De profundis
Primeras palabras del Salmo 129 que se canta en el Oficio de Difuntos y se recitaba por el sacerdote en el momento en que iba a recoger el cadáver de un difunto a su domicilio para conducirlo a la iglesia.
Este salmo, compuesto durante el exilio de Babilonia, era uno de los quince salmos graduales que cantaban los judíos cuando viajaban a Jerusalén. Dentro de la Liturgia cristiana es uno de los siete Salmos Penitenciales.
En el Oficio Divino se recita los miércoles, en el rezo de Vísperas, y en determinadas fiestas litúrgicas. Su texto en castellano dice así:
Desde lo hondo a ti grito, Señor;
Señor, escucha mi voz;
estén tus oídos atentos
a la voz de mi súplica.
Si llevas cuenta de los delitos, Señor,
¿Quién podrá resistir?
Pero de ti procede el perdón,
y así infundes respeto.
Mi alma espera en el Señor,
espera en su palabra;
mi alma aguarda al Señor,
más que el centinela la aurora.
Aguarde Israel al Señor
como el centinela la aurora;
porque del Señor viene la misericordia,
la redención copiosa:
Y él redimirá a Israel
de todos sus delitos.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.