Día de Todos los Santos
El 1 de noviembre la Iglesia celebra la solemnidad de Todos los Santos, en la que honra a todos aquellos fieles que han alcanzado ya la Gloria eterna y gozan de la visión de Dios.
A lo largo del año se conmemora a aquellos Santos a los que se tributa un culto especial por ser modelo de vida para todos los fieles. Pero, junto a ellos, hay otros muchos anónimos, algunos muy cercanos a nosotros que comparten con ellos la felicidad eterna, constituyendo la llamada Iglesia triunfante que, con la Iglesia purgante (la integrada por los que esperan la purificación antes de acceder a la Gloria) y la Iglesia militante (los fieles aún vivos), integran el Cuerpo Místico de Cristo.
Es una solemnidad de gozo, manifestado en el color blanco de la liturgia, de un carácter diferente a la conmemoración de los Fieles Difuntos en el que se ofrecen sufragios en favor de las almas del Purgatorio.
Desde los primeros tiempos, la Iglesia honró a sus mártires en la fecha que coincidía con su martirio pero, cuando el número de los mismos llegó a ser muy numeroso, decidió agrupar a todos en un día que solía ser el domingo anterior a Pentecostés, tradición que ha perdurado en la Iglesia Ortodoxa y en las Católicas de rito oriental. Pero fue Gregorio IV, en el siglo IX, quien señaló el día 1 de noviembre para la Iglesia Católica de rito latino.
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