Servir
Ligada a Cristo y a su amor, a su iniciativa de caridad misericordiosa, la comunidad cristiana no puede dejar al pueblo a merced de sus necesidades, tiene que esforzarse por hacerse de algún modo presente, continuando la obra del Maestro. No podemos decir: «¡Que se las apañe!». Tenemos la obligación de servir a la gente. A este servicio la Iglesia no puede sustraerse, como tampoco puede sustraerse a la fatiga y a los riesgos del diálogo con la sociedad, encerrándose en su vida eclesial y dejando que la historia vaya por su cuenta. El ministerio de la comunidad cristiana consiste, por tanto, en unificar la Palabra de Dios y la historia. La Iglesia, sabiendo que la vida divina ha sido concedida al hombre por amor, no puede interpretar el presente únicamente a la luz de las ciencias humanas, por muy importantes que sean; vive y sirve plenamente este presente reconociendo en él los signos de la presencia de Dios. El «Dadles vosotros de comer» nos apremia en nuestra historia de Iglesia y nos compromete a mostrar cómo en toda realidad humana vibra una tensión hacia un misterio más grande. Aquí la obediencia de la Iglesia a la Palabra se transforma en un servicio cultural, dirigido a encontrar soluciones e introducir en ellas fermentos que ayuden a vivir la gozosa riqueza del amor divino. Y entonces el «Dadles vosotros de comer» entronca igualmente con las situaciones de miseria y pobreza, con los proyectos y las exigencias de los humanos, para89 inventar la misión pastoral de la Iglesia y orientar hacia la promoción total de la persona.
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