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Apocalipsis 7

Nuevo Testamento (AFM 1995)

1Después de esto vi a cuatro ángeles en pie sobre los cuatro ángulos de la tierra, sujetando los cuatro vientos de la tierra, para que no soplara el viento sobre la tierra, ni sobre el mar, ni sobre árbol alguno.

2Luego vi a otro ángel que subía del Oriente, portando el sello del Dios vivo; y gritó con voz potente a los cuatro ángeles a quienes se les había encomendado dañar a la tierra y al mar,

3diciendo: «No hagáis daño ni a la tierra ni al mar ni a los árboles, hasta que sellemos en la frente a los siervos de nuestro Dios».

4Y oí el número de los sellados: ciento cuarenta y cuatro mil sellados de todas las tribus de Israel:

5de la tribu de Judá, doce mil sellados; de la tribu de Rubén, doce mil sellados; de la tribu de Gad, doce mil sellados;

6de la tribu de Aser, doce mil sellados; de la tribu de Neftalí, doce mil sellados; de la tribu de Manasés, doce mil sellados;

7de la tribu de Simeón, doce mil sellados; de la tribu de Leví, doce mil sellados; de la tribu de Isacar, doce mil sellados;

8de la tribu de Zabulón, doce mil sellados; de la tribu de José, doce mil sellados; de la tribu de Benjamín, doce mil sellados.

9Después de esto vi una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de toda nación, raza, pueblo y lengua, que estaba en pie ante el trono y en presencia del Cordero, vestidos con túnicas blancas y palmas en sus manos,

10y clamaban con fuerte voz, diciendo: «La salud a nuestro Dios, que está sentado en el trono, y al Cordero».

11Todos los ángeles que estaban en pie alrededor del trono, de los ancianos y de los cuatro animales, se postraron ante el trono y adoraron a Dios,

12diciendo: «¡Amén! La bendición, la gloria, la sabiduría, la acción de gracias, el honor, el poder y la fuerza a nuestro Dios por los siglos de los siglos. Amén».

13Y habló uno de los ancianos y me preguntó: «Estos que están vestidos con túnicas blancas, ¿quiénes son y de dónde han venido?»

14Y le dije: «Señor mío, tú lo sabes». El me respondió: «Estos son los que vienen de la gran tribulación, y lavaron sus estolas y las han blanqueado en la sangre del Cordero.

15Por eso están ante el trono de Dios, y día y noche le sirven en su templo; y el que está sentado en el trono morará entre ellos.

16Ya nunca más tendrán hambre ni sed, ni caerá sobre ellos el sol ni calor sofocante alguno,

17porque el Cordero que está en medio del trono los apacentará y conducirá a las fuentes de las aguas de la vida. Y enjugará Dios toda lágrima de sus ojos».

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