Mateo 15
La Buena Noticia - Felipe de Fuenterrabía (NT) ›1Las tradiciones de los fariseos y la ley de Dios. Después de esto se llegaron a Jesús unos escribas y fariseos que habían venido de Jerusalén y le preguntaron:
2¿Por qué tus discípulos no guardan las tradiciones de los antiguos doctores de la ley? ¿Por qué no se lavan las manos cuando van a comer?
3Y vosotros, les replicó Jesús, ¿por qué quebrantáis los mandamientos de Dios por seguir vuestras tradiciones?
4Porque Dios ha dicho: Honra a tu padre y a tu madre; y el que maldiga a su padre o a su madre, que muera sin compasión.
5Pero vosotros decís: El que dice a su padre o a su madre: «He ofrecido ya para el templo los bienes con que os podría ayudar»,
6ya no está obligado a socorrerlos. Con eso, por seguir vuestras tradiciones, quitáis todo su valor al mandamiento impuesto por Dios.
7¡Hipócritas! Ya profetizó bien vuestra conducta Isaías cuando dijo:
8Este pueblo me alaba con los labios; y está lejos de mí su corazón.
9No vale nada el culto que me rinden; la doctrina que enseñan mandamientos son de hombres, nada más.
10Y, reuniendo a la gente a su alrededor, les dijo: Escuchad y entended lo que voy a decir.
11No lo que entra por la boca mancha al hombre; lo que lo contamina es aquello que sale de la boca.
12Se le acercaron luego sus discípulos para advertirle: ¿Sabes que los fariseos se han escandalizado al oír tus palabras?
13Y él les respondió: Toda planta que no ha sido plantada por mi Padre celestial, será arrancada de cuajo.
14No les hagáis caso; son ciegos y guías de ciegos. Si un ciego guía a otro ciego, ambos caerán en la hoya.
15Tomando Pedro la palabra, le dijo: Explícanos esa parábola.
16¿También vosotros, exclamó Jesús, estáis todavía sin entender?
17¿No comprendéis que lo que entra por la boca pasa al vientre y termina en la cloaca?
18Pero lo que sale de la boca procede del corazón, y eso es lo que hace impuro al hombre.
19Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los robos, los falsos testimonios y las blasfemias.
20Todo eso es lo que contamina al hombre; pero el comer sin haberse lavado las manos no mancha al hombre. La fe de la mujer cananea.
21Y, saliendo de allí, se retiró Jesús a la tierra de Tiro y de Sidón.
22Una mujer cananea, que era de aquel país, comenzó de pronto a gritar: Señor, Hijo de David, ten piedad de mí; mi hija es atrozmente atormentada por el demonio.
23Pero Jesús no le contestó palabra. Y se llegaron a él sus discípulos, suplicándole: Despídela porque viene gritando detrás de nosotros.
24Jesús respondió: No me ha enviado Dios sino a las ovejas descarriadas del pueblo de Israel.
25Pero ella vino a postrarse ante él, exclamando: ¡Señor, socórreme!
26No está bien, contestó Jesús, tomar el pan de los hijos y arrojarlo a los perros.
27Ella repuso: Cierto, Señor; pero también los perros comen las migajas que caen de la mesa de sus amos.
28Entonces Jesús, dirigiéndose a ella, exclamó: ¡Mujer, grande es tu fe! Sea como tú deseas. Y en aquel mismo momento su hija recobró la salud. Curaciones junto al mar de Galilea.
29De allí vino Jesús por la orilla del mar de Galilea y, subiéndose a una montaña, estuvo allí sentado enseñando.
30Se le acercó mucha gente, trayendo consigo cojos, mancos, ciegos, sordos y otros muchos enfermos, que iban dejando ante él; y él devolvió la salud a todos.
31La muchedumbre se llenaba de admiración, viendo que los mudos hablaban, los mancos quedaban sanos, los cojos podían andar y los ciegos ver; y prorrumpían en alabanzas al Dios de Israel. Segunda multiplicación de los panes.
32Reunió Jesús a sus discípulos y les dijo: Tengo compasión de la gente, porque son ya tres días los que llevan en mi compañía y no tienen nada para comer; y no quiero que se marchen sin tomar nada, porque quedarán extenuados por el camino.
33Sus discípulos le dijeron: ¿Cómo vamos a encontrar en este desierto el pan que necesitamos para dar de comer a tanta gente?
34Preguntóles Jesús: ¿Cuántos panes tenéis? Y le contestaron: Siete panes y unos pocos peces.
35Dio Jesús orden de que se sentara la gente en el suelo;
36tomó los siete panes y los peces; rezó la bendición, los partió y los dio a los discípulos, quienes lo fueron repartiendo a la gente.
37Y comieron todos hasta quedar satisfechos, llenando luego siete cestas con los pedazos que habían sobrado.
38Los que habían comido llegaban a cuatro mil hombres sin contar las mujeres y los niños.
39Y, después de haber despedido a la gente, entró en la barca y vino a la tierra de Magadán.