Jezabel
nombre femenino. 1. Hija de Itobaal, sacerdote de Astarté, quien usurpó el trono de los sidonios, en Tiro, al tiempo que lo hacía Omrí en el reino de Israel. Estos dos usurpadores entablaron relaciones fortalecidas por la alianza matrimonial de J., hija del primero y del rey Ajab de Israel, hijo del segundo, quien reinó del 874 al 853 a. C. A Ajab no le bastó continuar con las costumbres religiosas de su antepasado Jeroboam, sino que, bajo el influjo de su mujer J., edificó un santuario a Baal, en Samaría, la capital del reino, 1 R 16, 29-32; 21, 25-26. J. quiso exterminar los profetas de Yahvéh, de los cuales salvó cien Abdías, escondiéndolos en una cueva, 2 R 18, 4. J. había llevado de Tiro cuatrocientos cincuenta profetas de Aserá, a los cuales ella mantenía, y que el profeta Elías degolló en el torrente de Quisón, tras el juicio de Dios en el monte Carmelo, 1 R 18, 19 y 40. Cuando J. supo por su esposo, el rey Ajab, lo que había hecho Elías con los profetas de Baal, mandó decir a Elías que lo mataría, y el profeta debió huir, 1 R 19, 1-3. J. hizo que su esposo, el rey Ajab, cometiera un crimen de sangre. Nabat tenía una viña junto al palacio de Ajab, en Yisreel, por la que el rey le ofreció una suma de dinero u otra viña mejor a cambio. Como el campo era herencia de familia, Nabat se negó. J., entonces, mediante cartas a los ancianos de la ciudad acusó a Nabat de haber blasfemado contra Dios y contra el rey, para lo cual presentó los dos testigos de ley, pero venales, tras lo cual el hombre fue condenado a muerte y lapidado fuera de la ciudad. Ajab tomó, de esta manera, posesión de la viña de Nabat, 1 R 21, 1-16.
El profeta Elías fue enviado a Ajab por Yahvéh y le dijo: “En el mismo lugar donde los perros han lamido la sangre de Nabat, lamerán también los perros tu propia sangre”, así como que su casa y toda su descendencia serían barridas de la tierra. De J. dijo, también, el profeta Elías que moriría y los perros la devorarían en el campo de Yisreel, 1 R 21, 17-23.
Elías envió a uno de los discípulos de los profetas donde Jehú jefe del ejército de Ajab, quien se encontraba en Ramot de Galaad, para ungirlo rey de Israel, a quien le dijo, de parte de Yahvéh: “Te unjo rey del pueblo de Yahvéh, de Israel. Derrotarás a la casa de Ajab, tu señor. Así vengaré sobre J. la sangre de mis siervos los profetas y la sangre de todos los siervos de Yahvéh. Y a J. la comerán los perros en el campo de Yisreel, sin que nadie la entierre”, 2 R 9, 4-10. Jehú asesinó al rey Ajab, usurpó el trono de Israel y se fue a Yisreel, donde estaba J. en el balcón del palacio con los eunucos, quienes a la señal de Juhú la arrojaron de allí y los caballos la pisotearon.
Jehú entró a comer y al cabo de un rato, envió a que enterraran a J., pues era hija de rey. Sin embargo, sólo encontraron el cráneo, los pies y las palmas de las manos, con lo que se cumplió lo dicho por el profeta Elías, 2 R 9, 30-37. 2. Falsa profetisa, de la secta de los nicolaítas, que engañaba e incitaba a los fieles de la Iglesia de Tiatira, ciudad asiática, a la fornicación; a ella y a sus seguidores se les anuncia la muerte, si no se arrepienten, Ap 2, 20-24.
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