Vía Crucis
Práctica piadosa en la que, a través de una serie de estaciones, se medita la Pasión de Cristo y, de manera especial, su camino hasta la Cruz.
«Vía Crucis» quiere decir, precisamente, «Camino de la Cruz» y el origen de esta devoción arranca de la costumbre que los peregrinos a Tierra Santa tenían de recorrer el mismo itinerario por el que Jesucristo había caminado, en la tarde del primer Viernes Santo, con la Cruz a cuestas, para culminar el gran Misterio de la Redención en el monte Calvario.
«Vía Sacra», a partir del siglo XII, y «Vía Dolorosa», desde el XVI, fueron algunas de las denominaciones que se le dieron a ese recorrido, a lo largo del cual la tradición señalaba algunos puntos concretos en los que se habían desarrollado algunos episodios concretos de la Pasión. En ellos, era costumbre que se detuvieran los peregrinos para meditar y orar, lucrando las numerosas indulgencias concedidas a esta práctica piadosa.
Fueron los franciscanos quienes, desde 1342, se habían hecho cargo de la Custodia de los Santos Lugares quienes definieron el recorrido y las principales «estaciones».
Poco a poco, se fue introduciendo la costumbre de «recrear», en otros lugares, «Vía Crucis» que permitieran a los fieles meditar en torno a la Pasión. El Papa Inocencio XI concedió a los franciscanos, en 1686, el privilegio de erigirlos en sus iglesias para que, haciendo las «estaciones» como se efectuaba en Tierra Santa, pudieran obtener las mismas indulgencias todos los miembros de la familia franciscana. Benedicto XIII extendió este privilegio, en 1726, a todos los fieles que rezaran el Vía Crucis en las iglesias de los conventos franciscanos.
El fervor desatado por esa medida hizo posible que, cinco años después, el papa Clemente XII lo ampliara a todas las iglesias en las que hubiera un Vía Crucis, siempre que fuera erigido por un franciscano con la autorización del Ordinario. El mismo Papa fijó definitivamente el número de las catorce estaciones que lo componen, en la actualidad:
Jesús es condenado a muerte
Jesús carga con la Cruz
Primera caída de Jesús
Jesús se encuentra con su Madre
Jesús es ayudado por el Cirineo
La Verónica limpia el rostro del Señor
Segunda caída de Jesús
Jesús consuela a la santas mujeres de Jerusalén
Tercera caída de Jesús
Jesús es despojado de sus vestiduras
Jesús es clavado en la Cruz
Jesús muere en la Cruz
Jesús en los brazos de su Madre
Jesús es sepultado.
Para la erección de un Vía Crucis es suficiente colocar catorce cruces en torno a la nave de un templo que deben numerarse a partir del lado del Evangelio. Sin embargo, es frecuente que se coloquen, también, láminas representando los pasajes correspondientes a cada Estación o pequeños bajorrelieves fabricados expresamente con esta finalidad. En otros lugares, el recorrido del Vía Crucis se dispone a lo largo de las calles de una localidad o en las laderas de un monte, jalonándolo con cruces, de piedra o madera, para terminar en una ermita del Calvario. No faltan algunos en los que las escenas están representadas por imágenes monumentales como ocurre en Lourdes.
La Santa Sede ha concedido Indulgencia Plenaria a todas las personas que realicen esta práctica piadosa cumpliendo una serie de requisitos. Es necesario que el rezo se efectué ante estaciones erigidas canónicamente. Habitualmente, se suele leer una breve lectura relacionada con cada una de las estaciones, seguida de una oración, pero es suficiente con una meditación global sobre la Pasión de Cristo. Tampoco es obligatorio, aunque aconsejable, siempre que las circunstancias lo permitan, el desplazamiento físico de una a otra estación.
Es costumbre, en muchos lugares, el rezo colectivo del Vía Crucis durante la Cuaresma y la Semana Santa. Especial significado tiene el que, cada Viernes Santo, dirige el Papa en el Coliseo romano, retransmitido por muchas cadenas de televisión.
San Juan Pablo II, muy devoto de esta práctica religiosa, sustituyó el Vía Crucis de catorce estaciones por otro de quince. Tiene la particularidad de ceñirse, estrictamente, al relato de los evangelios canónicos ya que, en el tradicional, algunas de las estaciones responden a tradiciones procedentes de los evangelios apócrifos. Sin embargo, no ha llegado a difundirse suficientemente, por el momento.
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