Juicio particular
La Iglesia profesa la creencia de que todas las almas, en el momento inmediatamente posterior a su separación del cuerpo tras la muerte, son sometidas a un juicio particular en el que los fallecidos en estado de gracia alcanzan ya la Gloria eterna, mientras que los que murieron en pecado grave, serán condenados al Infierno. Quienes, merecieron el Cielo pero, todavía, no han alcanzado la completa purificación deberán someterse a un paso transitorio por el Purgatorio.
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