Misericordia
Jonás echa en cara a Dios su clemencia, su longanimidad y su gran amor, le reprocha que se deje mover a compasión. Dios tiene casi que defenderse de esta acusación, porque su misericordia es algo incomprensible, visceral, envolvente, absoluto; es el fundamento mismo de nuestra vida y de nuestra libertad. En efecto, uno puede vivir y amar sólo si se siente aceptado tal y como es, sin condiciones: entonces es cuando se siente libre. Dios nos ama así. La única medida de su amor desmesurado es la necesidad de la persona amada; el pobre, el infeliz, el pecador, el perdido, son amados incluso más que los otros. Como una madre ama al hijo porque es su hijo, y si es desgraciado lo ama todavía más, sabiendo que podrá llegar a ser más bueno en la medida en que se sienta amado. Dios, que para nosotros es más padre que nuestro padre y más madre que nuestra madre, que nos ha tejido en el vientre materno, hace de la misericordia la realidad que nos contiene, de arriba abajo, de oriente a occidente. En su mise43 ricordia, somos lo que somos, y nuestra misma miseria se convierte en el recipiente y la medida en la que derrama su misericordia. acompañan la evolución de los hombres, de los pueblos y de la humanidad entera.
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