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Romanos 12

Nuevo Testamento (AFM 1995)

1Os ruego, pues, hermanos, por la misericordia de Dios, que ofrezcáis vuestros cuerpos como hostia viva, santa, agradable a Dios, como obediencia racional.

2Y no os acomodéis a este mundo, sino transformaos por la renovación de la mente, de modo que podáis discernir cuál es la voluntad de Dios; esto es, lo bueno, lo agradable, lo perfecto.

3En virtud de la gracia que me ha sido dada, os digo a cada uno de vosotros: no gustéis lo que está más allá de lo conveniente, sino gustad de la sobriedad, según la medida de fe que Dios repartió a cada cual.

4Pues así como en un solo cuerpo tenemos muchos miembros, aunque no todos tienen la misma función,

5así también, siendo muchos, somos un solo cuerpo en Cristo, y miembros todos unos de otros.

6Por esto tenemos dones diferentes, según la gracia que se nos ha concedido: ya sea el don de profecía, conforme a la medida de la fe;

7o el de ministerio, para servir; o al que enseña, el de enseñar;

8o al que exhorta, el de exhortar; quien reparte, hágalo con sencillez; quien preside, con solicitud; y quien ejerce la misericordia, con alegría.

9La caridad sea sincera, aborreciendo el mal y adhiriéndonos al bien;

10amándoos unos a otros con amor fraterno, anticipándoos mutuamente en conceder honor.

11Con solicitud por el deber, no seáis perezosos; antes, fervorosos de espíritu, sirviendo al Señor.

12Alegres en la esperanza, pacientes en la tribulación, constantes en la oración;

13compartiendo las necesidades de los santos, fomentando la hospitalidad.

14Bendecid a los que os persiguen: bendecid, y no maldigáis.

15Gozaos con los que se gozan, llorad con los que lloran.

16Tened un mismo sentir entre vosotros, no gustando lo que es ostentoso, sino sintiendo con los humildes. No seáis cautelosos a vuestros ojos.

17A nadie devolváis mal por mal: haced el bien a la vista de todos los hombres.

18Si es posible, y en cuanto de vosotros dependa, tened paz con todos los hombres.

19Queridos, no os toméis la justicia por vuestra cuenta, sino dad lugar a la ira (de Dios), pues está escrito: «Mía es la venganza; yo daré el pago merecido», dice el Señor.

20Pero si tu enemigo tiene hambre, dale de comer; si tiene sed, dale de beber. Si haces esto, amontonarás ascuas de fuego sobre su cabeza.

21No te dejes vencer por el mal; antes bien, vence el mal con el bien.

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