Mesopotamia
La designación de “tierra entre los ríos” (griego: potamos = “río”) indica hasta qué punto era decisiva a los ojos del hombre antiguo la presencia e influencia de los ríos éufrates y Tigris para el país. Aunque el nombre designa propiamente los territorios entre los dos ríos, más tarde — aunque todavía en la antigüedad — el topónimo se aplicó frecuentemente para designar todo el territorio entre el desierto arábigo y la montaña iraniana. En el vocabulario bíblico el nombre aparece por vez primera en la versión griega de los Setenta, y como traducción de “Aram de los dos ríos,” indicando sólo la parte noroccidental de la actual Mesopotamia, el territorio entre el éufrates y el Habor.
Mesopotamia es el espacio geográfico en el que se sucedieron varios grandes imperios, y con cuyos sucesivos enfrentamientos contra los vecinos y contra Egipto estuvo conectada la historia de los israelitas. De Mesopotamia descendían también ellos, pues de allí habían emigrado sus patriarcas; sus leyes estuvieron fuertemente influidas por las mesopotámicas; los asirios, que destruyeron el reino israelita del norte, fueron uno de los grandes imperios mesopotámicos, al que sucedió el imperio de los caldeos o “imperio neobabilónico,” que a su vez cedió ante el gigantesco imperio de los persas. Fue el imperio neobabilónico el que destruyó el reino de Judá, siendo los persas los que permitieron la reconstrucción de la comunidad judía de Jerusalén.
En todos los mapas del Próximo Oriente suele destacarse perfectamente la franja mesopotámica, de unos 200 km de ancha.
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