León XI (11 abril 1605 - 27 abril 1605)
Alejandro de Médicis nació en Florencia el 2 de junio de 1536. Pertenecía a una rama segundona de la celebre familia florentina, y era hijo de Octaviano de Médicis y de Francisca Salviati. Por línea materna estaba emparentado con el papa León X y con el gran duque de Toscana Cósimo I (1537-1574). En 1560 conoció a san Felipe Neri, el fundador del Oratorio, y entabló con él una relación que influyó en su ordenación sacerdotal en 1567.
En 1679 el gran duque Cósimo le nombró embajador en Roma y en este empleo permaneció quince años, aunque simultáneamente fue subiendo peldaños en la jerarquía eclesiástica. Gregorio XIII le nombró obispo de Pistoya el 9 de marzo de 1573, poco después le promovió al arzobispado de Florencia (15 enero 1574) y el 12 de diciembre de 1783 le concedió el capelo cardenalicio y se le empezó a conocer con el nombre del «cardenal de Florencia». Durante estos años, Alejandro de Médicis ejerció una importante labor pastoral en sus diócesis poniendo en práctica la reforma tridentina por medio de vicarios generales. El 12 de mayo de 1584 volvió a Florencia y se hizo cargo del gobierno de la diócesis, convocando un sínodo en 1589.
En 1596, Clemente VIII le envió a Francia, en calidad de legado a latere, con la misión de conseguir que Enrique IV ratificase lo acordado en la absolución, de reorganizar la Iglesia de Francia y de interponer la mediación pontificia entre Enrique IV y Felipe II, que estaban en guerra desde 1595. Durante dos años el cardenal Alejandro de Médicis trabajó por el restablecimiento del catolicismo y de la disciplina eclesiástica en Francia, e hizo posible el tratado de Vervins (2 mayo 1598) que acordaba la paz entre Felipe II y Enrique IV; pero no pudo impedir que Enrique IV promulgara el edicto de Nantes (13 abril 1598). En los primeros días de septiembre de 1598 se despidió de Enrique IV y regresó a Italia, siendo recibido con gran pompa por el papa el 10 de noviembre en la corte pontificia de Ferrara. En 1600 Clemente VIII le nombró obispo de Albano y poco después de Palestrina (1602).
En el cónclave que siguió a la muerte de Clemente VIII (1605), había tres partidos: el español, el francés y el de los cardenales creados por el papa difunto, que capitaneaba el cardenal nepote Aldobrandini. Este partido apoyó la candidatura del cardenal Baronio, oratoriano e ilustre historiador, pero los españoles se opusieron por la hostilidad manifestada en sus obras a los privilegios eclesiásticos de España y en especial a la monarchia sicula (Annales, XI). Baronio no consiguió los votos necesarios, y con el apoyo del partido francés se elegió papa al cardenal Alejandro de Médicis el 1 de abril de 1605. Escogió el nombre de León XI en memoria de su pariente León X y se ciñó solemnemente la tiara el día de la Pascua de Resurrección.
León XI fue un hombre culto, refinado y entusiasta de la reforma católica. A consecuencia de un resfriado, que cogió el día que tomó posesión de Letrán, murió en Roma el 27 de abril de 1605, a los veintiséis días de haber sido electo. Fue enterrado en la basílica de San Pedro, donde el cardenal Ubaldini le hizo erigir un suntuoso mausoleo.
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