Sacerdote
griego presbyteros, el anciano; hebreo, kohen. Ministro de un culto religioso. En hebreo, s., se dice kohen, pero no se conoce el significado exacto de este término. Algunos lo relacionan con la palabra acadia kânu, inclinarse. Es decir, el s. sería quien se inclina ente la divinidad para adorarla. También, que puede ser del hebreo kún, estar derecho, que se relaciona con la expresión bíblica referida al s. como el que “está delante de Dios”, Dt 10, 8. El término hebreo kohen ha pasado al griego como hierús, palabra relacionada con hierós, sagrado, entonces, el s. es la persona sagrada.
El sacerdocio entre los israelitas no aparece en las primeras páginas de las Escrituras. Los patriarcas, como jefes de familia, ejercían las funciones del culto, como levantar altares, ofrecer sacrificios, así lo hicieron Abraham, Isaac y Jacob, Gn 12, 7-8; 13, 18; 22, 9; 22, 13; 26, 25; 28, 18; 31, 54. Por el contrario, los sacerdotes mencionados en los primeros sacerdotes mencionados en la Biblia son de otras naciones, como el s. y rey cananeo Melquisedec, Gn 14, 18; o de Egipto, como Poti Fera, s. de On, Gn 41, 45; también un s. de Madián, Jetró, suegro de Moisés, Ex 2, 16; 3, 1. Antiguamente, el jefe del clan o padre de familia ejercía las funciones sacerdotales o elegía al s., Jc 17, 5-12. Como una de las características del sacerdocio es ejercer el culto divino a nombre de un pueblo, Israel vino a tener sacerdotes y se habla de ellos cuando se formó como un pueblo.
Cuando Moisés pronunció las bendiciones sobre Israel antes de morir, le confió a la tribu de Leví el servicio del altar, las funciones sacerdotales, Dt 33, 8-11. Existen dos tradiciones que explican el origen del sacerdocio de la tribu de Leví. Por una parte, que se debe a su actuación valerosa y celosa de Yahvéh contra los del pueblo israelita que se habían dejado arrastrar por la idolatría, Ex 32, 25-29; Como también la acción celosa de Pinjás, nieto de Aarón, contra un israelita que pecó con una madianita a la que introdujo en el campamento, a quienes atravesó con su espada; esto le ganó la promesa del sacerdocio perpetuo para su linaje, Nm 25, 6-13. Por otra parte, se explica este sacerdocio de los levitas, pues éstos fueron elegidos como rescate de los primogénitos del pueblo israelita, en sustitución de las primicias de Israel, Nm 3, 12; 3, 41; 8, 16. A lo levitas no se les dio heredad, cuando el reparto de la tierra tras la conquista de Canaán, su heredad era Yahvéh, pues estaban dedicados exclusivamente al servicio del altar. El s. ordenaba e instruía en lo relativo al culto, descrito en la Torá, y en la impartición de oráculos; más tarde vigilaban el Templo.
Según las Escrituras el sacerdocio propiamente tal se le concedió a Aarón y a su descendencia, de la tribu de Leví, Ex 28, 1; Lv 8, 1. Los demás levitas fueron puestos al servicio de Aarón en otras labores, Nm 3, 5-10. En Crónicas están las genealogías de los descendientes de Aarón, los sumos sacerdotes del Templo.
El sacerdote desempeñaba diversas funciones. Los oráculos la búsqueda de la voluntad divina, esta es la primera atribución que se le da al s. en las bendiciones de Moisés, Dt 33,8; 1 S 14, 41; 23, 9; 30, 7.
Ofrecer los sacrificios Dt 13, 10; Lv 1, 7; aunque hay casos en las Escrituras, que muestran que en los primeros tiempos esta función no era exclusiva de los sacerdotes; el padre del juez Sansón ofreció un holocausto, Jc 13, 19; David y Salomón también los ofrecieron en momentos solemnes, 2 S 6, 17; 1 R 8, 62 ss. pero, finalmente, esta función quedó reservada a los aarónidas, como se puede inferir del texto en el que se relata el castigo de la lepra recibido por el rey Ozías al pretender entrar en el santuario a ofrecer incienso en el altar, 2 Cro 26, 16-21.
Bendecir en nombre de Yahvéh y en Nm 6, 22-27, se da la fórmula ritual de la bendición.
La custodia del santuario y de los objetos consagrados al culto. Sólo el s. podía entrar en el lugar santo, de ahí esta función, por lo que se dice en Nm 3, 38: “Todo extraño que se acercara, sería muerto”.
Dentro de evolución del sacerdocio vale decir que en la época postexílica el s. adquirió, además del poder religioso, el político. La rebelión en contra del poder seléucida, fue llevada a cabo por una familia sacerdotal, la de los asmoneos, y tras expulsar a los invasores ostentaron el poder político, fundando una dinastía. Entonces fue tomado el título de sumo s., en griego archiereús, con lo que se significaba la acumulación de poderes en el s., 1 M 10, 20-21; 13, 41-42. Con esto, la dignidad del sumo sacerdocio se convirtió en objeto de codicia, de intrigas, de luchas por el poder, llegando a extremos criminales, como el asesinato, 2 M 4, 32. Bajo el dominio romano, el sumo s., fue reconocido por los dominadores como representante del poder local, y era el presidente del sanedrín. Esta situación a que llegó el sacerdocio fue denunciada por los profetas, como Malaquías, quien anunció la purificación de los levitas, Ml 2, 1-9; 3, 3.
En el N. T. Jesús no ejerció funciones sacerdotales, pues era de la tribu de Judá, no de la de Leví. Su función fue profética, antes que sacerdotal. Así, criticó a los sacerdotes de su tiempo y tuvo por esto malas relaciones con ellos, que intervinieron en su proceso de condena a muerte. Sin embargo, Jesús en la última cena cambió todo el ritual sacerdotal antiguo; lo mismo que su pasión y muerte, que fue en la Pascua, cuando se sacrificaba el cordero, y Jesús, como dice Pablo, es “nuestro cordero pascual”, 1 Co 5, 7; y Pedro lo llama el “cordero sin mancha”, 1 P 1, 19.
Es decir Jesús con su sacrificio se convirtió en el Sumo Sacerdote de la Nueva Alianza para siempre; está unido íntimamente a Dios y a los hombres, es el mediador perfecto, “Por eso tuvo que asemejarse en todo a sus hermanos, para ser sumo s. misericordioso y fiel en lo que toca a Dios, y expiar los pecados del pueblo. Pues habiendo pasado él la prueba del sufrimiento, puede ayudar a los que la están pasando”, Hb 2, 17-18.
La ofrenda de Jesús en la cruz tiene valor de sacrificio de consagración como único sacerdote, de expiación y de alianza. Con esto quedan superados los ritos antiguos, pues el suyo es el único y verdadero sacrificio, por lo que Cristo es el único mediador entre Dios y los hombres, y el único sacerdote, 1 Tm 2, 5.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.