Adoración
¿En qué consiste la adoración eucarística, una devoción que quizá no acabamos de entender muy bien? Consiste en cultivar una actitud sorprendida ante Cristo que da su vida por nosotros, ante su amor infinito del que somos indignos y que, sin embargo, nos acepta con su infinita misericordia en nuestra pobreza. La adoración eucarística es cultura en el sentido más profundo. Cuando se habla de cultura, y de lo que es premisa necesaria de la misma, se habla de cultivar algunas actitudes básicas sin las cuales ninguna cultura es real y penetrante. Adorar significa, propiamente, cultivar sentimientos de humildad, de pobreza, de agradecimiento y, por tanto, de eucaristía, de una acción de gracias admirada y llena de asombro ante el don de Dios. Estos sentimientos, cultivados en la adoración, nos ayudan también a vivir más plenamente la misa y la comunión eucarística. Ensanchando el discurso, yo diría que la actitud de adoración es importante no solamente para que la eucaristía tenga su fuerza en nosotros, sino igualmente para que ocurra lo mismo con la Palabra. Ésta es un don que supone una iniciativa imprevisible y apasionada de Dios y que siempre nos coge desprevenidos. Sólo así se revela como palabra viva, que tiene que decirnos algo nuevo que no conocemos todavía, si nos ponemos frente a ella dispuestos realmente a escucharla.
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