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Mateo 11

Nuevo Testamento (AFM 1995)

1Y sucedió que después de haber terminado de dar Jesús estas instrucciones a sus doce discípulos, partió de allí para enseñar y predicar en sus ciudades.

2Mientras tanto, Juan que había tenido en la prisión noticias de las obras de Cristo, envió a sus discípulos

3a preguntarle: «¿Eres tú el que ha de venir o esperamos a otro?»

4Jesús les respondió: «Id y contad a Juan lo que habéis oído y visto:

5los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan y los pobres son evangelizados;

6y bienaventurado aquel que no se escandalice de mí».

7Cuando ellos se marcharon, comenzó Jesús a hablar de Juan a la muchedumbre: «¿Qué salisteis a ver en el desierto? ¿Una caña agitada por el viento?

8¿Qué salisteis a ver, si no? ¿Un hombre vestido con ropajes lujosos? Los que visten ropajes lujosos están en los palacios de los reyes.

9¿Entonces qué salisteis a ver? ¿Un profeta? Sí, yo os lo aseguro, y más que profeta.

10Este es de quien está escrito: “He aquí que yo envío a mi mensajero para que te preceda, el cual preparará tu camino delante de ti”.

11En verdad os digo: no ha surgido entre los hijos de mujer nadie mayor que Juan el Bautista, pero el menor en el reino de los cielos es mayor que él.

12Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos padece violencia y los esforzados lo arrebatan.

13Porque todos los Profetas y la Ley han profetizado hasta Juan.

14Y si queréis comprenderlo, él es Elías, el que ha de venir.

15Quien tenga oídos, que oiga».

16«¿Con quién compararé a esta generación? Se parece a esos niños que, sentados en las plazas, se gritan unos a otros, diciendo:

17“Os hemos tocado la flauta y no habéis bailado, hemos entonado lamentaciones y no habéis llorado”.

18Porque ha venido Juan, que no come ni bebe, y dicen: “Tiene un demonio”.

19Ha venido el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: “Mirad un hombre comilón y bebedor, amigo de publicanos y pecadores”. Y la sabiduría se justifica por sus obras».

20Comenzó entonces a reprochar a las ciudades en las que se había realizado la mayoría de sus milagros, porque no habían hecho penitencia:

21«¡Ay de ti, Corozaín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran realizado los milagros que se hicieron en vosotras, hace tiempo que en saco y ceniza hubieran hecho penitencia.

22Por esto os digo: en el día del juicio habrá menos rigor para Tiro y Sidón que para vosotras.

23Y tú, Cafarnaúm, ¿acaso serás elevada hasta el cielo? ¡Hasta el infierno te hundirás! Porque si en Sodoma se hubieran hecho los milagros realizados en ti, subsistiría hasta el día de hoy.

24Por eso os digo que en el día del juicio habrá menos rigor para Sodoma que para ti».

25En aquel tiempo, exclamó Jesús y dijo: «Yo te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a los sabios y prudentes y las has revelado a los pequeños.

26Sí, Padre, porque así lo has querido.

27Todas las cosas me han sido entregadas por mi Padre; y nadie conoce al Hijo sino el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo quiera revelárselo.

28Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, que yo os aliviaré.

29Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas.

30Pues mi yugo es suave y mi carga ligera».

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