Humor
Conviene conservar un cierto sentido del humor para poder interpretar serenamente los hechos. Tratemos de interpretar la realidad de manera desenfadada, sin poner de antemano la razón o la sinrazón en un solo lado, sin dejarnos llevar instintivamente a ponernos de parte de los que condenan o de parte de los que absuelven, de parte de un partido o de parte de otro. Si conservamos el sentido del humor y una mirada desenfadada sobre las cosas, podremos ver los hechos con más claridad y sencillez. Tenemos que estar dispuestos a reconocer que no habíamos entendido bien las cosas, y que se podían entender mejor. Todo esto es simple sabiduría cotidiana, pero es una sabiduría importante porque nos mantiene alejados de los errores de interpretación más graves, que —como dice Jesús— no se perdonarán jamás. El temor a equivocamos de parte a parte a la hora de interpretar las situaciones, de tachar esto o aquello de justo y de erróneo, de bueno y de malo, nos hará ser humildes y prudentes, nos ayudará a adquirir la sabiduría que nos permita reconocer la verdad, aun en medio de situaciones complicadas, y sobre todo reconocer, para aceptarlo y no para rechazarlo, el misterio de Dios que se nos manifiesta como misterio de amor y de perdón.
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