Begardo
Palabra para la que se han propuesto diversas etimologías que designa a los miembros de unas asociaciones de laicos que vivían en comunidad sin emitir votos, dedicados a la oración.
Para unos, procede de Santa Bega de Andenne, abuela de Carlomagno y patrona de la ciudad de Nivelles, donde se se estableció la primera comunidad de beguinas, con las que están directamente relacionados. Otros opinan que hace alusión Lambert le Bégue, un sacerdote de Lieja que, en el siglo XII, fomentó la creación de estas asociaciones.
Los begardos se difundieron, principalmente, por los Países Bajos, Alemania y Austria. En su mayor parte eran hombres de humilde procedencia que, en muchos casos, estaban relacionados con el gremio de los tejedores. Vivían en común, en una casa y, a diferencia de las beguinas no poseían bienes personales.
En el siglo XIII se vieron influenciados por algunos movimientos heréticos como el quietismo o los fraticellos, por lo que fueron objeto de numerosas condenas por parte de los Papas y los obispos cuyo estilo de vida criticaban. Algunos llegaron a ser ejecutados, aunque no puede generalizarse al tratar de su comportamiento, pues cada casa era independiente y, en muchas de ellas, se practicaba una vida de piedad dentro de la ortodoxia.
Algunas sobrevivieron a las duras pruebas derivadas de las condenas pontificias. De hecho, Inocencio X los disolvió en 1650, pero fue en la etapa que siguió a la Revolución Francesa cuando comenzaron a extinguirse. No obstante, a mediados del siglo XIX todavía contaban con más de 1.500 miembros agrupados en comunidades de diferentes lugares.
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