Véctor I, san (189 - 198)
Nacido en África, es el primer papa de quien consta la calidad de latino; en adelante se registrará un predominio de éstos sobre los griegos. Las manifestaciones de superioridad de Roma sobre las demás Iglesias hasta entonces detectadas se limitaban a la primacía de honor y de consejo. San Víctor la invoca en un sentido disciplinar, aplicándola a la cuestión de la Pascua. Sotero había aceptado establecer una solemne conmemoración anual de la Pascua del Señor, pero insistiendo en señalar el domingo como día de la Resurrección (dies Dominí). Algunas Iglesias orientales seguían con la costumbre de celebrarla el 14 Nisan con independencia de cuál fuera el día de la semana. Sínodos celebrados en Roma y otros lugares fueron aceptando el nuevo cómputo «romano», coherente con el Símbolo de Fe de que «al tercer día resucitó». Las Iglesias de Asia Menor se negaron a cambiar la costumbre y Víctor I declaró que quedaban excluidas de la comunión con la Iglesia universal. No faltaron observaciones en contra, entre ellas de san Ireneo, que era el más firme defensor del primado romano, pero el papa no cedió. Quedaba sentado el principio de que en materia de fe y costumbres a Roma correspondía la decisión.
Idéntica energía mostró frente al «adopcionismo», que en torno al 190 un curtidor muy culto, Teodoto de Bizancio, había comenzado a enseñar. Consistía esta doctrina en afirmar que, hasta el bautismo, Jesús había sido simplemente un hombre como los demás. El Espíritu Santo había descendido sobre él adoptándole como Hijo de Dios y retirándose luego en el momento de la Pasión. Víctor pronunció la excomunión contra Teodoto y sus seguidores y la hizo extensiva a toda la Iglesia.
San Jerónimo (350? - 420) atribuye también a este papa la redacción de obras latinas de bastante calidad. La maduración del cristianismo se revelaba en la elevación del tono social de sus fieles: una concubina de Commodo, Marcia, fue cristiana y ayudó al papa cuando éste gestionó la libertad de mártires condenados a las minas de sal en Cerdeña; entre ellos había el futuro papa Calixto.
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