2 Corintios 4
Nuevo Testamento (AFM 1995) ›1Por esto, teniendo este ministerio, según la misericordia de que fuimos objeto, no desfallecemos,
2sino que hemos repudiado lo que se calla por vergüenza, no procediendo con astucia ni adulterando la palabra de Dios; al contrario, mediante la manifestación de la verdad, nos recomendamos a nosotros mismos a toda humana conciencia delante de Dios.
3Que si todavía queda velado nuestro Evangelio, para los que se pierden está velado,
4para los incrédulos, cuyas inteligencias cegó el dios de este mundo, para que no vean brillar el resplandor del Evangelio de la gloria de Cristo, que es imagen de Dios.
5Pues no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Cristo Jesús, el Señor, y nosotros solo servidores vuestros por Jesús.
6Pues el mismo Dios que dijo: «De las tinieblas brille la luz», es el que hizo brillar la luz en nuestros corazones, para que irradien el conocimiento de la gloria de Dios que está en el rostro de Cristo.
7Pero llevamos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia sea del poder de Dios, y no parezca nuestra.
8Atribulados en todo, pero no angustiados; perplejos, pero no desconcertados;
9perseguidos, pero no abandonados; derribados, pero no destruidos.
10Llevamos siempre y por todas partes en el cuerpo la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo.
11Pues nosotros, los que vivimos, estamos de continuo entregados a la muerte por causa de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal.
12De modo que la muerte obra en nosotros; en vosotros, en cambio, la vida.
13Teniendo, sin embargo, el mismo espíritu de fe, según lo que está escrito: «Creí, por eso hablé», también nosotros creemos y por eso también hablamos;
14sabiendo que el que resucitó al Señor Jesús, también con Jesús nos resucitará y nos presentará con él, junto con vosotros.
15Pues todo es por vosotros, para que, abundando la gracia, se acrecienten las acciones de gracias para gloria de Dios.
16Por lo cual no desmayamos, sino que aunque se corrompa nuestro hombre exterior, nuestro hombre interior se renueva de día en día.
17En efecto, la leve tribulación del momento nos produce, sobre toda medida, un peso eterno de gloria,
18a cuantos no contemplamos las cosas visibles, sino las invisibles; pues las cosas que se ven son temporales, mas las que no se ven son eternas.