Flagelación del Señor
Suplicio al que fue sometido Cristo en el transcurso de su Pasión, por orden de Pilato. Aunque era una práctica habitual en el mundo romano que solía preceder a la muerte en la cruz, la intención de Pilato fue intentar evitarla, presentando al pueblo a Jesucristo tras sufrir este castigo, dado los terribles efectos que ocasionaba.
Atado a una columna, el reo era azotado con el «flagelo» un látigo con varias tiras de cueros, rematadas con bolas de hierro que producían graves destrozos en su cuerpo, hasta el punto de que, en ocasiones, morían en el transcurso del suplicio.
La terrible escena de la Flagelación la mencionan los Evangelios de San Mateo (27:36), de San Marcos (15:13) y el de San Juan (19:1).
Según la tradición, un fragmento de la columna donde fue atado se conserva en la basílica de Santa Práxedes de Roma, donde fue depositada, en 1223, por el cardenal Giovanni Colonna.
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