Canonesas
A imitación de los canónigos, desde el siglo VIII comenzaron a constituirse comunidades de mujeres que seguían la regla de San Agustín. En la mayoría de los casos, procedían de familias nobles y observaban los votos de castidad y obediencia a la abadesa. No emitían voto de pobreza pues podían disponer de hacienda propia y de personal de servicio.
Más tarde se dividieron en regulares y seculares. En el siglo XVI se llevaron a cabo varias reformas de estas comunidades, manteniendo la condición de nobles para quienes ingresaban en ellas.
Entre las que han subsistido figuran las que estuvieron vinculadas a la Orden de San Juan de Jerusalén y a la del Santo Sepulcro. También existen, todavía, algunas comunidades de canonesas seculares.
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