Apocalipsis 14
Nuevo Testamento (AFM 1995) ›1Vi entonces al Cordero puesto en pie sobre el monte Sión, y con él a ciento cuarenta y cuatro mil que tenían escritos en sus frentes su nombre y el nombre de su Padre.
2Y oí una voz del cielo, como voz de muchas aguas y como voz de un gran trueno; y la voz que oí era como la de los citaristas cuando tocan sus cítaras.
3Cantaban como un cántico nuevo delante del trono y delante de los cuatro animales y de los ancianos. Nadie podía aprender el cántico, sino aquellos ciento cuarenta y cuatro mil que han sido rescatados de la tierra.
4Son estos los que no se han contaminado con mujeres, pues son vírgenes. Estos siguen al Cordero adonde vaya. Han sido rescatados de entre los hombres como primicias para Dios y para el Cordero,
5y en su boca no se encontró mentira: están sin mancha.
6Vi luego a otro ángel volando por lo alto del cielo, que tenía un evangelio eterno para evangelizar a los habitantes de la tierra, a toda nación y tribu y lengua y pueblo.
7Decía con voz potente: «Temed a Dios y dadle gloria, porque llega la hora de su juicio; adorad al que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas».
8Un segundo ángel lo siguió, diciendo: «¡Cayó, cayó Babilonia la grande, la que dio de beber a todos los pueblos el vino de su fornicación!»
9Un tercer ángel los siguió, diciendo con voz potente: «Si alguno adora a la bestia y a su imagen, y recibe la marca en su frente o en su mano,
10beberá también él del vino de la ira de Dios, que está mezclado con el vino puro del cáliz de su cólera; será atormentado con fuego y azufre en presencia de los santos ángeles y ante el Cordero.
11El humo de sus tormentos asciende por los siglos de los siglos, y no tienen descanso de día ni de noche quienes adoran la bestia y su imagen, los que reciben la marca de su nombre.
12En esto consiste la paciencia de los santos, los que observan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús.
13Oí luego una voz procedente del cielo, que decía: «Escribe: Bienaventurados los muertos que mueren en el Señor. Desde ahora, sí, dice el Espíritu, que descansen de sus fatigas, pues sus obras los acompañan».
14Vi entonces una nube brillante, y sentado sobre la nube uno como Hijo de hombre, el cual tenía sobre su cabeza una corona de oro y en su mano una hoz afilada.
15Salió después otro ángel del templo, gritando con voz poderosa al que estaba sentado sobre la nube: «Mete tu hoz y siega, pues llegó la hora de segar: la mies de la tierra está en sazón».
16Y el que estaba sentado en la nube metió su hoz en la tierra, y la tierra quedó segada.
17Luego salió otro ángel del templo que está en el cielo, portando él también una hoz afilada.
18Y salió del altar otro ángel, que tiene poder sobre el fuego, y gritó con voz potente al que tenía la hoz afilada: «Mete tu hoz afilada y recoge los racimos de la viña de la tierra, porque las uvas están maduras».
19Metió el ángel la hoz afilada y vendimió la viña de la tierra, y la arrojó en el gran lagar de la ira de Dios.
20El lagar fue pisado fuera de la ciudad, y salió del lagar sangre hasta la altura de las bridas de los caballos, en una extensión de mil seiscientos estadios.