Velación de imágenes
De acuerdo con una antigua costumbre desde las primeras vísperas del V Domingo de Cuaresma se cubrían las cruces de todos los templos con un velo morado y lo mismo se hacía con la cruz parroquial que, en caso de utilizarse, lo hacía con ese paño, de forma romboidal que ocultaba la cruz de su remate.
También se cubrían todos los retablos; en la mayoría de los casos mediante unas grandes cortinas moradas, aunque también era frecuente cubrir o enfundar en paños del mismo color a las imágenes de los mismos, manteniendo vista la estructura arquitectónica de los retablos.
Esa expresión penitencial y de recogimiento se mantenía hasta el canto del Gloria en la Vigilia Pascual, aunque el día de Jueves Santo la cruz del altar en el que se celebraba la Eucaristía, se recubría con un paño blanco.
Esta práctica era obligatoria, con la salvedad de desfilar descubiertas las imágenes que participaban en las procesiones. En la actualidad es de carácter optativo y en España ha caído en desuso, aunque en otros lugares se sigue manteniendo.
El único momento litúrgico en el que se sigue cubriendo la Cruz es el transcurso de los oficios de Viernes Santo, durante la Adoración de la misma. El celebrante la porta en sus manos y va retirando el velo de cada uno de sus brazos y de la parte central, mientras se canta, por tres veces la aclamación «Mirad el árbol de la Cruz, en que estuvo clavada la salvación del mundo. Venid a adorarlo».
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