Horeb. Doble designación que ha inducido a muchos errores, pero que también ha provocado numerosas hipótesis. Aquí sólo podemos referirnos a algunos puntos fundamentales de la controversia.
“Monte de Dios” indica que la imponente cordillera de la península la veían los pobladores nómadas y seminómadas de la región como el lugar de estancia de un dios. Tal vez veneraban allí al dios lunar Sin, del que espontáneamente se habría derivado el topónimo Sinaí. Horeb, por el contrario, parece ser una designación característica del monte; horeb en lengua cananea es “el seco,” “el duro,” “el solitario”; tal vez también “monte de farallones.” Tales topónimos, de los que uno es nombre divino y el otro un indicador de características, pueden muy bien haber coexistido en el uso lingüístico.
El año 1899 Lagrange expuso la hipótesis de que Horeb habría sido el nombre común de la cordillera, mientras que Sinaí habría designado un monte particular. Como en el nombre de Sinaí se contiene el nombre del dios lunar Sin, y la veneración de un dios tiene sentido ligada a un monte determinado y preciso y no a toda una cordillera, la hipótesis cuenta con muchas probabilidades de ser cierta.
Por otra parte, tampoco podemos pasar por alto la indicación de la escuela de Wellhausen, según la cual el Horeb es el monte de la legislación, sobre todo en el Elohísta y en el Deuteronomista (así, por ejemplo, en las narraciones sobre Elías el monte se llama Horeb; cf. 1Re 19:9-18). De lo cual podría concluirse que el nombre de Sinaí (monte de Sin) resultaba escandaloso, y por ello se le sustituyó por el topónimo característico de Horeb. En cambio el Escrito sacerdotal, a mediados del I milenio, volvió a utilizar el nombre de Sinaí, quizá para imponer la ficción literaria de que toda la Ley, hasta la última cláusula, procedía de los tiempos mosaicos. Sin que con ello sancionase naturalmente el culto de Sin. Para aclararlo, los redactores del Escrito sacerdotal podrían haber introducido como conjetura la designación de la zarza ardiente con sene (zarzamora).
Pero, ¿cuál fue el monte de la cordillera sinaítica en que se dio la Ley? ¿Dónde acampó el pueblo de la marcha por el desierto? El monte de la legislación podría haber sido ras es-Safsafe (1994 m), ante el cual se extiende hacia el noroeste la llanura en forma de V de er-Raha y fluye hacia el nordeste el wadi ed-Deir, que llevaba agua (todos estos topónimos son árabes). También la tradición ha localizado ahí los acontecimientos, aun quedando pendiente si Moisés se retiró al que hoy se designa por su nombre dyebel Musa (2244 m). Tampoco otras cimas de la cordillera del Sinaí a lo ancho de la península del mismo nombre contradicen al texto bíblico.
Finalmente, no debemos silenciar que el Sinaí de la Biblia no es necesariamente el Sinaí de nuestra geografía actual. Puesto que las peregrinaciones de los israelitas, tal como se encuentran en la Biblia, son una construcción posterior; tales caminos en definitiva nada dicen sobre la posición del Sinaí, que muy bien pudo haber estado en otra cordillera, y sólo en la compilación de los relatos tradicionales se señaló, al indicar la dirección de las peregrinaciones, que el Sinaí como monte del decálogo, el famoso monte de Dios, debía de situarse al sur de la península entre el golfo de Suez y el golfo de Aqabá.
Para la historia de la salvación no tiene importancia alguna la ubicación del monte del decálogo. Lo verdaderamente importante es que con el Sinaí se señala el monte de la legislación fundamental que el pueblo de Israel recibió como Ley de Dios.
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