Deuterocanónico
Reciben este nombre aquellos libros del Antiguo Testamento que no aparecen en la Biblia de los Setenta, traducida al griego según la tradición por setenta expertos judíos, mandados llamar por Ptolomeo II (284-246 a.C), con destino a la famosa Biblioteca de Alejandría en la que pretendía reunir todo el saber de la época.
Esa biblia fue adoptada por la primitiva comunidad cristiana, añadiendo los siguientes libros que hoy forman parte del corpus canónico de la Iglesia Católica y de la Iglesia Ortodoxa: Libro de Tobías, Libro de Judit, Libro de la Sabiduría, Libro del Eclesiástico (Sirácida), Libro de Baruc (dentro del de Jeremías), los dos libros de los Macabeos, las adiciones al Libro de Ester y las del Libro de Daniel.
Además, la Iglesia Ortodoxa incorpora también: la Oración de Manasés, el tercer Libro de Estras, el tercero de los Macabeos y un salmo, el 151.
También son considerados deuterocanónicos, los siguientes del Nuevo Testamento: Epístola a los Hebreos de San Pablo, Epístola de Santiago, Segunda Epístola de San Pedro, Segunda y Tercera Epístolas de San Juan, la Epístola de San Judas y el Libro del Apocalipsis.
La incorporación de todos ellos fue un proceso prolongado en el tiempo, siendo objeto de definiciones conciliares hasta el siglo IV, cuando se difundió la versión de San Jerónimo, conocida como la Vulgata.
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