Mateo 10
Nuevo Testamento (AFM 1995) ›1Y llamando a sus doce discípulos, les dio poder sobre los espíritus inmundos para expulsarlos, y para curar toda enfermedad y toda dolencia.
2Los nombres de los doce Apóstoles son estos: el primero, Simón, llamado Pedro, y Andrés, su hermano; Santiago, el de Zebedeo, y Juan, su hermano;
3Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo, el publicano; Santiago, el de Alfeo, y Tadeo,
4Simón el Cananeo, y Judas el Iscariote, el que lo entregó.
5A estos Doce los envió Jesús advirtiéndoles: «No vayáis a tierra de gentiles, ni entréis en ciudad de samaritanos,
6sino id más bien a las ovejas perdidas de la casa de Israel.
7Id y predicad, diciendo: “El reino de los cielos está al llegar”.
8Curad a los enfermos resucitad a los muertos, limpiad a los leprosos, expulsad a los demonios: gratis lo recibisteis, dadlo gratis.
9No llevéis oro ni plata, ni dinero en vuestras fajas;
10ni alforjas para el camino, ni dos túnicas, ni zapatos, ni bastón, porque el obrero merece su sustento.
11En cualquier ciudad o aldea en que entréis, informaos sobre quién hay en ella digno, y quedaos allí hasta que salgáis.
12Al entrar en la casa, saludadla,
13y si la casa es digna, descienda sobre ella vuestra paz; pero si no es digna, vuestra paz revierta sobre vosotros.
14Si no se os recibe ni se escuchan vuestras palabras, al salir fuera de aquella casa o ciudad, sacudid el polvo de vuestros pies.
15Os lo aseguro: en el día del juicio habrá más tolerancia para la tierra de Sodoma y Gomorra que para esa ciudad.
16Mirad que os envío como ovejas en medio de lobos. Sed, pues, prudentes como serpientes y sencillos como palomas.
17Guardaos de los hombres, porque os entregarán a los tribunales y os azotarán en sus sinagogas,
18y por mi causa seréis conducidos ante gobernadores y reyes, para dar testimonio ante ellos y los gentiles.
19Pero cuando os entreguen, no os preocupéis de cómo o qué habéis de hablar, porque se os dará en aquella hora lo que habéis de decir.
20Pues no sois vosotros los que habláis, sino el Espíritu de vuestro Padre el que habla en vosotros.
21El hermano entregará a su hermano a la muerte, y el padre a su hijo; y se levantarán los hijos contra los padres para hacerlos morir.
22Y seréis odiados por todos a causa de mi nombre; pero quien persevere hasta el fin, ese se salvará.
23Cuando os persigan en una ciudad, huid a otra. En verdad os digo: no acabaréis las ciudades de Israel antes que venga el Hijo del hombre.
24El discípulo no está por encima de su maestro, ni el siervo por encima de su señor.
25Al discípulo le basta llegar a ser como su maestro y al siervo como su señor. Si al padre de familia han llamado Beelzebul, cuánto más dirán de los de su casa.
26No los temáis, pues nada hay oculto que no vaya a manifestarse, ni secreto que no llegue a conocerse.
27Lo que os digo en la oscuridad, decidlo a la luz, y lo que oís al oído, pregonadlo sobre los terrados.
28No temáis a los que matan el cuerpo pero no pueden matar el alma; temed sobre todo al que puede arrojar el alma y el cuerpo en el infierno.
29¿No se venden dos pájaros por un as? Y a pesar de esto ni uno de ellos cae en tierra sin que lo permita vuestro Padre.
30En cuanto a vosotros, hasta los cabellos de vuestra cabeza están todos contados.
31Por tanto, no temáis; vosotros valéis más que muchos pajarillos.
32A todo el que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos;
33pero a quien me niegue delante de los hombres, yo también le negaré delante de mi Padre que está en los cielos.
34No penséis que he venido a traer paz a la tierra; no vine a traer paz, sino espada.
35Pues he venido a enfrentar al hombre contra su padre, a la hija contra su madre, a la nuera contra su suegra;
36y los enemigos del hombre serán los de su propia casa.
37Quien ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; y quien ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí;
38y quien no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí.
39Quien encuentre su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mí, la encontrará.
40Quien a vosotros recibe, a mí me recibe; y quien me recibe a mí, recibe al que me ha enviado.
41Quien recibe a un profeta por ser profeta, recibirá recompensa de profeta; y quien recibe a un justo por ser justo, recibirá recompensa de justo.
42Cualquiera que dé de beber a uno de estos pequeños un vaso de agua fresca tan solo por ser discípulo, os lo aseguro: no perderá su recompensa».