Familia
¿Qué significa «hacerse prójimo» en una familia? Es algo que no se refiere inmediatamente al «hacer», sino al «ser», es decir, penetra en ese profundo misterio de la proximidad que es el sentido y el fundamento de toda la existencia familiar, y de donde nace justamente el compromiso de «hacer». La primera misión de la familia cristiana —custodia de la proximidad de Dios— es la de ofrecer a todos los hermanos de fe y al mundo en general —aunque éste no lo entienda— el testimonio de Dios como don, como alguien que se ha expropiado para poder habitar en el hombre, que ha querido tener al hombre en una comunión indisoluble consigo mismo. Esta no parece ser tarea fácil. En los tiempos actuales, y a partir de las más variadas provocaciones, se inventan y se proponen formas de vida familiar que se parecen demasiado a una convivencia provisional, a un contrato de trabajo, a una comunión de vida que podemos iniciar e interrumpir a nuestro arbitrio. El testimonio limpio, fuerte, valiente de lo que es una familia según el proyecto de Dios, se convierte no tanto en nuestro modo de hacernos prójimo» como en el único, exclusivo, insustituible esfuerzo por mantener viva una proxi midad que nos ha sido dada y de la que somos testigos. Evidentemente todo esto se tiene que traducir en obras: «Brille de tal modo vuestra luz delante de los hombres que, al ver vuestras buenas obras, den gloria a vuestro Padre que está en los cielos». «Hacerse prójimo» quiere decir todo esto, pero todo ha de depender de «ser prójimo». Y, tanto la custodia del «ser prójimo» en virtud de la proximidad de Dios, como la iniciativa de «hacerse prójimo» para el servicio de los hermanos, dependen de ese momento misterioso —quizá difícil de encontrar en medio de los agotadores ritmos de la jornada, pero a la vez precioso e insustituible— de la oración familiar.
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