Día de Difuntos
Nombre que popularmente se aplica a la conmemoración de los Fieles Difuntos que la Iglesia celebra el 2 de noviembre, inmediatamente después de la solemnidad de Todos los Santos.
Como enseña el Catecismo, los que mueren en gracia y amistad de Dios, pero imperfectamente purificados, aunque están seguros de su eterna salvación, sufren después de su muerte una purificación, a fin de obtener la santidad necesaria para entrar en la alegría del cielo. Como ellos, tras su fallecimiento, no pueden hacerlo, la Iglesia alienta a sus fieles a ofrecer sufragios por las almas que están en el Purgatorio, con el fin de que Dios acorte el tiempo de purificación al que deben someterse.
Esos sufragios en forma de oración o limosna, alcanzan su máxima expresión en la Eucaristía, el Divino Sacrificio al que ya se refería San Agustín, en su De cura pro mortuis, cuando afirmaba que la Iglesia recuerda de manera especial a todos aquellos difuntos que no tienen padres, parientes y amigos que los tengan presentes, porque como madre común a ninguno de sus hijos olvida y a todos los tiene dentro de su corazón.
El valor infinito de la Santa Misa tenía su reflejo en España, Portugal y los países de Hispanoamérica por el privilegio, refrendado por Benedicto XIV en 1748, para que los sacerdotes pudieran celebrar ese día tres misas, que no fue extendido a toda la Iglesia hasta 1915, por Benedicto XV. La primera Misa era de intención general, la segunda por el Romano Pontífice y la tercera por las intenciones particulares del celebrante. En nuestro medio era costumbre instalar un catafalco en el centro de la nave de las iglesias.
Aunque, conmemoraciones por los difuntos han existido en la Iglesia, desde época remota, fue el abad de Cluny quien la fijó para el 2 de noviembre en todos los monasterios de su congregación. A imitación suya comenzó a celebrarse en distintos lugares, hasta que San Pío V, la introdujo en el Misal Romano.
Asociado a este día, hay una serie de tradiciones que, en España, se centran en la noche anterior, la «noche de ánimas» o «noche de difuntos», siendo costumbre en muchos lugares colocar calabazas vaciadas e iluminadas en balcones y ventanas. Nada tiene que ver con la costumbre importada del llamado «Halloween» que, además, tiene lugar en la noche anterior.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.