Teodoro I (24 noviembre 642 - 14 mayo 649)
Sus actos. Hijo de un obispo griego y nacido en Jerusalén, se contaba entre los fugitivos que llegaban a Roma como consecuencia del avance musulmán. Su elección demuestra que era cada vez más fuerte la corriente que se oponía al monotelismo. Teodoro tenía una preparación teológica superior a la de sus dos antecesores, se hallaba en relación con Máximo el Confesor, y era discípulo de Sofronio. La corta distancia entre la elección y la consagración indica un primer intento, todavía tibio, para sacudirse la tutela imperial. Dio acogida a los fugitivos que iban llegando de Oriente y despachó un legado, Esteban de Dor, a Egipto, para tratar de organizar la vida de una Iglesia que iba a verse sometida a un régimen de ocupación. Reforzó la independencia de Bobbio respecto al obispado de Tortona, contando con el apoyo de los reyes lombardos, a fin de que la gran abadía fuera un centro de proyección religiosa. En Roma instituyó la fiesta de la Purificación de María (2 febrero), en un intento para incrementar la importancia del culto a la Virgen, todavía poco desarrollado en Occidente.
El Typo de Fe. Impulsado por los obispos de África escribió, apenas consagrado, al emperador Constante II con reproches porque seguía sosteniendo la Ekthesis, contra lo que dispusiera Heraclio poco antes de morir. Pirro, patriarca de Constantinopla, había sido despojado de su cargo al llegar al trono Constante (641-668) y Teodoro negó la comunión a su sucesor Paulo mientras no se dieran dos condiciones: restablecimiento de la legitimidad canónica, mediante renuncia libre de Pirro, y la condena del monotelismo. Pirro apareció en Roma protestando de que su despojo era debido a su ortodoxia, y el papa ordenó que se le tratara como un verdadero patriarca. No perseveró, sin embargo, en esa actitud, pues al llegar a Rávena hizo sumisa obediencia al emperador. En consecuencia, Teodoro hubo de negar la comunión a ambos. Pirro pasó a África, donde llegaban también muchos otros fugitivos, mantuvo un debate con Máximo el Confesor, en Cartago (julio del 645) y reconoció que el monotelismo era un error.
Ante estas presiones, Constante II, tratando de enmendar los daños que la Ekthesis causara, publicó un nuevo decreto, Typo, abrogando aquélla, prohibiendo los debates y disponiendo que todo el mundo se atuviese a la fe de los cinco concilios ecuménicos. Pero el Typo resultaba también para Roma inaceptable y no por razones doctrinales: se trataba de una ingerencia del emperador en la más íntima de las funciones de la Iglesia, a quien exclusivamente correspondía fijar la fe. El apocrisiario Anastasio, que se negó a firmar el documento, fue desterrado a Trebisonda, mientras que la residencia que ocupaba en Constantinopla, la capilla latina del palacio de Placidia, era demolida. Constante intentaba demostrar que él era, también, la cabeza religiosa del Imperio. Teodoro falleció antes de que pudiera pronunciarse acerca del Typo.
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