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2 Timoteo 2

Nuevo Testamento (AFM 1995)

1Tú, por tanto, hijo mío, permanece fuerte en la gracia de Cristo Jesús;

2y lo que oíste de mí ante muchos testigos, confíalo a hombres fieles, que sean capaces a su vez de enseñar a otros.

3Trabaja conmigo como un buen soldado de Cristo Jesús.

4Nadie que se alista en el ejército se entrega a los negocios de la vida si desea complacer a quien lo reclutó,

5así como no es coronado quien lucha cuerpo a cuerpo si no ha competido legítimamente.

6El labrador que trabaja ha de ser el primero en percibir los frutos.

7Entiende lo que digo, pues el Señor te dará inteligencia para todo.

8Acuérdate de Jesucristo, resucitado de entre los muertos, descendiente de David, según mi Evangelio.

9Por él padezco hasta verme entre cadenas, como un malhechor; pero la palabra de Dios no está encadenada.

10Por eso, todo lo soporto por los elegidos, para que también ellos alcancen la salvación que está en Cristo Jesús, junto con la gloria eterna.

11Digna de crédito es esta palabra: si hemos muerto con él, también con él viviremos;

12si nos mantenemos firmes, también con él reinaremos; si lo negamos, él también nos negará a nosotros;

13si somos infieles, él permanece fiel, pues no puede negarse a sí mismo.

14Estas cosas has de enseñar, conjurando ante Dios que se eviten las discusiones, que para nada sirven si no es para perdición de los oyentes.

15Procura con esmero presentarte ante Dios como digno de aprobación, obrero que no tiene de qué avergonzarse, que enseña rectamente la palabra de la verdad.

16Evita las conversaciones inútiles y profanas, pues los que se dan a ellas avanzan cada vez más en la impiedad,

17y su palabra se extiende como un cáncer. De estos son Himeneo y Fileto,

18que se desviaron de la verdad diciendo que la resurrección ya se ha realizado, y pervierten la fe de algunos.

19Pero el sólido fundamento de Dios se mantiene firme, marcado con este sello: Conoció el Señor a los que son suyos; y: Apártese de la iniquidad todo el que pronuncia el nombre del Señor.

20En una casa grande no solo hay vasos de oro y plata, sino que los hay también de madera y barro: unos son para usos nobles y otros para usos vulgares.

21Por tanto, si alguno se purifica de estas cosas, será vaso de honor, santificado, útil para el Señor, preparado para toda obra buena.

22Huye de las pasiones juveniles, y sigue en cambio la justicia, la fe, la caridad, la paz con aquellos que invocan al Señor con un corazón puro.

23Evita las discusiones necias y estúpidas, pues sabes que degeneran en altercados.

24No es propio del siervo del Señor el altercar, sino el ser manso con todos, apto para enseñar, sufrido,

25y que sepa corregir con dulzura a los rebeldes, por si Dios les concede la conversión que les lleve a conocer la verdad

26y por si se deshacen del lazo del diablo, que los tiene cautivos y sujetos a su voluntad.

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