1 Pedro 3
Nuevo Testamento (AFM 1995) ›1Las mujeres sean asimismo sumisas a sus maridos, para que si algunos no creen en la palabra, sean ganados sin palabras por la conducta de la mujer,
2al considerar su casto y respetuoso comportamiento.
3El adorno de ellas no sea externo, hecho de peinados, joyas y modos de vestir,
4porque el hombre humilde de corazón, de incorruptible mansedumbre y ánimo sereno, ese es el rico a la vista de Dios.
5Así se adornaban en el pasado las santas mujeres que esperaban en Dios y eran obedientes a sus maridos,
6como Sara, que obedeció a Abraham y le llamó Señor. De ella sois hijas vosotras, si hacéis el bien y no teméis ninguna perturbación.
7De igual modo, los maridos actúen en la vida en común con buen sentido, tributándoles honor como a delicado vaso que es la mujer, como a coherederas que son también de la vida de la gracia, de manera que lleguen a término vuestras oraciones.
8Por último, manteneos todos unidos: compasivos, fraternales, misericordiosos, humildes,
9no devolviendo mal por mal ni insulto por insulto, antes bien, bendiciendo siempre, porque para esto fuisteis llamados: para recibir en herencia la bendición.
10Pues quien desee amar la vida y ver días felices, guarde su lengua del mal y sus labios no pronuncien engaño.
11Aléjese del mal y obre el bien; busque la paz y corra tras ella.
12Porque los ojos del Señor están sobre los justos, y sus oídos atentos a sus oraciones; pero el rostro del Señor rechaza a los que obran el mal.
13Y ¿quién os hará mal si sois celosos del bien?
14No obstante, aunque sufráis por la justicia, dichosos vosotros. No os atemoricéis por temor a ellos, ni os turbéis.
15Por el contrario, glorificad a Cristo Señor en vuestros corazones, siempre dispuestos a responder a todo el que os pida razón de vuestra esperanza.
16Pero con suavidad y respeto, procediendo siempre con buena conciencia, para que, en lo mismo que sois calumniados, queden confundidos los que critican vuestra buena conducta en Cristo.
17Mejor es padecer por hacer el bien, si Dios así lo quiere, que por hacer el mal.
18Porque también Cristo murió una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, a fin de reconciliarnos con Dios: muerto en la carne, vivificado según el Espíritu.
19En Él también fue a anunciar la salvación a los espíritus que permanecían en prisión,
20a aquellos que habían sido incrédulos en otro tiempo, cuando en los días de Noé la paciencia de Dios estaba como a la expectativa mientras se construía el arca, en la cual unos pocos, esto es, ocho personas, se salvaron en medio del agua.
21De esta es figura el bautismo, que ahora os salva a vosotros, que no consiste en quitar la suciedad del cuerpo, sino en la petición a Dios de una conciencia pura por medio de la resurrección de Jesucristo,
22que está a la derecha de Dios, una vez que se fue al cielo y se le sometieron los Ángeles, las Potestades y las Virtudes.