Urbano III (25 noviembre 1185 - 20 octubre 1187)
Los cardenales, sin perder un día, eligieron unánimemente a Umberto Cr¡velli, cardenal también de San Lorenzo y arzobispo de Milán. Pertenecía a una de las opulentas familias milanesas que sufrieran gran daño con el saqueo de los alemanes y su designación puede interpretarse como un movimiento de oposición a Barbarroja. Se instaló en Verona y retuvo su sede episcopal evitando así que se cumpliese la norma de que las rentas de una vacante engrosaran las arcas reales. Al comunicar al emperador su nombramiento insistió en la voluntad negociadora; y de hecho las conversaciones en torno a la sede de Tréveris continuaron. A pesar de las reticencias que el matrimonio despertaba, cuando se celebró el de Enrique VI y Constanza (27 enero 1186), legados pontificios estuvieron presentes. Urbano III protestó de que, contra sus advertencias, el patriarca de Aquileia coronara luego al joven Enrique como rey de Italia.
El papa tomó un poco la iniciativa de la ruptura: pedía la supresión de las regalías (derecho del rey a percibir las rentas de las sedes vacantes) y de los spolia (apropiación de los bienes muebles del obispo o abad difuntos) y, reclamando para sí el juicio sobre la diócesis de Tréveris, nombró al candidato que rechazaba el emperador, Folnar. A estos gestos respondió Federico, seguro ahora de la sumisión de las ciudades lombardas, con gran energía: ordenó ocupar los Estados Pontificios y bloquear Verona de tal modo que no pudiera tener comunicaciones con el exterior. El papa trató de alentar una revuelta en Cremona y nombró legado en Alemania a un enemigo declarado de Barbarroja, Felipe, arzobispo de Colonia. Pero en la Dieta de Gelnhausen (noviembre de 1186) el emperador recibió el apoyo unánime de sus nobles y de sus obispos.
Ante esta situación, que equivalía a derrota, Urbano cedió. Pidió al obispo de Magdeburgo que mediara en el pleito de Tréveris: estaba dispuesto a permitir una nueva elección, como el emperador quería. Federico aceptó la propuesta y envió a Verona sus propios agentes negociadores (1187). Pero cuando éstos llegaron a la ciudad, el papa, que había recobrado su energía y preparaba ya la bula de excomunión contra el emperador, se negó a recibirles. Las autoridades de Verona le comunicaron entonces que deseaban mantenerse fieles a Federico y que, por consiguiente, le rogaban que abandonara la ciudad. Encaminándose a Venecia, Urbano hizo un alto en Ferrara porque estaba enfermo y allí murió.
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